Carlos Berzosa
En mi artículo anterior “Los nefastos primeros cien días del gobierno de Trump” acababa señalando que para entender la situación a la que se ha llegado hace falta un análisis histórico estructural. Un enfoque, en consecuencia, con perspectiva histórica que proporcione los rasgos fundamentales que, a mi modo de ver, han determinado la realidad actual. Una visión estructural a su vez que ofrece una concepción global de las relaciones económicas y de interdependencia entre las partes, en el que desempeña un papel primordial no solo las relaciones cuantitativas sino las relaciones sociales.
Trump en el periodo en las campañas electorales, tanto en la que gobernó la primera vez, como en la que ha precedido a la victoria actual, ha lanzado la misma consigna MAGA, que son las siglas de Make America Great Again, que en castellano viene a significar Haz a los Estados Unidos grande otra vez. Es el reconocimiento de que Estados Unidos ha sufrido una decadencia en las últimas décadas sobre lo que fue en el pasado. ¿Pero cuándo realmente fue grande Estados Unidos? Chomsky en su libro Réquiem por el sueño americano (Sexto piso, 2017) considera que ha habido dos periodos diferentes en la historia de su país. La Edad Dorada de finales del siglo XIX y los principios del XX con los locos años veinte, y la Edad de Oro periodo de crecimiento en los años 1950 y 1960 del siglo pasado. Me parece una caracterización acertada.
Para nuestro propósito nos interesa este último en el que Estados Unidos desempeña un papel hegemónico en el orden internacional que se comienza a configurar al final de la segunda guerra mundial y que se rompe en los años setenta. En el año 1976 publiqué mi primer libro ¿Fin del imperio Usa? (Planeta) Fue una propuesta de Martínez Cortiña, catedrático de Estructura Económica en la UCM y director de la colección de economía de la editorial Planeta, que a su vez me sugirió el título. Yo era por entonces ayudante con dedicación exclusiva en su cátedra y acepté muy agradecido la propuesta por la confianza que depositó en mí.
El título tenía su razón de ser, pues en abril de 1975 acabó la guerra de Vietnam con la derrota de Estados Unidos. David ganó a Goliat. Esto significó un síntoma del declive del imperialismo de Estados Unidos, que ejerció fundamentalmente tras la segunda guerra mundial. Pero además de ello y, como consecuencia de la guerra, se produjo en 1971 la crisis del dólar, que devaluó dos veces en poco tiempo, lo que le obligó a este país a suspender la convertibilidad del dólar en oro, y acabar con el sistema de tipo de cambio fijos, el cual había regido en el sistema monetario internacional que salió de Bretton Woods en 1944.

Entre 1971-1973 tuvo lugar la crisis monetaria internacional, desencadenada por las dificultades del dólar y que precedió a la crisis del petróleo que estalló a finales de ese último año, cuyo detonante fue la Guerra de Yom Kipur, que fue un conflicto bélico entre una coalición de países árabes, liderada por Egipto y Siria en contra de Israel. La fuerte subida de los precios del petróleo generó en los países desarrollados una recesión económica, un aumento del paro y una disparada inflación. Se estaba en la crisis de los setenta que acabó en gran parte con el orden internacional de posguerra y los treinta gloriosos de los países avanzados, que se caracterizaron por un elevado crecimiento y pleno empleo, que vino acompañado de mejoras en la igualdad de renta y riqueza, y, por tanto, con un mayor grado de cohesión social. En el libro pretendí dar respuesta a las causas de esta crisis y sus consecuencias, así como las tendencias de la economía mundial, que si bien no acababan con el imperio USA, este salió un tanto dañado. De manera que aquí también se acabó el sueño americano al que alude Chomsky.
Hubo otro hecho de singular importancia y es que en 1970 se produjo un déficit comercial de Estados Unidos que no tenía lugar desde 1893. En este periodo de 1947-1970 Estados Unidos sí tuvo déficit de la balanza de pagos, fundamentalmente por las inversiones extranjeras y la cantidad de bases militares en el exterior. Un déficit que podía mantener debido al papel que el dólar jugaba como moneda internacional. La expansión militar a lo largo del mundo y las inversiones extranjeras, básicamente de las grandes corporaciones multinacionales fue financiada gracias a que su moneda el dólar se convirtió en el medio de pago internacional aceptada por todos los países del área capitalista.
El déficit comercial, que desde entonces se mantiene, es un síntoma de la pérdida de competitividad de la economía americana. En primer lugar, con los países europeos, principalmente Alemania, luego con Japón, más tarde los Nuevos Países Industriales, entre los que destacan Corea del Sur, Taiwán, y Singapur. Más recientemente China e India. Estados Unidos al igual que otros países desarrollados va a sufrir una creciente desindustrialización en favor de los países asiáticos. Las finanzas se van a convertir en las transacciones internacionales más poderosas por encima del comercio de bienes y servicios y el crecimiento del PIB. Se está ante un periodo distinto al que tuvo lugar en los treinta gloriosos. Se entra además en una fase de globalización neoliberal, que va a tener consecuencias muy negativas para el desarrollo económico, y que explicará en parte lo que está sucediendo en el desorden mundial en el que nos hemos adentrado, y que abordaré en el siguiente artículo.

