Escrito por 11:26 am Política

Alberto Garzón se salvó al rechazar el chiringuito de Pepe Blanco, sospechoso de tráfico de influencias y con clientes impresentables

Por José García Abad

La oferta de empleo del exministro José Blanco, propietario de Acento Public Affairs, al exministro Alberto Garzón y el rechazo de este tras el escándalo provocado ha puesto de manifiesto de nuevo las deficiencias de las normas para evitar el tráfico de influencias, las puertas giratorias, los paracaídas que se montan algunos cargos públicos para cuando abandonan su cargo. En definitiva la cuestión de las corruptelas políticas contra las que ningún gobierno ha podido o querido poner coto como ponen de manifiesto la contratación de los presidentes González y Aznar por el electro-poder.

En mi modesta opinión la aparición de políticos en oscuros chiringuitos de comunicación es aún más perniciosa que la captura por otras industrias donde se produce una mayor transparencia. Un portavoz de Acento alude para defenderse esparciendo culpas  a otros lobbies: “Es igual, acusa,  que Llorente y Cuenca, Kreab, Harmon o Vinces”. Y concluye “Aquí ha habido mucha hipocresía”.

Es especialmente significativo el caso de Eduardo Madina  quien cuando cesó como  secretario general del Grupo Parlamentario Socialista fichó por la consultora Kreab y después montó la suya propia, Harmon.  

En este caso concreto que nos ocupa, el del frustrado fichaje del comunista Garzón por el socialista Blanco, se dan circunstancias agravantes como la habilidosa estructura por la consultora de Blanco, Acento, consistente en contratar a dirigentes de casi todo el arco parlamentario, lo que proporciona la imagen pública de complicidad de toda la clase política en un contubernio deleznable. La explicación de Blanco de la oferta a Garzón rebosa cinismo: “que buscaban reforzar la transversalidad de la consultora”. 

Se da además las circunstancias de que entre los clientes que tiene Acento se encuentra, el poco democrático Marruecos y la empresa china Huawei, que la Inteligencia de dicho país, también escasamente democrático, utiliza para sus prácticas de espionaje y que fue prohibida en Estados Unidos, Australia, la India y otros países. 

Un contubernio que deteriora nuestra calidad democrática

Acento Public Affairs, con un pie en Moncloa y otro en los estados mayores de casi todos los partidos políticos, algo más que un influencer, cumple la función de llenar las arcas del chiringuito con los más diversos contratos. No de la Administración Pública, que tontos no son, pero si de empresas que tienen muy en cuenta su influencia en Moncloa con la seguridad de que no van a tener problemas con las oposiciones que están dentro de un lobby en beneficio de sus clientes aprovechando su poder de intermediación política.

Acento, fue montada por José Blanco, miembro del núcleo duro de Zapatero, con quien fue ministro de Fomento, portavoz del Gobierno y vicesecretario general del PSOE, en  compañía del exportavoz del grupo socialista en el Congreso de los Diputados, Antonio Hernando y donde figuran importante gente del PP como  Alfonso Alonso  que fue ministro de Sanidad y presidente del PP Vasco; Esteban González Guitart, hijo de Esteban González Pons; David Álvaro quien trabajó como director del Gabinete de la Vicesecretaría de Estudios y Programas del Partido Popular; Jaime Forero Núñez, que trabajó en FAES, la fundación de Aznar; Raquel Herrera, que fue asistente del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso de los Diputados. Participan también personalidades de otros partidos, como Miquel Gamisans, ex secretario de comunicación de la Generalitat de Cataluña, y de ERC; o Marco Candela, exdiputado de Podemos en la Asamblea de Madrid.

Es un lobby transversal con alta presencia en Moncloa donde Hernando, que tras salir de Acento, ocupa el puesto de segundo de a bordo de Oscar López, director del gabinete del presidente del Gobierno. La presencia tanto de Oscar López como de Antonio Hernando en el santa sanctorum del palacio demuestra que Sánchez no se mueve con criterios de filias o fobias personales sino por el aprovechamiento de todos los compañeros que le pueden ser útiles.

Recuérdese que tanto López  como Hernando se situaron contra él en la dura pugna por alcanzar la secretaria general del PSOE. Oscar López se fue con Patxi López. El caso de Hernando, es especialmente significativo.  Cuando los sucesos traumáticos del comité federal del 1 de octubre de 2016, cuando Sánchez renunció a la secretaría general del PSOE, Hernando tras ser defensor del “no es no”, se decantó por el bando que encabezó Susana Díaz. La gestora que dirigió al partido controlada por esta mantuvo a Hernando como portavoz socialista en el Congreso, cargo que desempeñó hasta las primarias en que Sánchez fue reelegido secretario general el 21 de mayo de 2017. En las elecciones de abril de 2019, se quedó fuera de las listas.

La patronal de los lobbies la rechaza por sospechosa de tráfico de influencias

La mera composición de los socios de la consultora así como el hecho de que la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI), la patronal de los lobbies rechazara la admisión en su seno de Acento porque no cumplía su Código de Conducta la hace sospechosa de tráfico de influencias. El propio chiringuito reclama la urgencia de la norma que acabe con la mala prensa de los lobbies. 

Ciertamente Pedro Sánchez se movió en tiempos de Zapatero en el sanedrín dirigido por Pepe Blanco cuyo principal ayudante era Oscar López, sin embargo, Sánchez tuvo que sufrir el ninguneo de ambos que le infravaloraron con cierta condescendencia casi como el hombre que les ponía el café. Pelillos a la mar.  

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