Inmaculada Sánchez
La grave situación en que la crisis de Ceuta ha puesto al Gobierno y, en particular, a su presidente parece haber marcado un antes y un después en el devenir de Pedro Sánchez. ¿Qué le pasa? El incombustible líder, campeón de la resistencia política y avezado experto en la gestión de todo tipo de adversidades ha dado muestras este verano de no haber visto venir la que se le venía encima desde la frontera ceutí. Su regreso a la arena política, con varias entrevistas y comparecencia en el Congreso, tampoco ha exhibido el rocoso perfil de resiliente con el que tranquiliza a sus fieles. El tictac de las elecciones resuena ya en los oídos de alcaldes, cargos autonómicos y ministros y estos síntomas de fragilidad no ayudan a combatir el desánimo que rodea a los socialistas. Por primera vez un ministro sanchista ha mencionado públicamente la sucesión de Sánchez y, aunque sea para situarla a cuatro años vista, el balón ha echado a rodar en medios y mentideros. Ningún relevo se atisba en el PSOE ni tampoco se percibe movimiento de tropa alguna pero la posibilidad de derrota siempre alberga un detonador a la espera de que lo activen.
Ha sido el siempre locuaz Oscar Puente quien hace unas semanas, en una entrevista, hacía mención al relevo de Sánchez. Tras reiterar que no hay duda alguna de quién está al frente y que sólo dentro de cuatro o cinco años, es decir, después de la siguiente legislatura en la que aventura que seguirán gobernando, habría que plantearse el futuro, el titular de Transportes señaló que hasta Pedro Sánchez querría ‘pasar el balón’. Y añadió, siguiendo el símil, que si a él se lo dan para jugar los dos últimos segundos en un partido de baloncesto, lo jugaría, porque no es “de los que lo pasan”. No ha hecho falta mucho más. En las siguientes entrevistas a ministros y dirigentes socialistas la cuestión se ha colado más o menos insistentemente. Patxi López, que ya fue contrincante en primarias del propio Sánchez, se ha descartado completamente mencionando la jubilación como su próximo futuro.
El forzado debate ha sido cogido con el lógico entusiasmo por la derecha mediática y hasta se ha publicado ya alguna rápida encuesta para ir aireando, o quemando, a posibles candidatos. La de El Español de hace una semana situaba, para sorpresa de nadie, a Emiliano García-Page como el ganador entre los votantes socialistas, seguido de Oscar Puente y Salvador Illa entre los propuestos por el medio dirigido por Pedro J. Ramírez. A significativa distancia quedaban Félix Bolaños o María Jesús Montero.
Al margen del juego de intenciones de estos sondeos, que estoy convencida continuarán en próximas fechas, las señales sobre quién podría continuar el legado de Sánchez han ido siendo destruidas paulatinamente por el propio presidente. Ningún líder, lo confiese o no, considera a ninguno de sus colaboradores a la altura necesaria para sucederle y, cuando señalan a alguien, la operación no suele salir como esperaban. El caso más reciente en nuestro escenario político, lo protagonizó Pablo Iglesias con Yolanda Díaz, pero también Mariano Rajoy, recien llegado a La Moncloa gracias al mesiánico dedo de Aznar rompió con su doctrinarismo más duro llegando a ser apodado ‘maricomplejines’ por los herederos del hoy presidente de FAES, que los consideraban un blandengue.
Pedro Sánchez, desde luego, no parece que vaya a seguir, de momento, estrategia alguna para ordenar su sucesión. La decisión del líder socialista de apostar por sus mejores ministros para encabezar candidaturas territoriales ha dejado fuera de juego a quien se perfilaba como una de sus mejores bazas de cara al futuro, María Jesús Montero. El sacrificio de la vicepresidenta y número dos del partido en las recientes elecciones andaluzas han restado opciones a quien hasta hace poco ocupaba el siguiente escalón de poder tras Sánchez, tanto en el Gobierno como en el PSOE, al quedar relegada a jefa de la oposición en el Parlamento andaluz cargando, además, con la pesada losa de haber cosechado una de las peores derrotas electorales de los socialistas. Las siguientes vicepresidencias designadas por Sánchez han recaído en perfiles técnicos, como Carlos Cuerpo o Sara Aagesen sin opción alguna en la pelea orgánica por la sucesión.
Otros ministros peleones, y por ello mismo con amplia audiencia en el partido y el electorado, como Oscar López, también han sido destinados a inmolarse en el altar de las autonómicas. López se batirá en Madrid con la ‘imbatible’ Díaz Ayuso y aunque la lideresa del ‘chao pescao’ ha perdido cierto pie este verano con el escándalo del ático, pocos dudan que al ministro de Transformación Digital le espera un escaño en la oposición de la Asamblea tras los comicios.
Debate prematuro, interesado, dirigido, inútil… En política nada es inocuo. Mientras García-Page incrementa su nivel de hostilidad hacia el Gobierno a cuenta de Ceuta, el sanchismo se remueve inquieto con las perspectivas electorales. Derrotas dulces o crueles, victorias inesperadas, amargas o gloriosas decidirán en los próximos meses si la sucesión de Sánchez es puro humo o una realidad necesaria para el futuro del PSOE.

