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Libros: «Balas de fogueo. Memorias de un policía con memoria»Libros:

por Manuel Espín

En 2022 Juan Torres presenta su última novela y coincide de nuevo con su viejo amigo Félix, ex-comisario y policía jubilado que está dispuesto a contar muchas cosas sobre su larga carrera en el cuerpo, germen de donde surge ‘Balas de fogueo’ (2023) un libro que en diez capítulos o ‘balas’ ajusta cuentas con el pasado y aporta uno de los raros testimonios de un policía desde la Transición al 15-M. 

 Alonso, hijo de un conserje de la residencia de ministros que durante el franquismo mantenía en San Lorenzo de El Escorial se cuela siendo un adolescente en las habitaciones de Carrero Blanco, siendo descubierto por su esposa, con el inmediato cambio de puesto del destino del padre al de portero del monasterio. Su primera intención es el ingreso en la Escuela de Cine dado que ya entonces seguía las carteleras y leía  las críticas. «Pero eso era imposible para un chico como yo, un muchacho casi de pueblo, y tuve que buscar otra vocación. Como veía películas policiacas me interesaba ese trabajo». En la ciudad de Madrid se prepara en un centro privado donde conoce a otro compañero, González Pacheco, el futuro ‘Billy El niño’, logra sacar la oposición y cursa estudios en la Academia de Policía de la calle Miguel Ángel de donde sale a su primer destino, Barcelona.

 Una ciudad especialmente viva en la pre-Transición. Pasa por diversas comisarías, Sarriá, Hospitalet, Vía Layetana…lee toda clase periódicos y revistas, y especialmente ve cine sin parar. Recibe una bronca de un jefe por llevar el pelo largo y una bofetada de un veterano inspector que había sido alférez provisional por mostrar su incomodidad ante los certificados de «adhesión al Movimiento» que entonces se hacían. Entre los trabajos curiosos, la custodia a Vila Reyes, protagonista del ‘caso Matesa’ que cumple parte de la condena en su casa y para salir a la calle debe ser acompañado por policías, con quien mantiene sabrosas conversaciones y entabla buena relación.

 En esa época coincide con jóvenes policías inquietos cada vez más distantes de los viejos servidores del fascismo. En la comisaria traba amistad con otro joven policía cinéfilo, Anguas Barragán con el que habla entre otras cosas del cine de Goddard. Diez minutos más tarde el policía caerá abatido en atentado por Puig Antich, a su vez, entre los últimos ajusticiados del franquismo. Destinado a Madrid Félix Alonso llega a la DGS en la puerta del Sol, actual sede de la Comunidad de Madrid, donde trabaja en el peritaje de huellas dactilares. 

 Con la muerte de Franco un todavía pequeño grupo de policías son conscientes de que debe cambiar la función del cuerpo dentro de un país que aspira a dejar de ser una férrea dictadura. Martin Villa impulsa una asociación profesional, pero los jóvenes policías crean el embrión de una unión sindical. En 1980 celebran su primer congreso bajo el lema: «Por una policía mejor al servicio de todos», y para sorpresa de ellos el propio Martín Villa acude al acto. En esos años Félix Alonso interviene en diferentes casos, entre ellos el  asesinato de los Marqueses de Urquijo o un robo en casa de Victor Erice: «Cuando acudí a su vivienda me pareció seco y borde, de nada fácil relación. Pero empecé a hablar de sus películas con detalle y acabamos conversando; él totalmente sorprendido de encontrar a un policía cinéfilo», dice. 

 Félix Alonso en su libro de memorias hecho junto a Juan Torres menciona toda clase de nombres y apellidos y situaciones: Operación Galaxia, 23-F, triunfo electoral del PSOE en 1982, campaña de la OTAN, sin ocultar a personajes como Villarejo del que dice que «aparecía al frente de una agencia de detectives sin ser detective» y «al que Corcuera puso como agente encubierto», y comenta «una visita del luego famoso comisario jubilado a Felipe González para desaconsejar que nombrara ministro del Interior a Carlos San Juan, portavoz de Interior del PSOE en el Congreso y finalmente eligiera a Barrionuevo para el puesto». Alonso comenta hechos, sucesos y situaciones vividas por él en torno a personajes como Rodríguez Colorado, Ana Tutor (delegada del gobierno en Madrid), los continuos roces y choques entre partidarios de Guerra y de Leguina., o el juego de influencias.. 

 Destinado como jefe de la Comisaría de Moncloa se sorprende de que dentro de la instalación hubiera un bar que cierra por lo que le ponen el apodo de ‘Comisario Schweppes’ entre otras cosas por ser abstemio. A lo largo del tiempo recorre otras comisarias en calidad de máximo responsable y vive las más diversas situaciones. En el libro no se muerde la lengua en dar opiniones nada amables sobre personajes de la vida pública incluso aquellos con los que sintoniza desde el punto de vista de sus afinidades ideológicas. Cuenta su enfrentamiento con Manuela Carmena, todavía jueza, a propósito de un desalojo en el barrio de Villaverde donde pide a la magistrada «hacerlo a su manera», es decir dialogando y sin recurrir a la fuerza tratando de que previamente los servicios sociales den una respuesta a esas personas.

 En ese puesto vuelve a encontrarse con González Pacheco ‘Billy el Niño’ ahora jefe de seguridad de la Peugot. Alonso cree que sus opiniones sobre él han malinterpretadas incluso por jóvenes de su propia familia: «No justifico en absoluto las torturas, sino al contrario, pero en aquella época había muchos más como él. Había tenido gran protagonismo en la resolución de los secuestros de Oriol y Villaescusa». Sobre el GAL dice que la idea debió surgir de los ámbitos policiales y de la Guardia Civil ante los constantes atentados de ETA  que los políticos acabaron adoptando; no al revés».   

 En Villaverde colabora con las asociaciones del barrio para favorecer la integración de jóvenes con problemas: «A veces no cursábamos denuncias por pequeños hurtos para evitar que derivaran en espacios  donde tenían muchas muchas posibilidades de caer en el delito como eran las cárceles. Tratábamos de darles una oportunidad». Le sorprende ser cesado por Juan Cotino, en la época de Aznar, pese a la carta enviada por la presidenta de una asociación católica en favor suyo. «Cotino que era del Opus no hizo ni caso». El recorrido profesional por los más variados espacios y situaciones en las que no se difuminan las opiniones críticas acaba en la época en que es jefe de seguridad del Tribunal de Cuentas, coincidiendo con el 15-M. «Como en otras sedes de instituciones se presentaron manifestantes dispuestos a exponer sus ideas. Les dejé que hablaran durante un tiempo y las hicieran públicas; seguro que había policías que se identificaban con ellas y otros no. Y después se marcharon sin que hiciera falta recurrir a la expulsión».

 Juan Torres vincula el estilo del libro a Chaves Nogales, a la biografía del tenista Agassi y al nuevo periodismo americano, y se atribuye el estilo seco, desnudo, sin florituras ni concesiones a la mínima retórica: «Le impuse diez capítulos y nada más, con una límite, evitando cualquier autocomplacencia. Buena parte de los libros de memorias de personajes no son más que una autojustificación o un intento de explicarse». Según Torres una vez acabado el manuscrito se puso a disposición de una asesoría jurídica para prevenir conflictos con algunos de los mencionados 

 Cuando a Félix Alonso le preguntan si en su larga carrera ha participado directamente en capturas o detenciones de riesgo sorprende: «Nunca he detenido a nadie. Claro que vi métodos nada democráticos en el trato hacia los detenidos. Pero también en aquella época había jóvenes como yo, a veces desorientados, que creíamos en una policía profesional e intentábamos no tener nada que ver con los de la dictadura». En la actualidad Alonso dirige el Colectivo Rousseau de El Escorial que promueve el cine y la lectura.  

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