Nuevas revelaciones de Ángel Viñas y Guillem Martínez
José García Abad
El historiador Ángel Viñas con la valiosa colaboración de Guillem Martínez Molinos, ingeniero y economista que pudo acceder al archivo de la Texaco y del monopolio español de petróleo, ha publicado “El oro negro de Franco. Petróleo y espionaje en la guerra civil”, editado por Crítica, con importantes revelaciones del decisivo papel del petróleo en la victoria de Franco en la guerra civil.
Su tesis consiste en que las operaciones de los sublevados no se habrían desarrollado sin las iniciales ayudas foráneas, especialmente de la multinacional norteamericana Texaco, así como del espionaje franquista, especialmente el dirigido por el exembajador en Francia, José Quiñones de León, el suministro ininterrumpido por parte de las potencias del Eje, y la financiación por Juan March entre otros empresarios.
Fueron una de las numerosas razones por las que el gobierno de la República perdió la guerra del petróleo y la guerra civil. Sostienen los autores que a principios de septiembre de 1936 el Gobierno había perdido la incipiente contienda, tal como sostuvieron el presidente Azaña y muy separadamente de él, el agregado militar a la embajada francesa, el teniente coronel Henri Morel.
Encabezados por el marqués de Torrehoyos
Ponen los autores el acento en las gestiones de los representantes más conspicuos del capitalismo español de la época, representados en una parte del consejo de administración de la nueva CAMPSA de Burgos y encabezaos por el hoy ampliamente desconocido marqués de Torrehoyos, así como las conexiones trabadas por empresarios asociados con CEPSA.
Subrayan “que las informaciones en cuanto al volumen de envíos soviéticos a la CAMPSA republicana que se publicaron por la Arrendataria en los años cincuenta carecen de todo fundamento y hemos condenado al infierno de los historiadores no decentes al probo funcionario del cuerpo de ingenieros industriales al servicio de la Hacienda que se inventó datos”.
Señalan que “la superabundancia de fletes, vía la CAMPSA de Burgos, o los proporcionados por la Texas Co., hizo que la España de Franco no careciera nunca de combustible para atender las necesidades bélicas y no bélicas durante la contienda. Se ha descartado el mito de que Franco se sirviera de “supercombustibles”. En todo caso, la gasolina importada fue de mejor calidad de la que los soviéticos pudieron suministrar a la Republica”.
José Quiñones de León y otros espías de Franco
Los autores destacan la actuación de tres sistemas de espionaje propio, de la Texas y mejorado por las aportaciones del llevado a cabo por los países del Eje y revelan dos hechos hasta ahora desconocidos por completo: el primero el no demasiado sofisticado enfoque para “comprar” la complicidad de los capitanes de buques que transportaban petróleo y diversos materiales, agrícolas e industriales, destinados a apoyar la resistencia republicana a través de las peligrosas aguas mediterráneas; y el segundo, la actuación de una amplia red de espionaje en Francia orientada por uno de los conspiradores que más daño hicieron a la República desde antes del estallido de la guerra civil: el exembajador de la Monarquía en París José Quiñones de León.
Viñas y Martínez traen a colación algunos datos poco circulados en España sobre el destino que las proclividades nazis de Torkild Rieber iban a jugar cuando todavía Estados Unidos no habían entrado en guerra con el Tercer Reich, aunque ya se oteaba oír donde podrían ir los tiros. Subrayan la deshonestidad de la leyenda que propagaron respecto al origen y el desarrollo de su apoyo a la causa franquista, considerada casi como propia.
En definitiva: “la ayuda fascista, nazi y luso-norteamericana a los sublevados cambiaron las tornas. (…) la Texas ya había decidido cambiar de clientes y sostener, imperturbable, la naciente España franquista”.
En el caso español, concluyen los autores: ”la superioridad de los vencedores abrió la puerta a una larga dictadura, como ocurrió con los países europeos que ocupó el Ejército Rojo. Hoy el Parlamento Europeo lo ha olvidado y en su museo, la Casa de la Historia Europea, el caso español apenas si aflora. ¿Y la no intervención? Ignorada.”

