Escrito por • 1:49 pm• Internacional, Tribuna Internacional

Cuba: una gran crisis que podría ser una gran oportunidad

Silvestre Pérez

La Isla está literalmente sitiada a partir de la agresión ilegal a Venezuela y la decisión abusiva y perversa de Trump de bloquear la entrada de petróleo a Cuba.

Donald Trump ha dicho que esperará terminar la tarea en Irán para entonces ocuparse de la “toma amistosa” de Cuba. En ese momento calculaba que sería cuestión de un par semanas, pero quien sabe, a lo mejor no hizo bien el cálculo. Se expresó con la misma ligereza de quien prepara el menú de la semana. Lunes, chuletón; martes, ensalada. Es su estilo de buller  y emperador megalómano, como Calígula. 

Tanto él, como el secretario de Estado, Marco Rubio, dicen que están negociando con La Habana, pero viniendo la información de esta fuente, puede ser verdad o puede ser mentira.  O puede ser una desinformación. Lo sabremos pronto.

Lo que sí es real y no es una frase metafórica, ni sensacionalista, es que la Isla está literalmente sitiada a partir de la agresión ilegal a Venezuela y la decisión abusiva y perversa de Trump de bloquear la entrada de petróleo a Cuba. No les ha bastado décadas de embargo, agresiones comerciales y persecución financiera.  

Lamentablemente los problemas de Cuba no solo son responsabilidad del bloqueo. Una buena parte corresponden a errores propios. 

La crisis económica actual se caracteriza por una inflación desorbitada donde los salarios no alcanzan. Algunos economistas sitúan la inflación en un 70 por ciento, aunque los datos oficiales sean más bajos.

Es notaria la escasez de productos básicos como los alimentos, medicinas, etc.  

La calidad de los servicios de transportación, salud y educación han descendido a niveles críticos.

El país está practicamente apagado, sin petróleo para mover su economía ni la demanda de electricidad para los hogares. Según cifras publicadas necesitan unos 100 mil barriles diarios y la producción nacional, a duras penas, alcanza solo unos 30 mil, el resto tienen que importarlo.  Se agrava también por la obsolescencia de las refinerías nacionales que acusan la falta de inversiones y mantenimiento achacada al bloqueo económico de larga data y según algunas voces críticas, a la falta de adecuada priorización por el gobierno.

Los problemas con la electricidad acentúan la caída del turismo internacional que es de las principales fuentes de entrada de divisas. 

En 2019 visitaron Cuba 4,2 millones de turistas, pero a partir de la pandemia del Covid-19 el descenso ha sido en picado. El pasado año solo fueron 1,8 millones, un descenso del 17,8 por ciento respecto al año anterior. Y ahora, con la crisis del combustible, la cifra es mucho peor.

Otra fuente de ingresos provenía de la exportación de servicios de salud, básicamente por el trabajo de médicos y personal sanitario en más de 50 países, entre ellos Venezuela, Centro América y el Caribe y África. Este reglón es esencial en PIB del país. Entre 4 y 5 mil millones de aportación. Y justamente hacia ahí se dirigió ese  ataque injustificado, para presentar esa actividad como una forma de explotación a los médicos. ¿Le interesa de verdad al gobierno de los EEUU la presunta explotación? Totalmente falso, aunque sea cuestionable la fórmula de remuneración que emplea el gobierno. Por esta causa varios países han cancelado los convenios, provocando  un daño social evidente, además de la afectación económica para la Isla.  

El sistema económico implantado en Cuba es obsoleto, voluntarista e ineficiente. No es un descubrimiento de ayer, se supo desde el desplome y la desintegración de los sistemas similares en Europa del Este en el siglo pasado. Algunos lo entendieron muy rápido, pero a Cuba le ha costado un cuarto de siglo para comenzar a actuar por ese camino.

La lección es simple, la planificación y centralización de la economía no funcionan, en tanto, la economía de mercado es un instrumento que a pesar de sus imperfecciones   genera riquezas y satisfacción de las necesidades de la población. 

Esa falta de visión ha contribuido a que el país esté ante una debilidad manifiesta en esta coyuntura tan extraordinaria. Y no ha sido por falta de voces críticas, más bien por las carencias de un sistema político que ha premiado la obediencia ciega y el castigo a cualquier tipo de opinión discrepante y disidente.

Nadie sensato pone en dudas el desarrollo espectacular logrado en estos años en la enseñanza, la salud y las ciencias, un ejemplo, las vacunas contra el virus del Covid-19, situando al país dentro del pequeño grupo que lograron ese resultado. Sin embargo, la emigración masiva de los últimos años ha mermado el potencial científico y técnico.

 Las cosas se han hecho muy mal para que una buena parte de la juventud no haya encontrado motivación y haya optado por buscar su futuro lejos de su Patria.

Las personas de bien, los amigos de Cuba, las personas que aman la paz en cualquier parte  estarán atentos a los acontecimientos del desenlace de este conflicto. Negociar sí, agresión no. El mejor ejemplo de que esto es posible fue el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países y la visita del Presidente Obama a Cuba en 2016. 

No parece posible, ni de lejos, que estas probables conversaciones terminen con un John Brooke, Leonard Wood, William Howard o Charles Magoon, celebres gobernadores norteamericanos  en La Habana a principio del siglo XX, ni una nueva Enmienda Platt u otro Guantánamo. 

Lo asumible, dicen de guasa los cubanos, sería que Trump renueve su interés en registrar su marca en la Cámara de Comercio y pueda construir un gran campo de golf de 18 hoyos, con una estatua de su figura en oro, no pasaría nada. Competencia para el de Varadero. Que se llenen las calles y las playas de turistas americanos. Son pueblos vecinos unidos por mucha historia. Corresponde a los  cubanos, en libertad,  solucionar sus problemas y encontrar su camino. El gobierno norteamericano debería suspender su ilegal  bloqueo, lo mismo que las autoridades cubanas deben promover ya los cambios económicos y políticos que permitan el pleno ejercicio de la democracia. No debe haber un  solo encarcelado o acosado por expresar su posición política y protestar contra lo que considere injusto.

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