Escrito por • 9:57 pm• Política

Cerdán y la fontanería tóxica dejan herido al sanchismo

Pedro Sánchez no va a salvar la ‘crisis Cerdán’ pidiendo simplemente perdón. Ningún otro escándalo, investigación o imputación judicial ha llegado tan de lleno al corazón del sanchismo. Santos Cerdán, el hasta este jueves secretario de Organización del PSOE, número tres del partido y hombre de confianza del presidente en los pasillos de Ferraz ha caído tan estrepitosamente que las consecuencias de semejante terremoto son todavía impredecibles. Sánchez, que viene superando numerosos tsunamis políticos en apariencia insalvables, desde la Ley de Amnistía hasta la imputación de su hermano o la investigación judicial de su mujer, se enfrenta ahora a la peor corrupción dentro de su partido. La expulsión de Cerdán o la auditoría interna anunciada no podrán sofocar, por sí solas, tamaño incendio. Urge iniciativa política, limpieza extrema y dar la cara con los socios que ya empiezan a revolverse para no salir contaminados de ésta.

Sánchez llegó a La Moncloa gracias a la primera moción de censura que ha triunfado en España después de que el PP fuera condenado por corrupción en el juicio de la Gürtel. Esa fue su bandera, además de su aura de líder limpio, elegido por los militantes en contra del aparato, y capaz de modernizar al PSOE tras la irrupción de Podemos para llevarle de nuevo al poder. Los ataques sin tregua que llevan sufriendo sus sucesivos gobiernos han sido rechazados gracias a la complicidad de todos sus socios parlamentarios, conjurados en no abrir la puerta de Moncloa a un PP aliado con Vox. Pero la mancha de la corrupción es demasiado dañina y nadie quiere que le alcance.

Tanto Junts como la propia Yolanda Díaz, socio del Gobierno de coalición, pedían en estas últimas horas reuniones urgentes y ‘resetear’ la relación y los compromisos pactados. Previsiblemente también lo irán pidiendo todos los demás. La legislatura, que ya caminaba con serias dificultades, se tambalea como nunca.

¿Cómo es posible que un hombre como Cerdán, que sustituyó a Ábalos tras sus sospechosos indicios de corruptelas, no fuese detectado como parte de las mismas al serle entregada la delicada cartera de Organización? No parece creíble que partidos con la historia y veteranía del PSOE cometan semejantes desatinos. Los fontaneros siempre han sido y son necesarios en las organizaciones para manejar y negociar asuntos fuera de los focos, pero esa oscuridad, que permite una amplia discrecionalidad, no puede ser tóxica para su supervivencia. Y toda organización que se precie debe contar con mecanismos que ejerzan de antídoto ante semejante veneno. ¿Acaso el PSOE sanchista no los tiene?

Hasta ahora los muchos casos que acosaban al Gobierno en los juzgados tenían a hostiles jueces instructores o a interesadas querellas de la ultraderecha como protagonistas. Había, y hay, sólidos argumentos defensivos tanto para el PSOE como para sus socios parlamentarios. Únicamente el caso Ábalos olía mal pero se pretendía encapsulado después de su expulsión del grupo parlamentario. La ‘bomba Cerdán’ y el informe de la UCO con las grabaciones que lo incriminan en mordidas y en manejos fraudulentos de la vida interna del PSOE, sin embargo, han volado por los aires todo el muro protector del presidente. A Feijóo la concentración del pasado domingo para pedir, una vez más, elecciones anticipadas, le salió sólo regular, como la mayoría de las embestidas que lleva intentando contra Sánchez desde que tomó las riendas del PP, pero el inesperado caso Cerdán le acaba de regalar una nueva oportunidad. Con todo, los motivos por los que los socios parlamentarios que sostienen a este Gobierno progresista no han desistido hasta ahora de mantener su apoyo siguen siendo los mismos y continúan tan vivos, o más, que cuando votaron la investidura de Sánchez. Sería un imperdonable error que, después de tanto, un fontanero tóxico y corrupto fuera capaz de llevarse por delante a un gobierno tan experto en supervivencia. Veremos.

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