Escrito por 6:14 pm Economía

A la salida del despacho

Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria de la Caixa

Por José García Abad

En una charla inolvidable, tremendamente sincera, con Isidro Fainé le pregunté qué hacía fuera del trabajo. Esta fue su respuesta: ”Lo cierto es que el trabajo me absorbe y debería decir que fuera del trabajo lo que hago, buena parte de mi tiempo, es trabajar… Es fácil encontrarme en mi despacho de la Diagonal de Barcelona muchos sábados y domingos por la tarde. Pero también es cierto que dedico todo el tiempo posible a mi familia, mi esposa, mis hijos y mis nietos. Esos son de los mejores momentos para mí, los momentos de compartir y escuchar. Y aún, como creo en el proverbio irlandés que dice que cuando Dios hizo el tiempo, lo hizo de sobra, reservo espacio para leer y para pensar. Mucho más de lo que la gente piensa”.

Una de sus grandes aficiones es leer. Clásicos como El arte de la prudencia, de Baltasar Gracián, o la Ética a Nicómaco, de Aristóteles, una obra que en su opinión es de absoluta vigencia, porque a todos nos sigue interesando qué cualidades del carácter necesitamos potenciar para buscar la felicidad. En libros relacionados con la felicidad, le interesan autoras como Jane Austen. Las condiciones que la escritora británica consideraba claves para ser feliz las pudo encontrar en algunos de los mejores momentos de su vida, como cuando se incorporó a “la Caixa”. Sostiene que condiciones como tener un propósito común, compañerismo, respeto, moderación, buen humor, comunicación se convierten en guías para vivir. También disfruta con la música, especialmente la ópera. Acude al Liceo cuando su agenda se lo permite.

Otra de sus aficiones es el deporte en general, y, concretamente, el golf, que, a pesar de que puede ser muy competitivo, permite caminar al lado de la persona con la que juegas, a un ritmo humano y cercano. Disfruta con el futbol, el atletismo, el montañismo, el remo, el tenis, squash, petanca…

Fainé  significa que tienes que hacer faena

Isidro Fainé Casas nació en Manresa (Barcelona) el 10 de julio de 1942, ha cumplido pues 81 años. Tiene 8 hijos. Su padre empezó a trabajar de campesino y luego se colocó en una fundición en Barcelona. Fue obrero de mono sufriendo condiciones durísimas, aguantando un calor terrible de 40 grados. 

Sus padres dedicaron todo su esfuerzo a la educación de Isidro. Dicen que uno se cura de todo menos de su infancia y que es allí donde se obtienen las enseñanzas más valiosas. Le inculcaron cinco valores: esfuerzo, responsabilidad, honestidad, respeto y la importancia irrenunciable de la palabra dada, una virtud muy extendida entre los agricultores. 

Le recordaban una y otra vez el significado de su apellido Fainé que significa que tienes que hacer faena, una advertencia para cuando Isidro, de joven, les decía que le gustaba el santo de su nombre, Isidro, porque, cuando tuviera que labrar, serían los bueyes quienes trabajaran mientras él se dedicaba a leer tebeos. 

Cuenta que su padre le dio la cabeza y su madre algo más: el carácter y el corazón. Era un terremoto en el mejor sentido de la palabra y una negociante tremenda.  Su padre le daba buenos consejos. Le transmitió la calma y la paz. Le dio la cabeza, la reflexión, coraje, y la idea de servicio. De su madre sacó empuje, carácter, resistencia y capacidad de negociación. 

Sus padres no sabían ni leer ni escribir. No tenían formación, pero eran buenas personas y valoraban más ver en el hijo los valores que le inculcaron. De cómo lleva en su pecho la cruz de Caravaca a la que tiene devoción, a la que su madre le hacía rezar con unas oraciones que se aprendió de memoria. Le enseñaron que la felicidad está más en dar que en tener. 

Ambos fueron testigos de su éxito al que contribuyeron sacrificándose para que estudiara el bachillerato y su carrera universitaria que culminó como doctor en Económicas. Su tesis doctoral se la dedicó a su padre y su ingreso en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras a su madre. 

El éxito no consiste en la acumulación de dinero 

Isidro relativiza lo del éxito. Comparte la opinión del general Prim quien sostenía que el fracaso y el triunfo son dos impostores. Y desde luego el éxito no lo relaciona con la obtención de dinero. Para él el dinero no era lo más importante. Solo negoció su sueldo entró en la caja, pero nunca más. Cuando en 2016 le hicieron presidente de Gas Natural Fenosa les dijo a los consejeros: “Os voy a resultar muy barato.  Este nombramiento no añade ni un euro a mi salario. Yo he mantenido siempre el principio de recibir un solo sueldo, aunque ocupe muchos puestos”. Así lo hizo notar cuando en el año 99 le nombraron director general”. 

Sostiene que el triunfo o el fracaso lo verá al final de la vida cuando calibras la relación entre lo que uno aspiraba y lo que consigue.

Su modelo: Jesucristo

Después de su familia, las personas de las que más aprendió fueron sus compañeros en las distintas empresas donde trabajó, sobre todo quienes le precedieron en la presidencia de la Caixa, José Vilarasau y Ricardo Fornesa. En su despacho le acompañan las fotografías de su familia y de sus colaboradores más cercanos a lo largo de su trayectoria laboral. Su modelo: Jesucristo.  

La fuerte personalidad religiosa del presidente de la Fundación Bancaria de la Caixa no es en él una anécdota, digamos de su vida privada sino una categoría que da sentido a su vida y, por tanto, inspira su actividad profesional. Aunque puede chocar un tanto en comparación con las entrevistas convencionales, me pareció significativo explorar un terreno que para casi todos los dirigentes empresariales con los que he hablado es tabú.

Cuando un periodista del Financial Times le preguntó cuál era el modelo que le inspiraba, Fainé no tuvo empacho en declarar: “Jesucristo”. El periodista no lo publicó y Fainé entendió que hablar de estas cosas está mal visto. Que “hoy tienes que ser escéptico”.

Sobre el Opus Dei

En mi mente flotaba la idea de la pertenencia de Isidro Fainé al Opus Dei así que le pregunté por ello.

“Si se entiende por Opus Dei – matizó – procurar que con su trabajo se ayude a las personas encaja con lo que me ensañaron a rezar los jesuitas, el cura de Santa Coloma del Panadés. Cuando por primera vez oigo en esta parroquia que “una hora de trabajo es una hora de oración” lo acojo como la idea central de mi condición religiosa. No voy a reuniones ni nada parecido. Yo tengo un hijo que es del Opus. Lo que me interesa resaltar es qué me ha aportado a mí la religión, una aportación que para mí es revolucionaria. Le repito porque es la esencia de mi pensamiento: “una hora de trabajo es una hora de oración”. Son los mandamientos los que tienes que cumplir. Por desgracia hay que reconocer que todos hemos cometido errores. Cuando me encontré con el Santo Padre y me dijo “Yo podía ser uno de estos pobres”, me reafirmé en mi creencia. Dios es el trabajo y el servicio”. 

“En definitiva,- concluye –  al principio y al final de mi trayectoria lo que hay es una persona que ha intentado ser coherente con el niño que fui en Manresa. En el caso de mi actual dedicación a la Obra Social, puedo decir que existía una idea que emergió en mí hace muchos años, en esa niñez. Cuando con diez años me dirigía al colegio, tuve percepción de la miseria colectiva de muchas familias. Y en aquella época recuerdo que le pedí a Dios que algún día me permitiera ayudar a esas personas”. 

Con el papa Francisco

Fainé ha visitado varias veces al papa de quien piensa que  daría la vida por los demás”. En una de estas visitas que hizo en compañía del expresidente de Telefónica César Alierta, le llevó un librito en el que se conforta a los enfermos los que están en fase terminal, esperando la muerte, con lo que dicen para estos casos las distintas religiones, incluidos los ateos y vio como al papa se le caían las lágrimas. Era el día que había beatificado a la Madre Teresa de Calcuta.  La idea del libro la tuvo tras visitar un hospital y habló con los que sabían que iban a morir. Le removió todo.

El libro referido se titula “Atención religiosa al final de la vida. Conocimientos útiles sobre creencias y convicciones”. La entrega al papa Francisco, de Fainé acompañado de César Alierta se hizo en el contexto de la Fundación ProFuturo, conocida como “Fundación del Papa” promovida por ambos personajes. 

En su primera visita a Francisco, Fainé y el entonces presidente de Telefónica preguntaron al papa cual era el primer problema mundial y este le respondió  que los niños en el tercer mundo no tienen acceso a la educación por lo que nunca podrán superar la pobreza. Para resolver este problema Fainé y Alierta pusieron juntos en marcha el proyecto ProFuturo dedicado a la educación digital de los niños sin escolarizar. Detalle curioso: en esta fundación participa Manolo González, que fue dirigente del Partido Comunista de España, quien suele acompañar a Fainé y Alierta en los viajes que hacen a Angola y a otros países africanos en el avión de Telefónica. 

La Fundación, tercera del mundo en potencia financiera

Lo que más le obsesiona es garantizar la Obra Social por cien años más. Le satisface que la Fundación que preside ha consolidado una posición de liderazgo a nivel internacional, situándose en tercer puesto en volumen de activos, con 24.000 millones de euros, según un informe del Instituto Coordenadas, y solo por detrás de la Bill & Melinda Gates Foundation y Wellcome Trust. 

No ve sentido a la vida si no hay una continuidad. Cuando estaba en Banco Unión le llamaban “Suma Teológica” porque se empapó de la obra de Santo Tomás. Al terminar un discurso en un acto público habló de  Dios y sus colaboradores se lo reprocharon pero a él le parece importante expresarse abiertamente y con sinceridad al respecto. 

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