Escrito por 11:00 am Economía

A la salida del despacho. 

Antonio Huertas, una vida sencilla en bicicleta

Antonio Huertas, presidente de Mapfre. /Foto Europa Press


Por José García Abad


Cuando no está trabajando hace lo que viene haciendo desde siempre. Mucha gente se sorprende cuando le dicen: “Habrás cambiado mucho de estilo de vida”. “Pues, mira – explica – no.  No tengo hijos. Tengo una familia estupenda, y muchos amigos. Llevo una vida sencilla. Durante una etapa de mi vida olvidé cuidarme, engordé, llevé una mala vida, pues el trabajo me ocupaba más de lo que hubiera sido razonable, porque eran años en los que había que luchar. Ahora, que no me falta tarea mi vida está bien organizada y puedo conciliar razonablemente la familia con el trabajo”

La bicicleta ha sido una pasión tardía. Montaba en ella de niño por razones prácticas. Sus padres cambiaron de casa y la familia se trasladó al sur del pueblo, Villanueva de la Serena, y Antonio tenía que ir al colegio que estaba lo más al norte que había en el pueblo así que tuvo que valerse de una bici. 

Acabado el cole se acabó la bici hasta que hace unos 15 años un amigo le animó a montar de nuevo en el vehículo más ecológico. Fue un descubrimiento maravilloso que le ayudó a mantenerle en forma, romper con la rutina y visitar sitios insospechados en España y fuera de España, en Inglaterra, en Estados Unidos, en China… No viene a trabajar en bici porque es más peligroso que la montbike que es con lo que más disfruta y que le obliga a entrenarse. 

“Cuando viajo –explica – , sabiendo que el domingo tengo que salir con mis amigos, tengo que practicar, así que entre semana madrugo. Me encanta. La bici te permite aparecer en cualquier pueblecito de la provincia de Madrid y descubrir rincones insospechados. En mis excursiones por Quijorna pueden verse muchos bunkers de la guerra civil pero te encuentras sorpresas en todos los pueblos”.

Ha hecho varias veces el camino de Santiago, caminando y en bici con compañeros, amigos. No lo hace de una sola vez pues no dispone de tiempo para ello, pero lo reparte en varias etapas que recorre en distintos días. 

Podría dedicarse a la escritura de ficción

Antonio se dedica con cuerpo y alma a dirigir Mapfre pero lo considera un accidente en su vida. Está aquí de paso y algún día se tendrá que ir. Su vida podría haber transcurrido por otros vericuetos, por ejemplo, el de abogado de empresa, pero un día, se supone que al final de sus responsabilidades en la gran compañía aseguradora, podría dedicarse a la escritura de ficción. A la escritura técnica ya se dedica todos los días colaborando en proyectos de distinta índole.

De momento ya ejerce una de las precondiciones que se suelen atribuir a la vocación literaria, la de leer mucho. Es un lector impenitente limitado en su lectura de ficción por las exigencias del trabajo que le obliga a leer mucho pero de informes técnicos. 

Le gustaría poder leer más narrativa, ensayos sobre temas políticos y sociales y mucha historia. Le atrae mucho la de Roma por lo que significó para occidente en cuyo marco estructural seguimos moviéndonos. Es nuestra civilización. Le interesa mucho la historia de España que ha estudiado a fondo.  

En los últimos años está orientando más sus lecturas al mundo anglosajón que aquí no nos lo enseñaron suficientemente. Sostiene que Estados Unidos tiene muchas cosas que enseñarnos sobre la sociedad actual.  La historia reciente de Norteamérica le parece muy atractiva.

Le gusta pasear, viajar por el mundo, aunque en estos viajes suele tener la agenda muy cargada y no dispone de tiempo para ver lo que verdaderamente le interesa. Ha anotado en su mente que el día que se jubile visitará los países a los que ahora va de trabajo, sin tiempo para nada fuera de las citas profesionales. 

Ser una buena persona

Su vocación como profesional es tratar de dejar las cosas un poco mejor de como las encontró y ser una buena persona. Ayudar a los demás en lo que pueda con sencillez y humildad. Se considera ambicioso en lo profesional en el sentido más humano y exigente. 

En lo personal es algo desordenado, pero en lo profesional es muy cuidadoso y exigente respecto al buen funcionamiento de la casa. Piensa que la dejadez, el no aplicarse a conocer a fondo lo que hay que dominar, le lleva a uno a cometer errores que se pagan caro y que se transmiten de manera exponencial a la organización. Inasequible al desaliento trata de situarse dos pasos por delante de lo que puede pasar para tratar de evitar que los acontecimientos le arrollen. Escuchar más que hablar es su concepto de la discreción.

En la bicicleta, una gran pasión, es competitivo, se esfuerza en que no le humillen. En la actividad profesional trata de mantener la dignidad de la empresa, de defender la integridad de sus principios y, sobre todo, los puestos de trabajo. 

Paciente hasta que te tocan las narices

Es más reflexivo que intuitivo y trata de seguir pautas que previamente disecciona en diálogo con mucha gente. Es bastante paciente en muchas cosas, hasta que te tocan las narices, hasta que ves el peligro inminente cuando la paciencia se condiciona a la necesidad de actuar. Cuando se atisban riesgos importantes respecto a personas o proyectos no hay paciencia que valga. Hay que ejecutar, aunque te equivoques. Ya habrá tiempo para corregir.

Transmite serenidad. Se sabe que aguanta con estoicismo situaciones que en opinión de sus colaboradores requerirían una actuación inmediata. Administra finamente las pausas y en los conflictos espera la reacción de la otra parte, pero la actuación enérgica llega implacablemente cuando Antonio estima que es el momento de adoptarla. No es distante con los empleados sino empático. No se vale de la exhibición de jerarquía mando que no sería propia de la cultura empresarial de Mapfre.

Ha tenido como estudiante, entre los profesores y después en la empresa, entre sus jefes y compañeros, muchos referentes, personas que han influido en su pensamiento en cada etapa profesional. Aconseja a la gente joven que hay que observar y en algunos dominios copiar no siempre al pie de la letra, corrigiendo y adaptando a situaciones que nunca son idénticas sin olvidar que también los referentes se equivocan. Que hay que mantener la conciencia crítica.  

Presidente por ascenso

Es quizás uno de los pocos presidentes entre los que puede incluirse al de Telefónica, José María Álvarez-Pallete López,  de una gran compañía que no es propiedad suya que alcanza la cúspide por ascenso dentro de la misma, desde becario hasta presidente. 

Para conseguirlo no basta, obviamente, la antigüedad, como en el Ejército. Es preciso añadir otras condiciones propias del liderazgo: éxitos a lo largo de la carrera y capacidad de mando, en el caso de Huertas dotado de arte para organizar y motivar equipos y un cierto carisma difícil de definir.

Nacido el 18 de enero de 1964 en Villanueva de la Serena (Badajoz) entró en Mapfre con 23 años. Su padre, abogado de formación abrió una pequeña empresa que se cerró pues ni a Antonio ni a su hermana les interesaba seguir con el negocio. 

Su padre se esforzó en pagarle sus estudios de Derecho en la Universidad de Salamanca incluyendo los gastos de su estancia en la histórica ciudad universitaria. Huertas sigue vinculado a esta Universidad como presidente del Consejo Asesor y de la asociación de estudiantes, “Alumni”. 

Participó en los movimientos estudiantiles de la época cuando Alfredo Pérez Rubalcaba se ocupaba de parir la ley de Autonomía Universitaria. Se empapó de los procedimientos parlamentarios, de la forma de presentar y defender las enmiendas y, en general de las dificultades legislativas. 

Su actividad en el movimiento estudiantil le llevó a participar micrófono en mano en un programa de la COPE titulado “La Rana universitaria” en el que el desarrollaba la sección “I don’t like Mondays” (“No me gustan los lunes”) a la que invitó a distintas personalidades como José María Aznar o Gregorio Peces Barba, entre otros. Fue la mejor época de su vida.

Su carrera se situaba en la media del aprovechamiento general, no fue especialmente brillante pero logró el título de licenciado en Derecho sin repetir curso lo que le satisfizo tanto desde el punto intelectual como motivacional. Se sintió útil en la adaptación a los nuevos tiempos de aquel centro un poco atrasado respecto a los avances de la sociedad española tras varios años de democracia. 

Pedían personas sin experiencia en Seguros

Nada más terminar la carrera pasó  un par de años, en un despacho de abogados cobrando poco o nada. Cumplidos los 23 en 1988 entró en Mapfre acogiéndose a un anuncio de la compañía que pedía personas que no tuvieran experiencia en Seguros. Le admitieron y le enviaron a una oficina en Elda (Alicante). Allí inició su larga y exitosa carrera profesional. 

No era “hijo de” ni “nieto de”, lo que de haberlo sido no le hubiera servido de nada en Mapfre donde rige una exigente política antinepotismo. Si un hijo de empleado hijo tiene buenas capacidades se le da la oportunidad de que entre pero solo una vez que su familiar se haya ido. 

No planificó su carrera, pero las cosas vinieron rodadas. Quería ser abogado de empresa pero le designaron para ocuparse de proyectos informáticos. Entró en el área de siniestros y de ahí le pasaron a las comerciales. 

Cuando entró en Mapfre se sentía como abogado y punto. Supuso que al ser una compañía de seguros habría abogado de siniestros. Los hay, trabajó con ellos y les tuvo bajo su mando. Ya de alto directivo estudiaba las sentencias y procuraba estar puesto en todo lo relacionado con los siniestros.  Todavía hoy se atreve a polemizar con los abogados de la empresa, cuando sale a colación un tema jurídico, no necesariamente propio de la empresa. sino, con frecuencia, sobre asuntos que tienen que ver con la política o con la economía. 

Se siente como un luchador por la innovación. Lo primero que hizo cuando creó la asociación de estudiantes de Salamanca fue ir a una tienda de informática y comprar el mejor ordenador que tenían, un Amstrad de aquellos antiguos, los primeros ochenta, que pocos sabían cómo usarlo. Antonio empezó a tantearlo y logró hacer una hoja de cálculo. Los compañeros le miraban como un animal raro, pero la asociación se automatizo. 

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