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50años sin Franco 50 años de economía española y (3)

Carlos Berzosa

En los 50 años transcurridos desde la muerte de Franco la economía española ha logrado avances importantes y el nivel de vida para la mayoría de los ciudadanos ha mejorado significativamente. Ha habido fluctuaciones económicas que han supuesto avances, pero también retrocesos. La transición tuvo lugar dentro de una crisis que se había iniciado a finales de 1973, cuyo detonante fue la fuerte subida de los precios del petróleo, y la recuperación no comenzó hasta mediados de los años ochenta cuando gobernaba el PSOE. Desde entonces el crecimiento ha sido estimable, aunque interrumpido en periodos recesivos.

En este periodo, la economía ha tenido cambios y mejoras. EL PIB por habitante se ha duplicado, ha habido una apertura creciente hacia el exterior, que se manifiesta en la relación de Importaciones y exportaciones en porcentaje sobre el PIB, a la vez que varias empresas españolas se han internacionalizado. Se ha producido un cambio estructural con la reducción de la agricultura y la industria, mientras que los servicios (especialmente el turismo), se ha convertido en el motor esencial representando el 60% del PIB. El hito principal fue el ingreso de España en la CEE, entonces no se llamaba aún UE, hace 40 años, el 1 de enero de 1986. Un proceso de integración que trajo consigo muchos beneficios, pero que también generó costes.

Unos costes que venían derivados del modelo de crecimiento español y que eran resultado de los condicionantes que no fueron modificados en la transición ni después. Así el crecimiento de la economía española se ha basado en la construcción, el sistema financiero, y el turismo.  En menor medida en la industria y agricultura. Muchos retos no fueron abordados en los Pactos de la Moncloa como la necesidad de impulsar la I&D e innovación, un plan energético, que eliminase en parte la dependencia del petróleo, políticas de impulso a la industria, y mediombientales. De este modo, tenía lugar un modelo de crecimiento que aparcaba, el talento, el conocimiento y la capacidad de innovación a un segundo plano, y se apostaba por un sistema de ganancias rápidas y cómodas.

El elevado crecimiento del sector de la construcción tenía su razón de ser, como la necesidad de construir viviendas, resultado del crecimiento demográfico, pero sobre todo de la mayor renta de las familias que demandan mejores viviendas, y que adquieren en gran pare la segunda vivienda en el mar o la montaña. Así como la demanda que genera el turismo, los edificios para oficinas, hospitales, centros educativos y el incremento de obras públicas para mejorar y ampliar las infraestructuras de las carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos. 

Unas necesidades que, sin embargo, han traído aspectos muy negativos, como destrozos del medio ambiente, pelotazos urbanísticos, especulación, burbujas inmobiliarias, y corrupción. Aparte de despilfarros y derroches de construcciones sin ninguna utilidad. Todo esto ha generado una nueva clase de ricos, compuesta en muchos casos por comisionistas, conseguidores, intermediarios, especuladores y defraudadores, que han recibido la denominación errónea de empresarios, pues están muy alejados de la figura del empresario que Schumpeter lo vinculó a innovador.  Un modelo heredado del franquismo tal como señala Naredo, en el artículo ” Perspectivas y agotamiento del modelo inmobiliario español” (número 40 de Dossieres de Economistas sin Fronteras (EsF), invierno de 2021) y que culminó con la última burbuja inmobiliaria (1997-2007).

Todo ello ha traído consecuencias sobre el precio de venta y alquiler de la vivienda que se prioriza como inversión y no como un derecho. Por si fuera poco, un informe de Comisiones Obreras (mayo 2024) que recopila datos oficiales señala que mientras la población ha crecido un 36% desde 1975, se construye entre diez y veinte veces menos vivienda protegida que entonces. Si nos comparamos con países de nuestro entorno, en España hay aproximadamente el 3,4% de vivienda pública sobre el parque total de viviendas, frente al 9.3% de media en la Unión Europea. Se observa, con lo datos en la mano, que los diferentes gobiernos han cedido ante los intereses de la banca y el sector inmobiliario y que es lo que nos ha traído hasta aquí.  En suma, son varios los factores que explican la crisis de la vivienda actual, pero hay dos fundamentales la falta de vivienda social y la inexistencia de regulación del mercado.

En el número 40 de EsF, que ya he mencionado, y que coordiné con el título” Hacia la reorientación del modelo productivo de la economía española”, se pretende precisamente analizar el presente y plantear otra perspectiva para el futuro, que ofrezca alternativas al modelo económico vigente. La idea fundamental es que el crecimiento tal como se ha dado no es sostenible ecológicamente, ni en términos en los que se desenvuelve de desigualdad de renta, territorial y de género.  Cito en la introducción y presentación del número el Atlas de la industrialización en España, dirigido por Jordi Nadal, en el que se exponen los problemas a los que se enfrenta el sector industrial: “Hasta el comienzo del siglo XXI, que es cuando se acaba el estudio del Atlas, el crecimiento de la industria es elevado, si bien inferior al conjunto de la economía. Es a partir del año 2000 cuando empiezan a manifestarse dificultades para el avance de la producción industrial. La industria es muy sensible a las fluctuaciones cíclicas, avanzando con más rapidez en las fases expansivas y retrocediendo más en las depresivas. La acrecentada competencia internacional y un modelo de crecimiento orientado hacia las actividades de la construcción e inmobiliarias han limitado las posibilidades de desarrollo de las actividades industriales”. 

Se destacan también como problemas de la industria la escasa inversión en i& D; el tamaño de las empresas en algunas actividades tradicionales que sigue siendo insuficiente para competir con el exterior y para enfrentarse a la competencia dentro del propio país; los costes energéticos y otro servicios demandados por las empresas siguen siendo altos; la presencia extranjera, tan positiva en muchos aspectos, supone también un riesgo en cuanto al posible comportamiento de sus centros de decisión; y finalmente. el sector industrial está creando muy poco empleo estable desde hace años.

En definitiva, los 50 años sin Franco han logrado que se viva mucho mejor que en la época del dictador, pero el modelo de crecimiento ha tenido insuficiencias y limitaciones, por lo que hay que tratar de cambiar para mejorar y sentar unos pilares más sólidos que sustenten un desarrollo mas sostenible y justo, basado en el conocimiento y no en la especulación y la corrupción. La eliminación del Estado pesebre en el que, como pone de manifiesto Carlos Arenas, las oligarquías han parasitado las rentas públicas a lo largo de la historia económica de España y que por desgracia siguen presentes. Ante ello lo que se necesita es un Estado innovador, regulador, y de bienestar.

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