La población autóctona pasaría en los próximos cincuenta años desde los 38 millones actuales hasta solo veintitrés o veinticuatro millones
Resumen de un estudio de Joaquín Leguina Herrán para el Instituto Español de Estudios Estratégicos del Ministerio de Defensa con el título de “Demografía y politización de la inmigración”. Joaquín Leguina que fue el primer presidente de la Comunidad de Madrid, entre 1983 y 1995 es economista y demógrafo.
La caída de la nupcialidad, el crecimiento de la divorcialidad y la caída de la fecundidad hasta niveles bajísimos han traído como consecuencia la caída de la población española. Caída que ha sido atemperada con la llegada de inmigrantes.
Por otra parte queda patente la tendencia a casarse menos y hacerlo con más edad. A ello se ha unido una menor estabilidad matrimonial. Se ha extendido la idea de que el matrimonio ya no es necesario para la vida en pareja. El control de la fecundidad que han permitido los anticonceptivos orales ha sido notable.
La fecundidad española viene siendo desde hace muchos años inferior a la del conjunto de la UE. Por otra parte, en ninguno de los países que forman la UE la fecundidad llega al nivel de reposición (2,05).
La inmigración tiene un peso relevante y creciente entre la fuerza laboral (más 20 % de los empleos en el año 2024 estaba ocupado por inmigrantes), y en especial en ciertos tipos de trabajos y sectores de actividad, como la agricultura o la construcción. En los últimos años, la inmensa mayoría del nuevo empleo neto lo ocupan extranjeros, cerca del 100 % en el nuevo empleo privado.
España está gestionando de forma pésima sus flujos migratorios, dados sus altísimos niveles estructurales de paro, tanto entre los españoles nativos como (aún más) entre los extranjeros —maquillados a la baja en las estadísticas oficiales—, pese a lo cual sigue llegando nueva inmigración de forma masiva, que en los últimos años es casi exclusivamente extracomunitaria.
En la actualidad, los nacidos en el extranjero, con o sin doble nacionalidad, representan un porcentaje muy relevante de la población con empleo. A 1 de abril de 2023, vivían 8,3 millones de extranjeros en España, de los que un poco más de 4 millones, según los microdatos de la EPA, tenían empleo en el primer trimestre de 2023, el 19,9 % de todas las personas «ocupadas» en ese trimestre.
Por procedencia, la mitad de los ocupados de origen extranjero en el primer trimestre de 2023 eran iberoamericanos. Un 30 %, europeos o norteamericanos (estos últimos, relativamente pocos), de los que más del 70 %, de la UE. Un 14 %, africanos (en más del 70 %, marroquíes), y un 6 %, asiáticos.
Un mantra falaz
Hay grandes diferencias entre el nivel educativo de los extranjeros que viven y trabajan en España, algo que tiene mucha relación con los tipos de empleos que desempeñan. Los que menos formación tienen son los africanos —con tasas apreciables de analfabetismo—, seguidos de asiáticos, iberoamericanos y europeos del Este.
Los europeos occidentales y norteamericanos, como cabía esperar por proceder de países más ricos que España, tienen un nivel de formación académica superior al de los propios españoles. Un corolario de esos datos es que, como virtualmente los únicos inmigrantes que recibe España desde 2015 son africanos, iberoamericanos o asiáticos, difícilmente podrá cubrir con ellos muchos puestos de trabajo de alta cualificación y productividad.

Es una de las razones por las que el mantra de que «no pasa nada si los españoles no tenemos niños, que ya vendrán inmigrantes» es falaz. Y lo peor es que muchos políticos e intelectuales españoles parecen abonados a esa falacia de la inmigración como única o principal estrategia contra el invierno demográfico de grado siberiano que asuela España desde hace cuarenta años.
Nos enfrentamos, pues, con un problema que será grave en el próximo futuro: el nivel educativo de los hijos de los inmigrantes, que hoy apenas llegan a estudios universitarios. Una política de igualdad educativa los beneficiará a ellos, pero sobre todo beneficiará a la sociedad española en su conjunto.
El principal problema para los españoles y para los europeos
La inmigración y la política Europa (y España) está inmersa en un proceso de envejecimiento muy preocupante y la inmigración puede significar un atenuante (nunca una solución, pues los inmigrantes también cumplen años). En cualquier caso, la UE carece de una política migratoria común.
Ya sea por su volumen ya sea por la deriva ideológica que ha traído consigo en los últimos años, la inmigración ha invadido el discurso político. En España, los habitantes nacidos en otro país superan los 8,2 millones de personas y ya suponen el 17,1 % del censo, según los últimos datos disponibles del INE. Nunca se había llegado a cifras tan altas. En el último estudio, el CIS ha situado a la inmigración como el principal problema para los españoles, por delante del paro o la vivienda.
Desde finales de la década de los noventa del siglo XX y el boom de la inmigración de principios del siglo XXI, el crecimiento de la población extranjera aumentó rápidamente en España. La crisis económica contuvo las llegadas y empujó las salidas, pero con la recuperación se retomó el ritmo migratorio.
Las políticas nacionales dentro de la UE son, en verdad, imposibles de conciliar. Así, Suecia es partidaria de la línea dura. El primer ministro holandés quiere que los países del sur asuman a los inmigrantes y les impidan seguir hacia el norte. Grecia e Italia sienten, como ya ocurrió en 2016, que el resto de la Unión no está haciendo nada por ayudarles a sobrellevar la cifra extra de recién llegados. El canciller austriaco quiere que se construya un muro en la frontera entre Bulgaria y Turquía, etc.
La conclusión de González Férriz es bien cierta: el miedo de los políticos, reflejo del de los ciudadanos, es real. De todos los giros identitarios que la política occidental ha adoptado en la última década el giro antiinmigración ha sido el más influyente en la política.
Miremos ahora hacia España, sirviéndonos de las últimas proyecciones realizadas por el INE (2022-2072), en las que se proyectan ocho escenarios. De ellos, para analizar qué podría ocurrir, nos parecen los más significativos y útiles dos: el central (se entiende que es el que el INE considera como más probable) y el de saldo migratorio nulo (qué ocurriría si no hubiera inmigración ni emigración, esto es, cómo evolucionaría la actual población sin aportaciones foráneas ni salidas al exterior).
Conclusiones
En síntesis, las principales conclusiones que arrojan estas proyecciones en su escenario central, partiendo de que no se prevén repuntes significativos de la fecundidad, sino solo muy modera dos, son las siguientes:
1) La población total de España crecerá moderadamente en las próximas décadas (cinco millones y pico de personas más en cincuenta años), pero solo por la llegada de inmigrantes.
2) Los españoles autóctonos —los descendientes de españo les de origen— disminuirán de manera preocupante en las próximas décadas: en torno a 14-16 millones en los próxi mos cincuenta años.
3) La despoblación, es decir, la pérdida de peso demográfico de las regiones y provincias con mayor declive en las últimas décadas se profundizará en los próximos quince años.
4) El envejecimiento de la población, ya sea medido en porcentaje de mayores de 65 años y más o por la edad media o mediana de la población, seguirá aumentando hasta alcanzar cotas muy elevadas.
5) La soledad, medida por el porcentaje de personas que viven en solitario o el número medio de moradores por vivienda, seguirá creciendo.
6) La esperanza de vida seguirá aumentando en el próximo medio siglo, pero a un ritmo menor al observado desde fina les del siglo XIX hasta la actualidad. Las proyecciones del INE se muestran muy optimistas en lo que concierne a la inmigración, por eso parece conveniente señalar que, si la población fuera cerrada (sin migraciones), el número de habitantes en España caería hasta los 33,6 millones en 2072, y que en la hipótesis central del INE las entradas netas de inmigrantes entre 2022 y 2072 serían de 13,9 millones de personas. Una cantidad difícilmente alcanzable.
Veamos: dado que los inmigrantes en España tienen una fecundidad superior a la de los españoles, de los 32 millones de habitantes escasos de España en 2072, de ocho a nueve millones serían inmigrantes o descendientes de ellos. Eso implicaría un descenso de la población española autóctona de unos catorce a quince millones de personas. En otras palabras: la población autóctona pasaría en los próximos cincuenta años desde los aproximadamente 38 millones actuales hasta solo veintitrés o veinticuatro millones.
Se puede asegurar que en Europa el problema no es la inmigración, sino la integración social de los inmigrantes, y no es un problema fácil de solucionar. Los guetos de extranjeros que abundan en Europa muestran la gravedad de este problema de la integración. El primer partido en hacer una ofensiva contra la inmigración irregular fue Vox. Según la analista María José Fuenteálamo (2024): «[…] decir que quien más recauda con la inmigración ilegal son las mafias que organizan las rutas, peligrosas, a veces mortales, es un comodín discursivo. También lo hace, a veces, el propio inmigrante. El que sobrevive a la travesía, consigue un trabajillo, se asienta y manda dinero a casa. Pero eso es que quedarse en lo monetario. Con la inmigración hay otros triunfadores colaterales. […]
Mi objetivo ha de ser analizar mejor la situación. Vuelvo a la frase del CIS: “La principal preocupación de los españoles es la inmigración”. Podría ser una afirmación estupenda para los inmigrantes. Cuando alguien se preocupa por otro lo atiende mejor, lo ayuda, le echa una mano. Pero aquí la clave no es qué preocupa sino quién se preocupa —que para eso vota—. El sujeto son los españoles y residentes en España. La gente se preocupa, el Gobierno se ocupa. También por lo de los votos».
Un informe de la fundación Neos
[Leguina se hace eco de un informe de la fundación Neos, presidida por Jaime Mayor Oreja que se presenta como “un movimiento de la sociedad civil que defiende la alternativa cultural basada en los fundamentos del humanismo cristiano como solución para una sociedad que ha perdido el rumbo. NEOS surge de las iniciales de los cuatro puntos cardinales, y nuestro símbolo es una brújula”]
La fundación Neos acaba de publicar un informe sobre la inmigración en España, un trabajo que merece la pena leer. Para animar a su lectura, se reproduce a continuación un resumen de las Propuestas con las que el estudio concluye:
1) El Gobierno debe trasladar a la opinión pública los efectos del proceso migratorio, los beneficios y los costes y los riesgos.
2) La sociedad debe exigir a los gobernantes que gestionen de modo estratégico los flujos de inmigración, para evitar desequilibrios económicos y sociales, así como rupturas de la convivencia que puedan causar valores ajenos.
3) España debe aplicar con eficacia las Directivas UE sobre extranjería.
4) Las Cortes Generales deben homogeneizar las normas de inmigración con las aprobadas por otros Estados europeos y evitar nuevos procesos de regularización extraordinaria. Al mismo tiempo, el Gobierno debe evitar los fraudes en extranjería y otros elementos que puedan atraer movimientos migratorios secundarios desde otros países que aplican políticas restrictivas.
5) El saldo migratorio neto debe establecerse en cero durante tres a cinco años, a fin de reordenar la inmigración ya residente y reabsorber los millones de parados que hay en España. Este objetivo debe ser exceptuado solo para los profesiones y actividades deficitarias en el mercado de trabajo.
6) Se deben aplicar en el sistema educativo programas de refuerzo para la mejora de la escolarización de extranjeros, que permitan reducir el fracaso escolar y elevar los niveles de formación.
7) Para mejorar la contratación de inmigrantes es preciso aliviar la rigidez en la autorización administrativa, ampliando el catálogo de actividades de difícil cobertura y facilitando la contratación para las pymes. Se sugiere permitir que gran des empresas realicen selecciones directas en origen para puestos con déficit de oferta. Es necesario explicar la nueva Directiva del Permiso único para combinar trabajo y residencia. Se recomienda implementar un visado combinado de turismo y búsqueda de empleo de doce meses para ciudadanos de países hispanoamericanos exentos de visado en la UE, lo que ayudaría a evitar irregularidades laborales.
8) Acordar una política de Estado que evite el efecto llamada y garantice una inmigración regular y seleccionada. Desterrar las regularizaciones extraordinarias de extranjeros en situación irregular.
9) En cuanto a la autorización en España de la residencia de larga duración, se deberían aplicar los requisitos de renta y seguro médico que sí se establecen para la tarjeta de larga duración tipo UE.
10) Reformar la Directiva UE y las normas españolas para evitar el abuso del sistema de asilo.
11) Revertir la modificación hecha en 2015 por la Directiva UE, que supuso una ampliación del colectivo agrupable, pasando del ámbito tradicional de padres e hijos menores de veintiún años a «la familia extensa».
12) Reservar a los inmigrantes con autorización de residencia las prestaciones sociales completas y las rentas asistenciales.
13) Evitar vías extraordinarias de regularización y endurecer las actuales de arraigo.
14) El conjunto de medidas para conseguir mejorar el cumplimiento de la ley, reducir las llegadas ilegales y las situaciones de fraude e incumplimiento comprende un amplio elenco de medidas.

