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Ábalos y Fernández Díaz, iguales y diferentes ante la ley

Inmaculada Sánchez

Dos exministros se sientan estos días en el banquillo, acusados de importantes delitos. Uno, José Luis Ábalos, lo era del PSOE, el otro, Jorge Fernández Díaz, lo fue con el PP. El primero afronta el juicio desde la cárcel, el segundo no la ha pisado ni un solo día. A Ábalos lo juzga el tribunal Supremo tras una rápida instrucción de poco más de un año, a Fernández Díaz, la Audiencia Nacional, después de casi una década de investigación judicial. La coincidencia de ambos juicios jalea a quienes validan la antipolítica y equiparan a todos los grandes partidos como corruptos pero los dos casos que se juzgan, el de ‘las mascarillas’ y el de la ‘operación Kitchen’, presentan enormes diferencias. Ambos merecen la misma reprobación y repugnancia por parte de la ciudadanía pero su alcance político tiene perfiles distintos.

Si José Luis Ábalos es condenado, el golpe para el Gobierno y el PSOE al que perteneció será muy duro porque llega con el mismo presidente que le nombró residiendo aún en La Moncloa y con el escaño de diputado que ocupaba hasta hace bien poco todavía caliente. El extitular de Transportes es una cara perfectamente reconocible para todos como uno de los que formaba parte del equipo más cercano a Pedro Sánchez, y de su entera confianza, y tanto el presidente como el partido sólo pueden ‘alejarse’ de él agarrándose a la rápida expulsión a la que le sometieron y a la ausencia de evidencias de participación alguna del PSOE en sus andanzas.

El juicio por el caso Kitchen, sin embargo, se le presenta al PP con su cúpula totalmente renovada y con un líder que puede argumentar como “cosas del pasado” lo que finalmente se sentencie. La larguísima instrucción judicial y, sobre todo, la falta de imputación a la entonces secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, reiteradamente solicitada por la Fiscalía y reiteradamente denegada por el juez Manuel García-Castellón, protegen a Génova de las consecuencias de una eventual condena al exministro, aunque no eviten totalmente el daño.

Ambos acusados comparten similar categoría política cuando ejercían, aunque Fernández Díaz acumule una biografía en cargos públicos mucho más amplia que Ábalos. Si el antiguo titular de Transportes de Sánchez fue su fiel escudero durante la famosa reconquista del liderazgo del PSOE a lomos del también conocido Peugeot y alcanzó los cargos de ministro y secretario de Organización del partido gracias a su cercanía con el presidente, Fernández Díaz, pese a no ocupar responsabilidad orgánica tan alta en el PP, sí era un dirigente de enorme confianza de Rajoy, quien le nombró su segundo como Secretario de Estado en dos de los ministerios que ocupó antes de alojarse en Moncloa, en Administraciones Públicas y en Educación. Aunque nada tenga que ver el carácter ni el estilo de vida del disoluto Ábalos con el supernumerario del Opus Fernández Díaz, políticamente ambos han sido personas de la absoluta confianza de sus respectivos presidentes.

A partir de esa proximidad al jefe los dos habrían podido perpetrar los delitos de los que se les acusa pero la tenacidad de la justicia por descubrirlos no ha resultado la misma. Lo más llamativo radica en el tiempo de instrucción de ambos casos. La investigación de la Kitchen arranca en 2018 como pieza separada de la macrocausa contra el excomisario Villarejo que se venía investigando desde hacía meses. Dada por cerrada en julio de 2021 por el instructor, la vista se ha demorado nada menos que cinco años desde entonces debido a los numerosos recursos presentados. Apenas un año, por el contrario, se ha prolongado la instrucción del denominado ‘caso mascarillas’ o ‘caso Koldo’. En noviembre de 2025 se dio por concluida y los más apresurados tiempos del Supremo han iniciado la vista en abril de este año.

Tampoco los jueces instructores han considerado a los exministros acusados con la misma capacidad para eludir la acción de la justicia o de destruir pruebas como para pribarles de la libertad. El extitular de Transportes con Pedro Sánchez fue enviado a la cárcel nada más concluirse la instrucción por “extremo” riesgo de fuga mientras que para el extitular de Interior con Mariano Rajoy nunca ha sido requerida detención ni encarcelamiento en momento alguno. Fernández Díaz podrá atribuirlo a su fiel ángel custodio, de nombre Marcelo, al que en numerosas ocasiones ha imputado protección y ayuda en su vida diaria.

Al margen de estas desigualdades de trato, que podrán ser atribuibles a numerosos tecnicismos jurídicos, considero relevante también llamar la atención sobre la diferente dimensión de los delitos juzgados. Ábalos, Koldo y Aldama se enfrentan a condenas por corrupción económica, por haberse llevado mordidas por adjudicaciones públicas amañadas. En el caso de ‘la Kitchen’ los delitos derivan de haber utilizado los poderes del Estado para proteger al partido en el poder.  Podremos convenir que lo peor que puede hacer un cargo público es aprovecharse de él para enriquecerse pero que lo use para beneficiarse políticamente encubriendo delitos del partido que le ha nombrado añade el agravante de perjudicar a la democracia y a todo el sistema.

Que los delitos de Ábalos y Koldo queden circunscritos a su responsabilidad y sus únicos bolsillos penden de la investigación que continúa en torno a Santos Cerdán y su posible conexión con Ferraz. Visto cómo se esfuerzan los jueces cuando se trata del PSOE o el Gobierno no tengo ninguna duda de que si hubieran descubierto algo al respecto ya lo conoceríamos. En el caso de la operación urdida para callar a Bárcenas todos hemos escuchado los audios de Cospedal con Villarejo pero parece que el juez García-Castellón está dotado de particulares oídos y bloqueó toda posibilidad de investigar el nexo de Génova y el PP. Ni las contundentes declaraciones del inspector Morocho señalando cómo le presionaron para dejar de investigar la Gürtel quitándole efectivos, espiándole o, directamente, exigiéndole que no mencionara a Rajoy en sus pesquisas, van a conseguir que la justicia llegue a los últimos responsables de la Kitchen. Al igual que los ciudadanos, todos los ministros son iguales ante la ley, pero unos parecen más iguales que otros.

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