Escrito por • 6:19 pm• Política

¿Cuánto le queda al Gobierno?

Inmaculada Sánchez

Es la pregunta clave que se hacen en Ferraz, en los partidos que apoyaron la investidura de Sánchez y hasta en La Moncloa. También se lo preguntan angustiados los millones de electores de izquierda que se ilusionaron con este histórico Gobierno de coalición progresista. Nadie tiene hoy una respuesta certera pero Pedro Sánchez les ha dicho a todos este miércoles en el crucial pleno del Congreso en el que se enfrentaba a una suerte de cuestión de confianza ante sus socios que “tirar la toalla no es nunca una opción”, que él resiste si ellos también. Pese a la irrefrenable euforia del PP y de Vox y las quejas y exigencias de los aliados parlamentarios de Sánchez los dos años que restan de legislatura podrían cumplirse si no hay más bombas ocultas en el caso Cerdán.

La mítica capacidad de resistencia del presidente ha vuelto a exhibirse este miércoles en el Congreso aunque con un semblante más delgado y castigado. Sánchez ha presentado unas medidas correctas para luchar contra la corrupción aunque escasamente vistosas de cara a la ciudadanía y difícilmente evaluables en el corto plazo. No hubieran sido suficientes sin la otra exhibición, la de Feijóo, tanto la mañana del miércoles como en el reciente congreso del PP, sobre lo que significaría su hipotético gobierno. La profunda decepción e indignación de los socios del Gobierno ha evolucionado hacia un “todavía seguimos contigo” al volver a sentir la amenaza de un Feijóo crecido y entregado a Vox en La Moncloa.

“Si esto se queda aquí”. Es la frase pronunciada por Gabriel Rufián en su intervención ante el pleno que retrata como ninguna la previsible duración de la legislatura. Si lo conocido se queda en el triángulo tóxico de Cerdán-Ábalos-Koldo la mayoría de socios aguantará, aunque exigiendo una más decidida acción de gobierno y de cumplimiento de los pactos.

“Nuestra confianza va camino de la UCI”, también ha dicho desafiante la nueva portavoz del PNV, Maribel Vaquero, aunque la dependencia de los votos socialistas en Vitoria para el gobierno  del lehendakari Pradales atenúe su contundencia. Ni la más dura con Sánchez, Ione Belarra, que dedicó el tiempo de Podemos en la tribuna a criticar sin piedad al PSOE, equiparándolo al PP y sus corrupciones, bajó de ella sin anunciar intención alguna de hacer caer al Gobierno.

Si el pleno hubiera sido una cuestión de confianza como tal diríamos que Sánchez la habría superado, aunque si los socios hubieran tenido que retratarse con un voto concreto les habría resultado mucho más doloroso mantener su apoyo. Pese a que no lo era y ninguna votación concreta ha dado una victoria al presidente, el análisis de lo escuchado sí permite asegurar que el Gobierno y la legislatura han conseguido más tiempo de juego.

Serán los dos años completos que restan de mandato, o uno, o solo dos meses, o dos semanas como querría el PP, pero para reducir tan valioso calendario serán necesarias nuevas detonaciones del caso de corrupción que ha conseguido hacer tambalearse al Gobierno. Aún más débil política y parlamentariamente, si es que ello es posible, caminarán Sánchez y sus ministros a partir de ahora, pero seguirán en marcha.

La cuestión, ahora, es cómo emplear ese tiempo, dado que no se conoce cuánto durará y teniendo en cuenta que en la meta está la cita con las urnas. Se lo han recordado y exigido a Sánchez todos. Hay que aprovechar el tiempo que queda para cumplir programa social y meter mano a las principales demandas de sus electores. Yolanda Díaz, la más implicada, al formar parte del Gobierno, ha reclamado las promesas del programa pactado aún por aprobar. Y Rufián le ha impelido a “competir” con la derecha dando soluciones a los problemas que acucian ahora a la mayoría social que le votó. Y le ha citado tres: vivienda, vivienda y vivienda.

El caso Cerdán ha conseguido que se instale como incontestable certeza, incluso entre muchos votantes socialistas, que cuando haya elecciones nada impedirá ya que PP y Vox consigan la mayoría suficiente para que Feijóo gobierne. Habrá que recordar que nada está escrito y que cada día y minuto en el Gobierno es una oportunidad única para reconquistar la confianza perdida entre la exigente ciudadanía de izquierdas. Esta semana Sánchez ha ganado un tiempo imposible de desperdiciar.

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