Inmaculada Sánchez
Cataluña ha dado un salto crucial este año que se nos va. Los catalanes negaron a los independentistas la mayoría en el Parlament en las elecciones de junio y pasaron página del procés poniendo a un president socialista al timón. Sin embargo, los principales responsables del mayor conflicto institucional de nuestra historia reciente no sólo no se han retirado sino que continúan condicionando la estabilidad política de España. Oriol Junqueras y Carles Puigdemont han revalidado sus liderazgos en ERC y Junts y sus objetivos continuarán marcando los pasos que pueda dar Pedro Sánchez en 2025.
“Lo que ha hecho este Gobierno ha sido solucionar el mayor problema territorial e institucional que ha tenido este país en décadas, que es Cataluña. Lo de los Presupuestos, casi, es lo de menos”. Así de contundente me razonaba un ministro en la reciente copa de Navidad de Moncloa la categoría política que daban en el Gobierno al triunfo de la arriesgada estrategia abordada por Sánchez para pacificar Cataluña.
La llegada de Salvador Illa a la presidencia de la Generalitat ha sido la confirmación de que los catalanes han pasado página de la histórica crisis social y económica que se desató en 2017, aunque aún queden vivas algunas de sus consecuencias. Dentro del PSOE, la reconquista de la plaza de San Jaume ha apaciguado también la revuelta interna que supuso tener que tragar con indultos y amnistías.
Sin embargo, los recientes congresos de ERC y Junts han puesto un serio “pero” al argumento de nuestro optimista ministro. En alguna otra ocasión he mantenido que mientras quienes protagonizaron en primera persona el pulso al Estado de 2017 no se reconozcan como personajes para la historia su mochila de rencores y cuitas hará muy difícil encarar el futuro. Que tanto Oriol Junqueras como Carles Puigdemont no hayan querido dejar paso a nuevos liderazgos en sus respectivas formaciones y que sus militantes se hayan vuelto a entregar a ambos para redefinir el camino tras su retroceso electoral no es, a mi juicio, buena noticia ni para Cataluña ni para España.
Los Presupuestos del 2025 serían ya los segundos en no ser aprobados si los diputados republicanos y los de Junts, sobre todo, no se avienen a darles luz verde. También juegan esa partida Podemos o el PNV, pero es Puigdemont, como ya hemos visto este 2024, el que de verdad inquieta en Moncloa. Por eso Sánchez ha dado un paso adelante este lunes cuando, tras el último Consejo de Ministros del año, ha confirmado por primera vez ante micrófonos que podría tener un encuentro personal con el expresident en cualquier momento, aunque no concretase fecha.
Los últimos movimientos de los de Junts con el PP también tienen mucho que ver en esta declaración del presidente. Sus recientes ‘coincidencias’ en votaciones claves del Congreso para hacer fracasar iniciativas del Gobierno están legitimando en Génova a los de Puigdemont y abriendo un hipotético, aunque dificultoso, camino de entendimiento y de posibles apoyos futuros para conformar una mayoría alternativa a la que sostiene hoy a Sánchez.
Puigdemont quiere terminar el año tensando la cuerda con Sánchez: “Si sigue así no le apoyaremos”, ha respondido este martes a la mano tendida del presidente. Aunque la realidad electoral le negase en junio pasado su apocalíptica visión de una Cataluña sojuzgada por España y necesitada de él como libertador, la aritmética del Congreso y sus siete diputados, mantienen vivo su ensueño. Y puede ser uno de los principales peligros del nuevo año, además de Trump y el juez Peinado.

