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Corinna, que pudo ser Reina de España, se estrella en los tribunales ingleses


Corinna Larsen


Por José García Abad


El Tribunal Superior de Inglaterra y Gales ha sentenciado en favor del rey emérito tras un proceso que ha durado casi tres años como consecuencia de una demanda de Corinna Larsen en la corte civil de Londres en junio de 2021 por acoso, coacciones y difamación. Reclamaba a Don Juan Carlos 126 millones de libras (unos 146 millones de euros) de indemnización. 

La juez Collins razona en su sentencia: «Mi conclusión principal es que el Tribunal Superior de Inglaterra y Gales carece de competencia para conocer de esta reclamación. Esto se debe a que no se ha interpuesto contra el demandado en su país de domicilio, como es su derecho por defecto; y la demandante no me ha convencido de que tenga argumentos sólidos y defendibles de que su reclamo cae dentro de una excepción a esa regla predeterminada».  Menciona también la jueza «la inconsistencia» de los argumentos de Corinna.

Estuvo a punto de ser reina de España 

Con Corinna zu Sayn-Wittgenstein, Larsen de soltera, nacida en Frankfurt el 28 de enero de 1964, divorciada de Casimir zu Sayn- Wittgenstein, Juan Carlos I perdió la cabeza e incluso la Corona pues parece que fue una de las causas de su abdicación, el 18 de junio de 2014. 

La mujer detalló justificó  el dinero recibido del monarca contando al tribunal  que Juan Carlos le propuso matrimonio en mayo de 2014 y, ante su negativa, el rey le exigió que le devolviera los regalos y «difundió acusaciones falsas de que le había robado dinero.. 

La afirmación de Corinna de que fue ella quien rechazó la propuesta matrimonial del rey  es una verdad a medias que roza la mentira. La verdad es que fue la alemana quien se había propuesto como su gran objetivo estratégico ser reina de España y, por tanto, casarse con el monarca y, para mayor seguridad, concebir un hijo suyo. 

Es cierto que don Juan Carlos le pidió matrimonio y que ella lo rechazó en 2014, unos días antes de que abdicara, pero no fue por las razones que proporcionó Corinna, de que se había enterado de que su novio la traicionaba con otra u otras amantes. La realidad, que creo que hasta ahora no se ha revelado, es que la novia se negó al matrimonio cuando se enteró de que su pretendiente no podía tener más hijos, pues, tras el nacimiento de Felipe, se había hecho la vasectomía, lo que le permitía follar a calzón quitado sin consecuencias embarazosas. 

Seguía, de esta forma, el consejo de su padre: «Mirad —se justificó don Juan dirigiéndose a sus compañeros que le acompañaban en viaje de Mallorca a Ibiza—, os voy a confiar a vosotros lo que le digo a Juanito [don Juan Carlos]: mi vida privada ha sido mi vida privada, pero lo que te garantizo a ti y a tus hermanos es que no os he dejado por ahí a ningún hermano. Mi padre actuaba de otra forma. Con la Moragas tuvo un par de hijos, Leandro y María Teresa. Las dejaba embarazadas. Yo no. Nunca ha aparecido nadie que haya hecho ninguna reclamación al respecto. Siempre me he ocupado de mi esposa y de mis hijos… y luego tengo mi vida. Jamás le haría una faena a María»

Aseguró que había realizado servicios confidenciales

La que fuera princesa consorte, condición que alegaba falsamente por su segundo matrimonio vendió a la prensa española que prestaba una colaboración “delicada” al Gobierno español. Aseguró que no quería ser una celebridad, pero sus actuaciones “confidenciales” se trataron en la Comisión de Gastos Reservados del Parlamento donde informó al respecto, negando la existencia de tales servicios el responsable del Centro Nacional de Inteligencia, a la sazón Félix Sanz Roldán.   Destacados representantes políticos, entre ellos José Bono, negaron entonces a la revista El Siglo que Corinna hubiera hecho trabajo alguno para el Ejecutivo

Corinna se vio envuelta en las actividades de Iñaki Urdangarin y Diego Torres en el Instituto Nóos. Entonces aseguró que su única relación con el primero consistió en buscarle un trabajo acorde con su estatus por indicación del rey, trabajo que el duque rechazó. 

Fue su amante, su socia y la única mujer con la que había decidido casarse, divorciándose de la reina Sofía. La Constitución no dice nada sobre las esposas del rey. Sí habla sobre la esposa de su sucesor en el artículo 57/4: “Aquellas personas que tuvieran derecho a la sucesión en el trono contrajeran matrimonio contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales, quedarán excluidas en la sucesión a la Corona por él y sus descendientes”.

En el 57/5 se aclara: “Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica”., una ley orgánica que nunca se proclamó.

Corinna acarició esa posibilidad desde el periodo de mayor intensidad pasional cuando, como decía, entre 2004 y 2009, el rey la instala dentro del recinto de El Pardo en el ámbito del palacio de la Zarzuela, habilitado con dinero público.  Tiempo después, cuando tras el incidente de Botsuana ocurrido en 2012 se ocupa del traslado a España del rey que se había partido la cadera en tres trozos, actuó como una esposa, con una presencia permanente junto a la cama del rey en la clínica, lo que generó los consabidos comentarios públicos que aventuraban la inminencia de boda y provocó situaciones comprometedoras cuando la reina visitaba al esposo. En uno de esos momentos Alfredo Pérez Rubalcaba se dirigió a Corinna y le dijo: “Señora, tiene usted que marcharse ya mismo, pues la reina ha llegado al hospital”.

Todo iba bien hasta que empezó a ir mal

Corina Larsen asegura que todo fue bien hasta que Juan Carlos le confesó que, durante el quinquenio de 2004 a 2009, había tenido relaciones con otras mujeres. Según ella, durante una conversación que tuvieron, don Juan Carlos le dijo que, «como ella no había estado disponible en ese tiempo, tenía una nueva novia». Se trataba de la abogada y profesora de Derecho Mercantil valenciana Sol Bacharach.

La versión de Corinna fue muy posterior a los acontecimientos que narramos y es de suponer que la utilizó de cara a la campaña de prensa que hizo cuando presentó un pleito en la corte civil londinense. En realidad, la relación de Don Juan Carlos con Sol Bacharach era un asunto antiguo e intermitente. 

Juan Carlos y Corinna siguieron siendo novios, pasando por las alternancias propias de este estado sentimental, de las típicas rupturas a las amorosas reconciliaciones. La propia Corinna reconoce que, a finales de 2011, el rey le prestó 1,7 millones de libras para que se comprara una casa en Eaton Square valorada en 5,9 millones.  

En ese mismo año Corinna, a través de la empresa Apolonia, quiso montar en el palacio real un acto presidido por el rey para recaudar fondos. El entonces director del CNI Alberto Saiz, de acuerdo con Alberto Aza, a la sazón jefe de la Casa del Rey, lograron impedirlo. Pero no consiguieron impedir que por medio de la fundación Laureus organizara varios eventos recaudatorios en Barcelona. 

El célebre safari de Botsuana fue un regalo del rey a Alexander, el hijo de Corinna, al que trataba como si fuera suyo propio, cuando el niño cumplió diez años. La madre aseguró, probablemente para alejarse del desastre de la imagen del elefante pasando la exclusiva responsabilidad al monarca, que pronto se dio cuenta de que Alexander era solo la excusa y que el viaje era simplemente un capricho de don Juan Carlos, que se había escudado en el niño para llevarlo a cabo.

El monarca, según contó Corinna a la BBC, no cejó en el empeño: “En 2014 hizo intentos desesperados para que volviera con él, pero se dio cuenta de que no iba a volver y se puso completamente furioso. Pidió que le devolviera todo. Creo que fue solo un berrinche”, contó. 

Rajoy envía a Sanz a convencer a Corinna 

Mariano Rajoy, para evitar que Juan Carlos se divorcie de Sofía y se case con la alemana, envía el 5 de mayo de 2012 al director del Cesid, el general Félix Sanz Roldán, a Londres  con la misión de hablar con Corinna para convencerla de las graves consecuencias que depararía para España si se producía tal acontecimiento, lo que podría afectar a la seguridad de Corinna y de sus hijos, rogándola que pusiera fin a la relación sentimental con Juan Carlos I “por el bien de España”. 

Larsen se lo tomó como una amenaza “Me dijo – cuenta – que yo sabía cosas que podían afectar a 45 millones de personas y que no podía garantizar mi seguridad personal ni la de mis hijos si no cumplía con sus recomendaciones, que en realidad eran órdenes. Y que el Rey estaba pensando en abdicar”. El general Sanz Roldan negó tales amenazas y envió a Corinna una carta tranquilizadora, prometiéndole la máxima protección. Sanz, fue jefe de los espías con Zapatero, por sugerencia del ministro de Defensa, José Bono, y continuó en el puesto en el gobierno Rajoy por petición a este del monarca. 

Tanto José María Aznar como Mariano Rajoy pidieron al rey que abandonara a Corinna y ambos recibieron la negativa de Don Juan Carlos que les dijo que, si fuera necesario, abdicaría.

Les separó el dinero

Corinna se queja de que, en los tiempos en los que la relación estaba viva, el rey la había utilizado como testaferro, como había hecho con Álvaro de Orleans Borbón, primo lejano suyo, aparcando en su persona una parte de su fortuna, las cuentas de banco en Suiza y que cuando llega la ruptura le reclama ese dinero, diciendo que le pase ese dinero a Álvaro a través del abogado suizo Dante Canónica,  lo que ella no puede hacer porque se la acusaría de blanqueo de capitales.

Corinna se queja a Canónica: “[Juan Carlos I] y sus amigos pueden volver loco a cualquiera con sus tonterías. Estoy tan enojada. Estoy a punto de perder los estribos (…) En el frente británico, tendré que tomar todas las medidas necesarias para protegerme lo mejor posible. No tengo inmunidad diplomática y no estoy preparada para aceptar el golpe por tu amigo, primo, etcétera (….)  Si quieres ser mediador o solucionador de problemas, tu dilema será conciliar mi posición de hacer las cosas lícitamente con la posición de amigos [el rey emérito] que implica esencialmente violar la nueva ley [del rey Felipe VI] sobre obsequios, vuelos gratis y todo lo que pueda traer a la institución un descrédito, mientras potencialmente viola las leyes anticorrupción y blanqueo del Reino Unido”.

El 5 de marzo de 2019, los abogados de Larsen en Londres enviaron a Jaime Alfonsín, jefe de la Casa del Rey, una carta en la que le informaban de la existencia de la fundación Lucum y de la presencia de Felipe VI como beneficiario a la muerte de su padre. Semanas después, Felipe VI renunció ante notario a cualquier derecho 

En 2020, Larsen contrató a Mario Bero, el famoso  detective ginebrino dueño de Alp Services S.A, para que  investigara a “10 hombres de paja”, amigos de Juan Carlos I, destruyera la reputación del fiscal suizo, y limpiara en internet las noticias que dañan su reputación”. 

La revelación en EL Pais  y en The Telegraph de que Juan Carlos I y Felipe VI eran beneficiarios en las fundaciones Zagatka y Lucum obligó a La Zarzuela a publicar un comunicado señalando que Felipe VI había renunciado a la herencia de Juan Carlos I y que había retirado a su padre la asignación presupuestaria.

Corinna ataca con podcast

La alemana contrató a una empresa de comunicación podcasts, Project Brazen, impulsada por los periodistas Bradley Hope y Tom Wright que realizaron un programa de podcast bajo el título “Corinna y el Rey” donde la primera larga contra el segundo sin piedad, en espera de que Juan Carlos se rinda y le de el dinero que le pide. 

En uno de estos podcast Corinna trata de cambiar la imagen que la gente tiene sobre ella como aventurera sin escrúpulos.  “Cuando la gente define aquello como un affaire y a mí me presentan como una querida, – nos cuenta – no es que sea peyorativo, es que simplemente no refleja la profundidad y amplitud de esta relación. Nunca me sentí tan casada antes [hubo dos matrimonios anteriores] como me sentí con el Rey de España. En mi corazón, él era mi marido”.

En otro episodio del podcast ‘Corinna y el Rey’, la alemana relataba la abrupta e inesperada manera en que su relación de «casada» llegó a su fincuando ella más hundida estaba y, seguramente, menos se lo esperaba. Y es que, tras ocho meses acompañando a su padre que estaba en la fase final del cáncer que acabaría con su vida, Larsen volvió al lado del Rey Emérito esperando encontrar en él el consuelo y el apoyo suficiente para superar tan terrible pérdida. Y se encontró justo lo contrario.

En otro podcast, denominado ‘Matar a Dumbo’, que estuvo centrado en el safari a Botsuana en el año 2012, Corinna afirmó que “El alcohol le había nublado la memoria al emérito y no se acordaba de nada”.

Y trata de exhibir moralidad respecto a que ella aceptara convivir con un casado. “No tengo ningún problema moral con eso, – explicó – porque son dos adultos con pleno consentimiento, que básicamente se pusieron de acuerdo en casarse con un propósito determinado, y los dos obtuvieron de ese matrimonio lo que fuera que buscaban.   Pero otra cosa es pasar a formar parte de una estructura parecida a un harén, algo en lo que no estaba interesada ni de lejos”. Cuenta que Juan Carlos le llamaba al menos 10 veces al día; enviaba flores y cartas; cientos de cartas, que expresaban sus emociones de una manera muy profunda. No eran cartas cargadas de tópicos y estereotipos. Eran muy sinceras, todas escritas a mano. Me decía lo mucho que me echaba de menos. Me dio claramente la impresión de que echaba en falta a una persona con la que pudiera hablar de todo.  “Había cosas – cuenta Larsen – que a mí me resultaban muy poco habituales, hasta el punto de que yo me refería a todo eso como ‘la corte de los milagros´. Llamaba, por ejemplo, al propietario de algún chateaux de vino de Burdeos y le decía lo mucho que le gustaba su vino y que si podía enviarle más. Y de repente aparecían 20 cajas de este vino carísimo. Sus deseos eran las órdenes para los demás. Y la gente hacía lo imposible por agradarle (…) “Lo observaba regresar de algunos viajes y parecía tan feliz como un niño de cinco años. Volvía con bolsas llenas de dinero, y yo le preguntaba: ‘Por Dios, ¿qué es eso?’, ‘Oh, me lo ha dado tal amigo, o este otro amigo’, me respondía.  

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