Escrito por • 7:26 pm• Política

¿Cómo se camela a Junts?

Inmaculada Sánchez

Carles Puigdemont ya no es president, ni eurodiputado, ni siquiera diputado en el actual Parlament de Cataluña, y su partido cae en los sondeos frente a la ultraderecha catalana, pero sus siete diputados en el Congreso le mantienen en una desmesurada posición de poder frente a Pedro Sánchez y a Alberto Núñez Feijóo. Ambos han hincado la rodilla en los últimos días para pedirle sus votos: el líder del PP suplicando a los empresarios catalanes que le convenzan para sumarse a una moción de censura y el presidente del Gobierno admitiendo que no le cuida lo suficiente y regalándole los oídos con nuevas dádivas y promesas. Nunca siete votos fueron tan caros. Quedan dos años de legislatura y de cómo responda el líder de Junts a tanto cortejo depende si se cumplen o no.

Llevamos dos años en un sinvivir parlamentario con este Gobierno.  Cada mes, cada semana de vida ha sido un triunfo en el calendario. No pocos de ellos inesperados y en el último minuto, alimentando en el PP la ansiedad por un inminente fin de la legislatura que nunca llega. Deberíamos estar acostumbrados, pero en los últimos meses la dosis de ansiolíticos necesaria para sobrellevar tal carrusel de inestabilidad política ha superado la permitida por el médico. Desde que Santos Cerdán y José Luis Ábalos cruzaron la puerta de la cárcel y Carles Puigdemont dio por rotas las relaciones con el PSOE el fantasma de la rendición de Sánchez tiene de los nervios a toda la clientela electoral de este Gobierno.

Los de Puigdemont han tirado de la cuerda tantas veces que nunca parece que la vayan a romper pero en esta ocasión han querido hacer notar que van más en serio que nunca. Asistir desde la oposición a más de un año ya de Salvador Illa en la presidencia de la Generalitat, apoyado en sus antiguos aliados de ERC como socios, debe estar resultando muy duro para los exconvergentes. En este tiempo, además, han visto cómo una fuerza hasta hace poco anecdótica como la ultraderechista Aliança Catalana les ha ido comiendo el terreno hasta situarse en posición de darles el sorpasso, según las últimas encuestas. La luz roja de peligro lleva tiempo encendida en los muchos ayuntamientos que gobierna Junts y sus alcaldes claman que la cercanía al PSOE en Madrid contamina sus expectativas electorales. Pero a Puigdemont lo que más le ha dolido es que Sánchez no se tomara en serio su ruptura.

Es lo que pasa cuando juegas tanto al ‘que viene el lobo’: que Moncloa minimizó las palabras de Miriam Nogueras en el hemiciclo cuando dijo que la relación con el Gobierno se había acabado. Hasta que hace dos semanas llamó cínico e hipócrita a Sánchez desde la misma tribuna mientras Zapatero volvía de sus gestiones de apaciguamiento con los de Junts con las manos vacías. Donde se encendieron entonces las alarmas fue en los despachos monclovitas.

Algo detectaron también en Génova y, presos de su eterna impaciencia, han vuelto a soñar con la moción de censura. Feijóo se atrevió a volver a mencionarla recientemente y ha llegado a pedir a los empresarios catalanes, en un acto de su patronal, Foment del Treball, en Barcelona que intenten convencer a Junts para que la apoye. “Me faltan votos de los suyos·, dijo abiertamente para reclamar mayor implicación de los presentes después de desgranar las bondades fiscales y económicas que acompañarían a un Gobierno del PP.

La capacidad de seducción del líder del PP con Junts es, sin embargo, tan limitada que apenas duró unas horas. Recogida la frialdad y hasta el malestar que provocó en Barcelona su solicitud, un día después el mismo Feijóo clamaba en Madrid ante los suyos que quiere llegar a presidente a través de las urnas. Recordemos que el gallego tiene en su haber político la firme determinación de ser presidente sólo cuando quiera: no lo fue, tras las últimas elecciones, porque “no quiso”, según reza una de sus lapidarias frases para la historia política de este país.

Mientras en el PP fantasean con el apoyo de los independentistas catalanes Pedro Sánchez se ha puesto a mimarlos en una de sus enésimas piruetas para salvar el Gobierno. Ha dado sendas entrevistas a dos medios catalanes, la radio privada de mayor audiencia, RAC1, y el canal catalán de RTVE, puesto en marcha precisamente en cumplimiento de uno de los pactos con Junts. Todo bien medido y calculado. En ellas se ha entregado, en palabra y obra, a los de Puigdemont. Asume incumplimientos, retrasos en lo pactado y derecho al enfado de los posconvergentes, les aprueba en el Consejo de Ministros de esta misma semana varias reclamaciones pendientes, entre ellas nada menos que la gestión de la oferta pública de empleo, y promete para próximos días las más peligrosas sobre ayudas a los propietarios de viviendas en alquiler o endurecimiento de castigos para multirreincidentes extranjeros.

Un precio cada vez más alto que nunca es garantía de nada. De momento, Nogueras, por boca de Puigdemont, ha reiterado que la relación continúa rota. Siguen sin fiarse aunque si se empieza a cumplir con lo reclamado la puerta cerrada se podría volver a abrir.  Envenenado dilema para Moncloa y para los socios de izquierda que se han mantenido leales y pueden sentirse tentados a dejar el barco si consideran que ya no rema a su favor. La ciencia política nos dice que un gobierno sin un apoyo parlamentario estable y suficiente no puede gobernar, pero éste que  preside Pedro Sánchez lleva dos largos años contradiciéndola. Veremos si el ‘mago de la resistencia’ que reside en Moncloa sabe, una vez más, cómo hacer honor a su leyenda. O nos vamos preparando para elecciones.

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