Tertulia “El uso político de la historia y la “memoria democrática”, con Manuel Álvarez Tardío, presentado por Josep Maria Castellà, catedrático de Derecho Constitucional UB y presidente del Club Tocqueville. Acto coorganizado por el Club Tocqueville y el Círculo Ecuestre en la sede del Círculo Ecuestre.
José García Abad
Algunos historiadores – denunció Nicolás Sesma en El País del pasado 13 de julio – están empeñados en convencernos de que la Restauración, [la del golpe de Estado del general Arsenio Martínez-Campos el 29 de diciembre de 1874, que acabó con la Primera República, entronizó a Alfonso XII y promulgó la Constitución de 1876] con todas y cada una de sus elecciones amañadas, era en realidad más democrática que la establecida a la muerte de Franco con la Constitución del 78, y que Alfonso XIII iba camino de convertirse en un modélico monarca, se supone mejor que Juan Carlos I.
Se refiere Sesma a Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa, José Ignacio Nicolás-Correa o Inger Enkvist , cuyo objetivo es en su opinión establecer en el imaginario colectivo que la II República se reduce a una época oscura marcada por el sectarismo, el desorden y la conflictividad.

José Ignacio Nicolás-Correa
Sostiene el autor del artículo que la República fue “un régimen constitucional sin duda imperfecto, como todas las jóvenes democracias de entreguerras. Imperfecto pero nacido de un proceso electoral y con alternancia en el poder, portador de un modelo territorial descentralizado, que representó uno de los momentos culminantes de la ciencia española, y que hizo posible que Clara Campoamor aprobara el sufragio femenino…”
Ha tenido que intervenir el Tribunal Constitucional y hasta la ONU
A este comando de monárquicos históricos hay que añadir los intentos de algunos personajes que ocuparon cargos durante el franquismo de blanquear la dictadura durante la misma Transición, así como los gobiernos autonómicos de Castilla y León, Valencia y Aragón que en la actualidad se burlan de las leyes sobre la memoria histórica, eludiendo la calificación del franquismo como dictadura.
Se valen del engañoso término de “Concordia,” – no puede haber concordia entre la dictadura y la democracia – y muestran hasta qué punto el franquismo sigue más vivo que muerto, que Franco no está bien enterrado.
Así lo muestra que haya tenido que llevar el gobierno de la nación al Tribunal Constitucional y que haya intervenido hasta la ONU, que muestra a su vez que no se limita a una cuestión interna de España sino que forma parte del programa de la ultraderecha mundial que ha perdido la memoria, y la vergüenza.
La ONU insta al gobierno de España a que «tome las medidas necesarias» para preservar la memoria histórica frente a las leyes de concordia tramitadas por PP y Vox, alegando que pueden «invisibilizar» las «graves violaciones de los Derechos Humanos» cometidas durante el «régimen dictatorial franquista».
Como advierte Sesma “Si la crítica a la República española y la consiguiente justificación del golpe y la dictadura franquista calan en la opinión, la onda expansiva podría llegar hasta el Frente Popular francés. Así se lo podrá culpar —como ya intentó el mariscal Pétain con el Proceso de Riom (1942-1943)— de la derrota de junio de 1940, la que contó Chaves Nogales en La agonía de Francia. Así se explica la extraña atención que el diario Le Figaro, el mismo que en mayo de 1937 negaba el bombardeo de Guernica, prestaba hace un par de años a la traducción de la obra de un conocido revisionista. Como para fiarse ciegamente de la prensa moderada y responsable.”
Quemaron camiones enteros de documentos
Una parte de la derecha española no tragó la Constitución desde el mismo momento de su promulgación procediendo, miembros del gobierno de UCD, al radical sistema de quemar camiones enteros de documentos del franquismo, tal como demuestran Óscar Alzaga y el historiador Ángel Viñas.
Así lo cuenta Alzaga en entrevista con Ojo Avizor: “España es el único país de Europa que, tras cuarenta años de dictadura totalitaria durante nuestro siglo XX, ha destruido -siendo ministro del Interior Rodolfo Martín Villa y presidente del Gobierno Adolfo Suárez- sus archivos con los informes de las direcciones generales de Seguridad y de la Guardia Civil sobre las actividades de quienes desde la ilegalidad combatieron el franquismo. Países como Alemania o Italia conservan enormes archivos policiales sobre los demócratas que militaron en la oposición al Nacional Socialismo y al Fascismo. Dedico el primer capítulo de mi libro “La conquista de la Transición (1960-1978)” a explicar la orden de quema de millones de documentos policiales”.
Fue obvio – señala – que a los políticos que provenían del régimen y se presentaron a las elecciones de 1977 no les convenía que se supiera la dura realidad del franquismo y la forma en que su régimen político reprimió sistemáticamente a la oposición democrática. Ellos querían participar, durante el nuevo periodo de nuestra vida pública, en los nuevos partidos políticos y comparecer ante la opinión pública como demócratas.
Estos hombres públicos siguieron en cierta medida el modelo de Fernando VII y otros españoles de nuestro siglo XIX que procuraron borrar de nuestra historia importantes hechos que habían sucedido, para lo cual quemaban la documentación que se refería a los mismos.
Nuestra historia tuvo esta singularidad y pese a que en España y la Portugal de la dictadura de Oliveira Salazar hubo durante más de cuarenta años dictaduras con similar orientación totalitaria, en nuestro país hermano se conservan más de cuatro archivos gigantescos de aquella época, sin que nuestros historiadores gocen de análogos fondos documentales.
Ángel Viñas, un historiador valiente
En este contexto es de justicia resaltar el papel de historiadores de buena ley como Ángel Viñas que han trabajado incansablemente, incluso durante el franquismo, para aferrarse a la realidad comprobable y al defender el honor de la República sin ocultar por ello sus defectos así como las virtudes de nuestra Transición.

Ángel Viñas
Cuenta Ángel Viñas en su libro “La forja de un historiador” (Editorial Crítica del grupo Planeta), que estuvo abocado en 1971 a husmear en archivos en lo que se convirtió en su tesis doctoral y en su primer libro centrados en los antecedentes de una reunión de emisarios de Franco con Hitler en Bayreuth (Baviera), al este de Alemania) en julio de 1936.
Pudo realizar descubrimientos que cambiarían la forma de entender la República, la guerra civil y la dictadura siguiendo un método particular que viñas describe con la sigla EPRE (Evidencias Primarias Relevantes de Época).
Sin reconciliarnos con el pasado
Llegó Viñas a la conclusión de que: “por desgracia, la España de hoy no ha llegado a reconciliarse del todo con su pasado”. Sostiene que aquí el pasado no termina de pasar y en cuyo presente los gobiernos seguían un tanto remisos a reconocer la violencia de lo que algunos continuaban denominando “el anterior régimen” así como a tomar medidas efectivas para lidiar con sus consecuencias negacionistas, algo particularmente notable durante los años de Aznar.
A la pregunta que Ángel Viñas se hace sobre cuándo se abrirán los archivos, Óscar Alzaga contesta: “Nunca”, refiriéndose a la quema de documentos.
“Era necesaria una labor de recuperación de documentación, -sostiene Viñas en su libro “La forja de un historiador”, tarea que no incumbía solo a la Administración, sino también a los partidos políticos y a las instituciones públicas y privadas. Denuncié deficiencias físicas, depredaciones sistemáticas y, en general, la gran “desprotección de la masa archivística”. (…) “junto con las dificultades de consulta, ponían en peligro la defensa de la democracia” (…) “Fui pesimista: “La historia completa y científica del franquismo tardará en escribirse por lo menos treinta años”.
Secretos del franquismo
Ángel Viñas que ha desvelado importantes secretos del franquismo, como las falsedades del régimen sobre “el oro de Moscú”, la aportación nazi al bando rebelde, o la vergonzosa afrenta a la soberanía nacional de los pactos con Estados Unidos confiesa: “Di una batalla, sin éxito, en favor de la apertura de archivos. Los del franquismo, expliqué, eran decisivos para la democracia. Ya anuncié en 1979 que “solo cuando se abran las puertas a la consulta de los archivos del franquismo se podrá superar la historiografía superficial que sobre esta época se está haciendo en España, basada en ensayos de índole sociológica, sicológica o cultural”.
No pretende ser mejor historiador que otros. Sin embargo presume que tras cumplir los 81 años que quizás otros no tengan con la misma intensidad: “a) soy muy curioso y no me contento con leer lo que escriben los demás; b) deseo dar un pasito hacia adelante en lo que se refiere al descifrado de un pasado que en su totalidad sigue teniendo parcelas desconocidas o poco conocidas; c) me considero un incansable buscador de EPRE, porque la todavía no aflorada puede ser la que quizás permita apreciar nuevas vetas de ese pasado aún por conocer; d) quizás por mi larga experiencia como funcionario a la hora de aconsejar o de decidir sobre papeles, he desarrollado una cierta forma de intuición en mirar lo que pudiera haber habido detrás de los documentos.

