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‘Ariadna y Barbazul’: luz femenina contra las tinieblas, pese a la resignación.

Manuel Espín

 Esta temporada el Teatro Real ha programado piezas muy distintas sobre el tema de Barbazul. Ahora le toca a la ópera de Paul Dukás, que se puede ver en días sueltos hasta el 20 de febrero. Estrenada en París en 1907 (y en el primitivo Teatro Real en 1913) es la única obra lírica de Dukas (1865-1935) un compositor que bebía plenamente de las corrientes de la modernidad de principios del XX, y hay momentos en esta ópera que recuerdan al estilo de Debusy.

 Tematicamente se inspira en un viejo cuento de Perrault al que el libretista, el famoso escritor Meeterlink, muy popular en la época,  da una textura novedosa. La leyenda habla de una joven que consigue liberar a sus hermanas del yugo de su secuestrador, Barbazul, que las tiene encerradas en la oscuridad de un castillo. En esta obra se plantea una nueva lectura sobre los personajes. 

 Una parte de las mujeres recién escapadas de las tinieblas tiene miedo a la luz que representa Ariadna, es decir a la libertad, a la capacidad de decisión femenina, la iniciativa personal y social, a la asunción de su propia personal lejos de la tutela…En el texto de los cantables se habla de quien prefiere quedarse en la oscuridad porque le aporta seguridad. El miedo a ser libres las atenaza hasta plantear una profunda crisis interna.

 Además en esta ópera no hay una sola escena de amor, ni oportunidad alguna para que suene un fragmento sentimental; y esto desconcertó a los espectadores de hace algo más de un siglo porque rompía con buena parte de lo que había sido el teatro lírico anterior.

 Su trayectoria ha sido poco rectilínea. Olvidada practicamente durante décadas resurge en el XXI especialmente en el espacio cultural francés, donde se viene representando en producciones muy diferentes. Podemos recordar la que Oliver Py dirigió en la pasada década en Estrasburgo para la Ópera Nacional del Rhin, donde un gran decorado corpóreo encerraba una doble plataforma; en una de ellas sobrevivían las mujeres antes de su liberación, en la otra su captor; mientas los cazadores/campesinos parecían fieras rabiosas. 

 Por el contrario, en esta producción del Teatro Real y la  Ópera de de Lyon que dirige escenicamente Álex Ollé se apuesta por la diafanidad de los espacios, dando aire a que la acción se desarrolle, sin un decorado corpóreo como tal sino con la amplitud del escenógrafo Alfons Flores: unas versátiles mesas y sillas que junto a las lámparas de pie se pueden agrupar, separar o formar en torre, y un techo con el diseño de un laberinto.

 Más el elemento singular que representa un cristal que simula el espejo donde las mujeres reflexionan mirando hacia la platea. En ese amplio espacio libre de un lado a otro del escenario se mueve un amplio grupo de cantantes, principalmente femeninos, el Coro del  Real dirigido por José Luis Basso que tiene un gran papel, bailarines y actores de gesto.

 Esa depuración de elementos hace que se mantenga una línea estética de cierta elegancia, con vestuario contemporáneo y bien elegidos los colores de los personajes femeninos, empezando por el blanco de Ariadna que viene a representar la luz y no solo física, sino la libertad de las mujeres frente al sometimiento asumido por las que optan por seguir siendo dependientes porque de esta manera no tienen que pensar por si mismas dado que otros deciden por ellas.

 La dirección musical del israelí Pinchas Steinberg es correcta y saca partido a unas piezas por momentos de una gran belleza formal, donde la cuerda sigue teniendo protagonismo. Con un amplio reparto en el que brillan las voces femeninas (Paula Murihy, Silvia Tró Santafé, Aude Extrémo, Jacquelina Liveri, María Miró…) y los personajes masculinos se reducen a Barbazul (Guainluca Buratto) y los campesinos. 

  En cierta medida hay momentos en los que esta ‘Ariadna y Barbazul’ se emparenta con el argumento de ‘Un simple accidente’, la película de Jafar Panahi rodada de forma clandestina en Irán y ahora nominada al Oscar. En el filme, por casualidad un torturador cae en manos de un reducido grupo de personas que no saben que hacer con él, si cobrarse o no la venganza. Mientras en ‘Ariadna…’ ellas debaten sobre el cuerpo amordazado de su captor, Barbazul, sin tomar una decisión que es fundamental para el ejercicio de su libertad.   

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