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COSTES ENERGÉTICOS: EFECTOS ACTUALES EN LA ECONOMÍA Y LA INFLACIÓN

Jesús Lizcano Álvarez *

Los consumos de energía y sus costes económicos forman parte intrínseca de todas las actividades productivas del sistema económico de un país, constituyendo un ADN económico de todos aquellos productos que emanan del sector primario, secundario o terciario de una economía, y afectando así a los precios finales de los productos y a la subida de la cesta de la compra y la inflación. Es por ello que resulta fundamental en todo momento, y máxime en la actual situación de enorme incertidumbre geopolítica internacional y la consiguiente volatilidad de los precios de la energía, el conocer con detalle y de forma inmediata el espectro o radiografía detallada de todos esos costes energéticos.

En las siguientes líneas vamos a desarrollar algunos aspectos y consideraciones sobre cómo afectan los costes energéticos a la inflación. Para ello vamos a recordar, en primer lugar, el concepto de energía embebida (o incorporada), que es la suma de toda la energía necesaria para extraer las materias primas, procesarlas, fabricar los productos, transportarlos y, finalmente, gestionarlos como residuos. En la actual economía globalizada, entender y conocer la energía embebida es crucial para descifrar por qué un conflicto a miles de kilómetros impacta directamente en la cesta de la compra en España.

La subida de los costes energéticos actúa como un gravámen silencioso que se propaga por la cadena de valor y afecta al índice de inflación por varias vías. 1) Vía directa: Una energía más cara eleva el componente energético del IPC, ya que la gasolina y la factura de la luz son más caras para el consumidor. 2) La segunda vía es indirecta: Las empresas de transporte (casi todo lo que consumimos se mueve por carretera), las de alimentación, la industria química, la metalurgia o la distribución trasladan el aumento de costes a sus precios finales, aunque ese traslado suele tener lugar con retraso. En otras palabras, no toda subida energética se ve de inmediato en la inflación, pero sí acaba filtrándose a bienes y servicios cotidianos. 3) La tercera vía es de expectativas: Muchas empresas tanto productivas como distribuidoras anticipan la energía cara, ajustando salarios, márgenes y precios de forma preventiva, lo cual puede hacer más persistente la inflación subyacente. 

Radiografía energética por sectores

Si tratamos de hacer una radiografía de la energía embebida en los distintos sectores, hemos de tener en cuenta que la intensidad energética varía significativamente según la naturaleza de cada producto. Desglosamos a continuación cómo se distribuye este gasto invisible en varios sectores básicos de la economía española. 

A) Industria Manufacturera: Es un sector con un gran peso de la energía incorporada. En España, la industria consume aproximadamente el 26% de la energía final total, de la cual más del 50% proviene de fuentes fósiles como petróleo y gas. Destacan algunos subsectores como: a) Materiales de construcción: el acero y el cemento (con alto contenido energético) son los pesos pesados. b) Química y Petroquímica: Representan cerca del 22% del consumo industrial, con una muy alta dependencia del gas natural como materia prima y combustible. 

B) Suministro de Energía y Agua: Aunque parezca redundante, fabricar energía y potabilizar agua requiere una cantidad importante de energía, y en el sector eléctrico la energía embebida es alta en la construcción de infraestructuras, como paneles solares y aerogeneradores. 

C) Transporte y Almacenamiento: Este sector es el mayor consumidor de energía final en España (superando el 40%). La energía embebida aquí no solo es el combustible consumido, sino el mantenimiento de flotas y la climatización de grandes centros logísticos. Es un hecho realmente significativo que el transporte por carretera sigue dependiendo en más de un 90% de productos petrolíferos. 

D) Agricultura, Ganadería y Pesca: Aunque su consumo directo puede parecer menor, su energía embebida es muy alta debido a los insumos. a) Fertilizantes: El amoníaco, base de los fertilizantes nitrogenados, se produce mediante gas natural. b) Maquinaria y Riego: El bombeo de agua para regadío supone una carga eléctrica constante que se traslada al precio de los alimentos.

La energía y el contexto político internacional

La actual crisis internacional en Oriente Próximo representa un choque de oferta crítico. Irán controla el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial y una parte significativa del Gas natural licuado, lo cual origina varios efectos en los precios y los costes: A) Petróleo (Brent): La tensión ha impulsado los precios por encima de los 100 dólares por barril, lo cual encarece automáticamente la energía embebida en los distintos sectores económicos, destacando por su inmediatez el transporte y la pesca. B) Gas Natural: Aunque España cuenta con una importante infraestructura de regasificación, los precios del mercado internacional se han duplicado, lo cual afecta directamente, entre otros, a la industria azulejera, siderúrgica y, sobre todo, al precio marginal de la electricidad.

Todo lo anterior tiene diversas consecuencias para el IPC español: Las previsiones de marzo de 2026 apuntan a que, si el conflicto se prolonga, el repunte inflacionista podría resultar muy importante, lo cual podría obligar al Banco Central Europeo a replantearse su política y elevar los tipos de interés, lo cual encarecería, por otra parte, las hipotecas, y en todo caso la subida de los costes energéticos haría que la inflación en España pudiera repuntar en las próximas semanas entre uno y dos puntos porcentuales adicionales sobre lo previsto, lo que situaría el IPC en niveles del 3,5% – 4%, , además de las consiguientes repercusiones negativas para el crecimiento económico y el empleo.

Conclusiones

La energía embebida y los costes energéticos son elementos que conectan la geopolítica de Oriente Próximo con el precio de una barra de pan o de un litro de leche en la cesta de la compra, y entender y asumir ese mecanismo es fundamental para el diseño de las políticas energéticas. Mientras la industria y la agricultura sigan dependiendo del gas y el petróleo para sus procesos básicos, nuestra economía será vulnerable a los vaivenes externos. Es por ello que la descarbonización no es solo un imperativo climático, sino una estrategia de soberanía económica para reducir la factura energética que pagamos todos los días y fortalecer así nuestra resiliencia energética.

*Catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid
Académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras
Cofundador y Expresidente de Transparencia Internacional España
Director de la revista Encuentros Multidisciplinares

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