Carlos Berzosa
La muerte de Franco hace 50 años no supuso la llegada de la democracia, pero fue un gran alivio a la vez que se abría una puerta a la esperanza de conseguir un sistema democrático. España era el único país de Europa occidental que seguía con una dictadura, pues la griega y la portuguesa habían caído en el año 1974. Con motivo de este cincuentenario se han escrito artículos, libros, se han dedicado monográficos de suplementos de periódicos, y se han hecho series y documentales de televisión. Aunque algunos se han centrado en hacer balance de estos 50 años, el objeto principal de los numerosos análisis ha sido el periodo de la transición a la democracia.
En concreto, con toda esa información que nos han proporcionado, se han tratado de esclarecer los pasos que se tuvieron que dar para lograr una Constitución que homologara nuestro país a las democracias europeas. El camino no fue fácil y se pusieron muchos palos en las ruedas por parte del bunker franquista y el terrorismo de ETA. En lo documentales y en las series que se han podido ver por televisión, hay unos que ponen como protagonista principal al Rey, otros destacan la labor de Suarez, y no faltan los que ponen el énfasis en los dos, así como en Torcuato Fernández Miranda. Se reduce la transición a tres protagonistas principales.
A mí, sin embargo, la que más me ha convencido ha sido la serie de seis capítulos con 60 minutos de duración ” La conquista de la democracia” emitidos en el canal dos de RTVE con la dirección intelectual de Nicolás Sartorius y realizado por seis directoras y directores de cine: Arantxa Aguirre, Ángeles González Sinde, Azucena Rodríguez, Imanol Uribe, Tania Balló, y Manuel Gutiérrez Aragón. La idea principal es que si bien el dictador murió en la cama, la dictadura murió en la calle. En efecto, fueron las grandes movilizaciones que tuvieron lugar desde 1975 lo que propició la llegada de la democracia. No pretendo con ello minusvalorar el papel que pudieron desempeñar el Rey, Suarez, y Fernández Miranda, pero ellos se vieron forzados a actuar ante las numerosas huelgas y manifestaciones que hubo. Unos acontecimientos que provocaron que bastante gente perdiera la vida, unas veces por disparos de la policía y en otras por la acción de la ultraderecha. De estos hechos dan cuenta algunos libros como el de Sánchez Soler La transición sangrienta (Península, 2010), y el de Sophie Baby El mito de la transición pacífica (Akal, 2018).
En muchas informaciones y documentales sobre la transición se trata de hurtar el protagonismo a quien verdaderamente lo tuvo: la movilización social. Las frecuentes manifestaciones y huelgas que tuvieron lugar en los comienzos del posfranquismo no se pueden entender sin todo lo que supuso la lucha antifranquista que se inició en la década de los cincuenta y que adquirió su apogeo en los sesenta y principios de los setenta. Por eso el acierto de haber comenzado la serie en el primer capítulo con todo lo que supusieron os movimientos sociales que se enfrentaron a la dictadura. Al morir Franco ya había una historia de enfrentamiento con el régimen y lo que vino después se intensificó, a la vez que fue el intento de evitar que éste perdurase. De hecho, es lo que se pretendió con la ratificación por parte del Rey de Arias Navarro como presidente de gobierno.
No se estrenaba nada bien la monarquía con un presidente de gobierno que fue el último de Franco. Se nombraron, sin embargo, tres ministros: Fraga Iribarne, de Gobernación, Garrigues Díaz-Cañabate en Justicia, y Areilza en Asuntos Exteriores, considerados como aperturistas. No se sabe muy bien en qué consistía esa apertura y a dónde querían llegar. La realidad es que fue un desastre este primer gobierno de la monarquía. No duró un año. A Fraga, que había sido ministro de Franco, determinados medios de comunicación lo presentaron como un reciclado a la democracia debido a su estancia en Londres como embajador de España en el Reino Unido. De hecho, se presentó en el aeropuerto de Barajas con un bombín y daba la impresión de que se ofrecía como el Karamanlis español, en mención al primer ministro griego que capitaneó el gobierno tras la caída de dictadura de los coroneles. Pero ante las movilizaciones que tuvieron lugar surgió el verdadero rostro autoritario de Fraga con una fuerte represión, que en muchas ocasiones causaron muertos y heridos, y hasta llegó a decir: ” La calles es mía”.
Como los hechos ponen de manifiesto el Rey no tuvo en principio ninguna voluntad de conseguir la democracia. El primer gobierno, bajo su mandato, no dio un paso en ese sentido. EL Tribunal de Orden Público siguió vigente hasta enero de 1977. No obstante, El Rey fue consciente de que la marea popular con las reivindicaciones de Libertad, Amnistía, y Estatuto de Autonomía, hacía peligrar la monarquía. Tenía el ejemplo de su abuelo y de su cuñado Constantino de Grecia que cayeron por apoyar a dictaduras. Resultaba claro que la monarquía no podría sobrevivir como dictadura y su único camino para su permanencia era la instauración de una monarquía parlamentaria. Nombró a Suarez como presidente de gobierno con el mandato de hacer factible el paso de la dictadura a la democracia. Este nombramiento resultó un jarro de agua para la oposición, pues no dejaba der ser un hombre del Movimiento. No obstante, fue una sorpresa, debido a que logró cumplir con el mandato recibido logrando los objetivos propuestos en un año. El último escollo que tuvo que superar fue la legalización del Partido Comunista de España.
En junio de 1977 se celebraban las primeras elecciones democráticas desde 1936. El Congreso salido de las urnas se convirtió en Constituyente. En octubre del 1978 se aprobó la Constitución por las Cortes, Congreso y Senado, que se ratificó por referéndum el 6 de diciembre. Comenzaba la andadura de la España democrática. Todo este proceso tuvo lugar en un contexto económico marcado por la crisis económica de los setenta. España fue un país de los más golpeados, que se tradujo en elevadas tasas de inflación y creciente aumento del paro. La grave situación económica hizo temer que se malograra la posibilidad de conseguir la democracia. En septiembre de 1977 se firmaron por los partidos principales con representación parlamentaria los Pactos de la Moncloa, con el fin de atajar los graves problemas que se padecían. Algún objetivo se consiguió como bajar la inflación, aunque en 1979 volvió a repuntar como consecuencia de la segunda subida de los precios del petróleo, pero otros se quedaron en papel mojado. La pregunta que surge es si hubo una transición económica que acompañara a la transición política. A esta pregunta trataré de responder en el siguiente artículo.

