Escrito por • 11:25 am• Ojo Avizor

Alerta en la conexión Moncloa-Ferraz

Sede del PSOE en Madrid Palacio de la Moncloa

Inmaculada Sánchez

Cuando se gobierna al límite las puntadas no pueden darse sin hilo y Pedro Sánchez acaba de dar una de las que anuncian marejada interna. Su ‘ala oeste’ en Moncloa ha cambiado no solo de nombres sino de estilo, origen y edad. Curtidos hombres de partido como Oscar López y Antonio Hernando van a ser sustituidos por jóvenes técnicos con gran preparación e idiomas. En Ferraz andan inquietos recordando los tiempos de Iván Redondo al timón del gabinete monclovita y fían su conexión con el presidente al superministro Félix Bolaños.

En la sede federal del PSOE, y en no pocas territoriales, no quieren volver a los tiempos de Iván Redondo, el todopoderoso director de Gabinete del presidente del Gobierno, joven consultor, experto en encuestas y estrategias electorales, que sedujo a su líder para capitanear Moncloa después de haber trabajado durante años para el PP. Un mercenario, un advenedizo, como le denominaban los más amables, que bloqueaba la influencia del partido en las decisiones del presidente.

Aquello duró tres largos años, desde que Sánchez llegó a la presidencia, en junio de 2018, hasta el verano de 2021. La voz que durante ese tiempo susurraba al oído del presidente lo que preocupaba en Ferraz era el entonces discreto y desconocido Félix Bolaños desde su despacho de secretario general de la Presidencia, colindante con el de los ‘redondos’ y el del jefe en el complejo monclovita. La cercanía física cuando el líder se convierte en inquilino de Palacio, con todas sus murallas protectoras, resulta vital para el pulso cardíaco de la organización que lo aupó al poder.

La disintonía de Bolaños con Redondo y el incierto devenir de gobiernos y legislaturas interrumpidas, con sucesivas elecciones y complejos pactos en aquel convulso trienio con pandemia incluida, decidió a Sánchez a rearmar al PSOE y, tras el 40 congreso federal de 2021 que llegó a llamarse de ‘la reconciliación’, no sólo recuperó a dirigentes que habían ido en su contra cuando fue expulsado de la secretaría general sino que instaló a algunos de ellos en Moncloa. Oscar López y Antonio Hernando, con amplio historial orgánico en el partido, sustituían a Iván Redondo a los mandos como director del Gabinete y adjunto, respectivamente, para regocijo de la parroquia socialista. Justo lo que ahora el mismo Sánchez vuelve a revertir.

La salida de Escrivá del Gobierno para ponerse al frente del Banco de España ha provocado una sucesión de movimientos que ha llevado al Consejo de ministros a López como titular de Transformación Digital y Función Pública. El previsible y ‘natural’ ascenso de Hernando como su sucesor en Moncloa se ha topado, sin embargo, con la decisión de Sánchez de dar un vuelco a su Gabinete y tanto él como otros miembros del mismo van a ser recolocados en el nuevo ministerio de su anterior jefe.

Las sustituciones en despachos tan cercanos al presidente siempre provocan desasosiego en el partido pero en esta ocasión el cambio es de calado. El nuevo Director del Gabinete, Diego Rubio, tiene 38 años, 14 menos que Sanchez, y carece de trayectoria orgánica en el PSOE ni en cargos públicos. Perfil académico con gran currículum universitario y estudios en el extranjero es el cuadro que comparten quienes van a incorporarse con él en la prevista remodelación del departamento monclovita que ha adelantado ‘El País’. Rubio, extremeño y licenciado en Historia con estudios en La Sorbona y Oxford, ya ejercía en el Gabinete desde 2020 como responsable de la Oficina de Prospectiva y nadie pone en duda su compromiso político aunque su carencia de carné socialista no provoca entusiasmo.

El aparato pierde terreno y los independientes lo ganan. Renovar, refrescar estructuras, conectar con los más jóvenes de cara a las siguientes elecciones… las intenciones del presidente ya están siendo interpretadas. A falta de conocer el detalle de los nombramientos, en el PSOE continúan confiando en el superministro Bolaños y su acreditada labor de puente de otros tiempos, aunque las tareas se le multiplican.

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