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De la espectacular diplomacia del papa Francisco, con Xi Jinping, Putin, Zelensky y, los Castro, que escandalizó a algunos sectores de la iglesia y su fracaso con Maduro y Daniel Ortega

Resumen del Documento de Análisis IEEE 28/2025 titulado “Balance de la «geopolítica vaticana» del papa Francisco: construir puentes y derribar muros” de Óscar Garrido Guijarro, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos.  Doctor en Paz y Seguridad Internacional @oscargarrido

Resumen de José García Abad 

A lo largo de los doce años de pontificado de Francisco, el Vaticano se ha conducido en la estela de una renovada Ostpolitik adaptada a la nueva potencia mundial, China, y también a los regímenes comunistas latinoamericanos, a Rusia y al islam: una posición que entraña flexibilizar líneas rojas y renunciar a poner en primer lugar sobre la mesa de negociación los principios que son innegociables. 

Esta actitud queda muy bien resumida en una expresión que utilizaba frecuentemente el papa: «Construir puentes, en lugar de levantar muros».

En este documento se analizan los acuerdos con Pekín para reparar la ruptura en China entre la Iglesia patriótica y la clandestina; la buena sintonía con el régimen cubano y el papel mediador de Francisco entre la isla y Estados Unidos; los esfuerzos del papa por no romper puentes con Venezuela y Nicaragua; los equilibrios del Vaticano para posicionarse como posible mediador entre Rusia y Ucrania; los llamamientos a la paz en Oriente Medio; el histórico acercamiento de Francisco a las principales figuras de la jerarquía del islam y la defensa de la lucha contra el cambio climático y el diálogo con la Agenda 2030.

Con motivo del fallecimiento del papa Francisco es un buen momento para preguntarse por cuáles han sido los éxitos y los fracasos de la visión geopolítica del primer papa latinoamericano. 

Acercamiento a China.

En 1951, China y el Vaticano rompieron relaciones diplomáticas. El papa Pío XII excomulgó a dos obispos designados por la autoridad política del régimen comunista y desde Pekín respondieron con la expulsión del nuncio apostólico, que se trasladó a Taipéi (Taiwán). 

Desde entonces, dos iglesias han convivido en China: la patriótica, bajo el control del régimen comunista y no reconocida por el Vaticano, y la clandestina, que ha mantenido durante todas estas décadas los lazos con Roma y que solo responde ante la Santa Sede. 

Durante los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI la diplomacia vaticana trató de acercarse a Pekín, pero ha sido en el papado de Francisco cuando se ha conseguido un acuerdo sin precedentes entre China y el Vaticano. El pacto fue firmado en Pekín por el subsecretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados, Antoine Camilleri, y el viceministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Chao. 

Este compromiso es fruto del acercamiento gradual y recíproco y se ha conseguido después de un largo proceso de delicadas negociaciones. El pacto, signado el 22 de septiembre de 2018, es de naturaleza provisional —debe ser renovado cada dos años, y así se ha hecho en 2020 y en 2022— y está centrado en el nombramiento de obispos. 

De ninguna manera incluye la restauración de las relaciones diplomáticas entre ambos Estados, cuestión difícil de lograr mientras el Vaticano se mantenga como el último reducto europeo que sigue reconociendo a la República China (Taiwán). El régimen comunista no establece relaciones diplomáticas con los países que las mantienen con Taiwán, por lo que el  Vaticano tendría que romper con Taipéi si quiere restablecer lazos diplomáticos con Pekín. 

El objetivo del nuevo entendimiento es la unión de los católicos chinos, que todos sus obispos estén en comunión con el papa pero al mismo tiempo cuenten con el reconocimiento de las autoridades chinas. 

Así, tras la firma, Francisco aceptó en la comunión con Roma a siete obispos de la Iglesia patriótica que habían sido ordenados sin mandato pontificio. Por otro lado, seis nombramientos de obispos chinos se han realizado de manera conjunta gracias a la colaboración entre China y el Vaticano en el marco del acuerdo. 

Shen Bin representa el modelo de iglesia católica por el que aboga China 

Aunque el contenido del pacto es secreto, los hechos posteriores apuntan a que se ha acordado que los obispos chinos sean elegidos por los representantes católicos de la diócesis china y aprobados por las autoridades del país. Posteriormente, la Santa Sede evaluaría a los obispos elegidos y decidiría si ratifica o no la decisión. 

En este contexto, en abril de 2023 se vivió un momento de tensión diplomática cuando las autoridades chinas eligieron unilateralmente como obispo de Shangai al prelado Shen Bin sin el consentimiento del Vaticano. Shen Bin era el líder del Consejo de Obispos Chinos, un organismo no reconocido por la Santa Sede y vinculado al Partido Comunista Chino (PCC). Tres meses después, el Vaticano aprobó su nombramiento, explicando que la decisión buscaba el «bien mayor» de la diócesis. 

En su primera visita a Roma como obispo de Shangai, Shen Bin manifestó que la Iglesia en China debe de tomar distancia del “patronato colonial”, en este sentido aseguró que el gobierno chino no tiene ningún interés en cambiar la fe católica, pero sí que espera que el clero y sus fieles defiendan los intereses del pueblo chino y se liberen del control de potencias extranjeras. 

El prelado chino defendió que el desarrollo de la Iglesia en China debe de estar en consonancia con el gran renacimiento de la nación china a nivel global. En su opinión “la Iglesia católica en China debe avanzar en la misma dirección, siguiendo un camino de sinización que esté en consonancia con la sociedad y la cultura chinas actuales. A menudo decimos que la fe no tiene fronteras, pero los creyentes tienen su propia patria y una cultura que nació en su propia patria”, concluyó Shen Bin.

En los años transcurridos desde la firma en septiembre de 2018 del Acuerdo Provisional entre Pekín y la Santa Sede sobre los nombramientos de obispos chinos, se han producido hasta la fecha 11 nuevas ordenaciones episcopales católicas en China continental, la última en enero de 2025. 

En el mismo periodo de tiempo, 8 obispos llamados «no oficiales», consagrados en el pasado al margen de los protocolos impuestos por el régimen chino, también han solicitado y obtenido el reconocimiento público de su función por parte de las autoridades políticas de Pekín. 

Con la oposición del cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong.

El pacto fue duramente criticado en el seno de la Iglesia católica por voces autorizadas como la del cardenal Joseph Zen quien valoraba que un acuerdo entre el Vaticano y Pekín suponía entregar al régimen comunista a los católicos que se habían mantenido fieles a Roma durante décadas y que habían sufrido persecución; todo ello, además, sin aparentemente conseguir a cambio nada significativo de parte del régimen comunista chino. 

Zen se ha distinguido a lo largo de su ministerio pastoral por una incesante denuncia de la falta de libertades en China. Fue elegido obispo por Juan Pablo II y nombrado cardenal por Benedicto XVI. En mayo de 2022, Zen fue detenido en Hong Kong acusado de connivencia con fuerzas extranjeras para poner en peligro la seguridad nacional de China. 

El cardenal Joseph Zen

El cardenal había participado en actos públicos para recaudar fondos con el objetivo de sufragar la asistencia legal a manifestantes detenidos por participar en marchas en favor de la democracia. Posteriormente, el 19 de septiembre de 2022 fue juzgado, declarado culpable y condenado a pagar una multa de 500 dólares. 

Palabras del papa: «Para entender a China se necesita un siglo”

Unos días antes del juicio, entre el 13 y el 15 de septiembre, Francisco visitaba Kazajistán. En la conferencia de prensa durante el vuelo de regreso, un periodista le preguntó al papa si consideraba que el juicio contra Zen suponía una violación de la libertad religiosa. 

La respuesta de Francisco transluce muy bien cuál es su actitud: «Para entender a China se necesita un siglo, y nosotros no vivimos un siglo. La mentalidad china es una mentalidad rica y, cuando se enferma un poco, pierde su riqueza, es capaz de cometer errores. 

Para entendernos, hemos elegido el camino del diálogo, abiertos al diálogo. Hay una comisión bilateral vaticano-china que va bien, lentamente, porque el ritmo chino es lento, tienen una eternidad para seguir son un pueblo de paciencia infinita […]. No es fácil entender la mentalidad china, pero hay que respetarla, yo siempre la respeto. Y aquí en el Vaticano hay una comisión de diálogo que va bien, el cardenal Parolin la preside y es el hombre que más sabe de China y del diálogo chino en este momento. Es una cosa lenta, pero siempre se dan pasos adelante. 

Calificar a China como antidemocrática yo no lo creo, porque es un país tan complejo… Más que calificar, porque es difícil, y yo no lo considero calificar, son impresiones, intento apoyar la vía del diálogo». 

Precisamente en ese mismo viaje a Kazajistán, Francisco coincidió el 14 de septiembre en Astana con el presidente chino, Xi Jinping, que se encontraba en el país centroasiático en visita de Estado. Según fuentes vaticanas, la Santa Sede expresó su deseo de aprovechar la coincidencia entre ambos líderes para mantener algún tipo de encuentro. Sin embargo, desde Pekín la respuesta fue negativa, aduciendo problemas de tiempo. 

Aunque Francisco se convirtió en el primer papa en obtener permiso para sobrevolar el espacio aéreo chino, durante su visita a Corea del Sur en 2014, y pese a que en diferentes ocasiones expresó su deseo de visitar Pekín, la invitación de Xi Jinping no terminó de llegar. 

China puede inspirarse en las relaciones de otros países comunistas con el Vaticano. En Vietnam, Laos y Cuba, los miembros del Partido pueden practicar una fe religiosa. De hecho, el acuerdo chino-vaticano se inspiró en el «modelo Vietnam». 

Cuba, por su parte, es un país comunista pero dispuesto a garantizar la libertad religiosa, un estatus que hizo que la isla sirviera de lugar «neutral» para el encuentro entre el papa Francisco y el patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa Kirill en 2016. 

En China son conscientes de la admiración de Francisco por su país y de sus recelos hacia el modelo de Estados Unidos, tal y como manifestó el pontífice, sobre todo durante la primera Administración Trump. Xi Jinping podría pensar que se trata de una cuestión de ahora o nunca, porque quién sabe a quién elegirá la próxima vez el Espíritu Santo como inquilino de la Santa Sede. 

¿Y qué gana con todo esto el Vaticano? En su vocación universalista, a la Iglesia católica le interesa tener algo que decir en un país que, según diversas proyecciones, podría convertirse en las próximas décadas en el hogar de una de las mayores comunidades de cristianos del mundo (protestantes y católicos). 

Como ocurrió en el pasado, el Vaticano puede ser ahora una ayuda clave en el diálogo entre China y Occidente. Un jesuita se convirtió en papa por primera vez, y los jesuitas han sido la vanguardia de las misiones cristianas en mundos no europeos, con una larga historia de enfoques flexibles y acomodaticios hacia la religión y la cultura. 

Mantener puentes con Rusia a pesar de todo 

La Santa Sede tiene un historial importante en materia de mediación internacional. Diferentes papas han intervenido en conflictos bélicos a lo largo de los siglos. El Vaticano goza de gran prestigio internacional y es considerado como un socio serio y fiable, entre otras cosas, porque no tiene aspiraciones territoriales ni actúa por motivos políticos o económicos, ni tiene que importar o exportar petróleo y gas. 

El papa Francisco con Putin

Para lidiar con los conflictos tanto internacionales como internos, tener la capacidad de obtener buena información es esencial. William Casey, director de la CIA durante la presidencia de Ronald Reagan, afirmaba que el servicio secreto del Vaticano es la red de espionaje mejor formada del mundo. 

Los canales fundamentales de la información que llega a la Santa Sede son las nunciaturas con las que cuenta alrededor de todo el mundo. El Vaticano es decano de los cuerpos diplomáticos por haber mantenido durante siglos a un nuncio en cada país. Además, los embajadores del papa están en contacto con una red capilar bien implantada, como la que mantiene la Iglesia católica en cada país. Cuentan con un caudal de información importante y muy al día. Otras singularidades del Vaticano son su alto nivel de organización, la extraordinaria cualificación de sus miembros o colaboradores y la disciplina interna. Todos estos factores son de suma importancia para desarrollar un papel de mediador. Las relaciones de Francisco con Putin han sido aparentemente buenas. 

Hay que recordar que en septiembre de 2013, Barack Obama solicitó permiso al Congreso de los Estados  Unidos para atacar Siria en represalia por el uso de armas químicas por parte del régimen de Bashar al Asad. 

La reacción de Francisco fue dirigir una carta pública a Putin en calidad de presidente del G20, cargo que este último ostentaba aquel año. En la misiva, el pontífice hacía un llamamiento al presidente ruso para que instase a los países miembros del grupo «a encontrar caminos para superar las diversas contraposiciones y abandonar cualquier vana pretensión de una solución militar» en Siria. 

Como es conocido, Putin era un destacado aliado de Al Asad y se encontraba entre los líderes que más se oponían a la intervención militar norteamericana. Hay que contextualizar que el régimen de Al Asad protegía a los cristianos sirios de las hostilidades que sufren por parte de los islamistas. 

Así las cosas, no era extraño que el presidente ruso encontrara en Francisco a un aliado de sus posiciones en Siria. Esta primera coincidencia facilitó posteriormente un encuentro de gran trascendencia ecuménica: el histórico encuentro entre Francisco y el patriarca Kirill de Moscú en La Habana el 12 de febrero de 2016.

Francisco medió con éxito entre Estados Unidos y Cuba o en las negociaciones entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC. Respecto al conflicto entre Rusia y Ucrania, el papa intentó mediar y mantuvo conversaciones telefónicas con Putin, Zelenski y Biden. 

En octubre de 2022 el portavoz ruso Dimitri Peskov afirmó que Rusia estaba dispuesta a debatir con los estadounidenses, los franceses y el pontífice. Estas declaraciones fueron muy bien recibidas en el Vaticano, desde donde manifestaron apertura y disponibilidad. Así, unas semanas más tarde, Francisco expresó públicamente que el Vaticano estaba dispuesto a hacer todo lo posible para mediar y poner fin al conflicto. 

Francisco se ha negado a reducir el conflicto actual a «una distinción entre buenos y malos». No obstante, ha mantenido siempre un discurso de condena a la invasión iniciada por Rusia y se ha referido en numerosas ocasiones a Ucrania como pueblo martirizado que sufre. 

El pontífice realizó declaraciones públicas que molestaron en ocasiones a una parte y en ocasiones a la otra. Así, en una entrevista con el diario italiano Corriere della Sera, Francisco señaló que «tal vez fue la OTAN ladrando a la puerta de Rusia» lo que motivó a Putin a invadir Ucrania. El papa expresó entonces no tener forma de saber si la ira de Rusia había sido provocada y manifestó su sospecha de que el conflicto fue «facilitado”  por la actitud de Occidente».

Estas afirmaciones fueron duramente criticadas, entre otros, por el Gobierno polaco. El papa también realizó manifestaciones que generaron el enfado ruso. Así, el pontífice desató la ira rusa cuando afirmó en una entrevista con la revista America que los soldados «más crueles» que luchan en la guerra no son de tradición rusa, sino que son chechenos y buriatos, diferentes grupos étnicos dentro de Rusia. 

La declaración fue condenada por el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. Su portavoz, Maria Zajarova, criticó entonces la oferta del Vaticano para acoger las negociaciones de paz entre Moscú y Kiev como consecuencia de los comentarios del papa. 

Al Vaticano no le quedó más remedio que pedir disculpas a Rusia y reconocer el «profundo respeto» que la Santa Sede siente por todos los pueblos rusos. En una rueda de prensa posterior, Zajarova dijo que la disculpa del Vaticano había producido un «sincero respeto» en Rusia y había demostrado la capacidad de diálogo del pontífice, añadiendo que el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso reanudaría las interacciones constructivas con la Santa Sede. 

El 13 de mayo de 2023, Zelenski se reunió con Francisco en Roma y una semana después el papa designó al cardenal de Bolonia, Matteo Zuppi, como enviado del Vaticano para el conflicto de Ucrania. Zuppi es miembro de la Comunidad de San Egidio, una organización católica con experiencia en la mediación en conflictos. 

En junio de 2023, Zuppi viajó a Kiev como enviado especial del Papa con el objetivo de “escuchar en profundidad a las autoridades ucranianas sobre las posibles vías para alcanzar una justa paz y apoyar gestos de humanidad que contribuyan a aliviar las tensiones”. «El papa Francisco no se refirió a la invasión rusa como una operación para “desmilitarizar” Ucrania. 

El 11 de octubre de 2024 Zelenski volvió a reunirse con Francisco en el Vaticano. Tras su visita, el presidente ucraniano agradeció públicamente las labores de mediación vaticanas para conseguir la liberación, en junio de 2024, de dos sacerdotes de la Iglesia greco-católica de Ucrania capturados por Rusia. Los dos religiosos habían sido arrestados en la ciudad de Berdyansk, ocupada en noviembre de 2022 por las tropas rusas 

Con Castro y Obama

Francisco, al igual que sus dos predecesores, viajó en cuanto le fue posible a Cuba. Lo hizo en septiembre de 2015, como parada previa a su visita a Estados Unidos. Durante el viaje se reunió con Fidel Castro y con Barack Obama. 

El pontífice jugó un papel fundamental como mediador para restablecer las relaciones entre la Administración Obama y el régimen cubano. El papa escribió a Raúl Castro y al presidente norteamericano con el objetivo de animarles a retomar relaciones y a ocuparse de los problemas humanitarios que padece la isla. 

El 23 de septiembre de 2015, Obama, en su discurso durante la ceremonia oficial de bienvenida a Francisco en la Casa Blanca, afirmó: «Santo Padre, estamos agradecidos por su inestimable apoyo a nuestro nuevo comienzo con el pueblo cubano, que ofrece la promesa de mejores relaciones entre nuestros países».  

A lo largo de su pontificado, el papa mostró su cercanía personal con la isla. Así, en julio de 2022, en una entrevista con Univisión y Televisa, al ser preguntado sobre Cuba, Francisco afirmó: «Yo quiero mucho al pueblo cubano, lo quiero mucho. Tuve relaciones con gente cubana y también lo confieso, con Raúl Castro tengo una relación humana […]. Cuba es un símbolo, Cuba tiene una historia grande, yo me siento muy cercano». 

En La Habana con Fidel Castro en 2015

Las críticas a estas palabras del papa desde dentro de la isla no se hicieron esperar. Así, un sacerdote cubano respondía a las declaraciones con una carta pública al papa en la que utiliza duras palabras contra la postura de Francisco respecto al régimen cubano: 

«Ese (Raúl) con quien usted mantiene una relación humana, nos ha demostrado a los cubanos que no conoce de humanidad. No le mencionaré las barbaries que ha hecho durante estos más de sesenta años. 

Mire solamente los cientos de presos encarcelados únicamente por salir a la calle a gritar libertad. Santo Padre, algunos son menores de edad. 

Mire la crisis que vive el pueblo cubano por falta de alimentos y medicinas, y por la falta de libertades que atentan contra la dignidad humana. Al borde de la desesperanza. ¿Por qué no dijo nada al respecto? […] ¿Por qué el caso de las injusticias del Gobierno cubano parece quedar siempre relegado en su agenda? Escuche el clamor de su pueblo que muere entre las garras del lobo que es el Partido Comunista de Cuba». 

“Bergoglio no ha sido nunca un cura comunista”.

Ante el debate surgido dentro de la sociedad civil cubana por las palabras del papa, un joven periodista católico cubano, Julio Pernús, salió en defensa de Francisco con un artículo publicado en la web de los jesuitas, en el que trataba de contextualizar la posición del pontífice y «dar algunas pistas sobre el pensamiento de Jorge Mario Bergoglio que pueden ayudarnos a comprender su forma de interpretar nuestra realidad». 

El papa es parte de una escuela de pensamiento surgida en Argentina en la década del 70 del siglo XX conocida como la teología del pueblo. Según el filósofo italiano Massimo Borghesi: “Este pensamiento no constituía una alternativa conservadora a la teología de la liberación, sino una teología de la liberación sin el marxismo” […]. 

Bergoglio no ha sido nunca un cura comunista. Decir eso corta de antemano toda la seriedad de la persona que desee expresar un criterio sobre sus últimas declaraciones con respecto a Cuba. Francisco ha ido más allá de los mitos revolucionarios comunistas o liberales, que se aúpan en la región bajo signos autoritarios, para ponerse a la cabeza de los movimientos populares a los que ofrece una salida diferente a la violencia y así alcanzar sus metas emancipadoras

 […]. La referencia a Cuba y su Revolución como símbolo en el pensamiento del obispo de Roma es histórica, marcada por su formación intelectual, y no hay que situarla necesariamente en lo que viene sucediendo en los últimos tiempos en nuestro tejido social 

[…]. La amistad social entendida como la búsqueda del superar los conflictos mediante el diálogo y la colaboración fraterna entre las partes opuestas se realiza de forma paciente en la paciente trama que no pretende negar los acentos, las diversidades concretas que subsisten al interior de los líderes de estos procesos. Algunos de los que acusan a Francisco de comunista por su relación humana con Raúl se olvidan de que ese gesto es evangélico, pues Jesús, el fundador del cristianismo, tejía relaciones humanas para intentar salvar incluso a sus grandes enemigos»

Venezuela y Nicaragua, Francisco no convenció 

Francisco ha viajado a Latinoamérica en diversas ocasiones para visitar Brasil, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Cuba, México, Colombia, Chile, Perú y Panamá. En la lista, al menos dos ausencias significativas, aunque por distintas razones: Venezuela y Argentina. A diferencia de lo sucedido con Cuba, el papa nunca mostró sintonía con el régimen venezolano, aunque tampoco manifestó predilección por los grupos de la oposición. 

Hay que tener en cuenta que tanto Chávez como Maduro han descalificado de manera muy dura a los obispos del país —ambos les han acusado de que debajo de sus sotanas se esconde el diablo— y por regla general los prelados venezolanos han sido muy poco proclives a la Ostpolitik vaticana. 

Aunque desde la Santa Sede siempre han defendido a los obispos venezolanos frente a los ataques del oficialismo, el papa siempre expresó públicamente su deseo de que ninguna fuerza extranjera intervenga en el conflicto para derrocar al régimen y fueran recurrentes sus llamadas a la unidad nacional y al trabajo de todas las partes para alcanzar la reconciliación

La Conferencia Episcopal de Venezuela no reconoce los mandatos presidenciales de Maduro. Así por ejemplo, en un comunicado declaró que «la pretensión de iniciar un nuevo período presidencial el 10 de enero de 2019 es ilegítima por su origen, y abre una puerta al desconocimiento del Gobierno porque carece de sustento democrático en la justicia y en el derecho». 

El papa ofreció siempre la mediación de la Santa Sede y representantes del Vaticano han participado en diferentes iniciativas de diálogo en las que han tomado parte el régimen y grupos de la oposición. La equidistancia diplomática que tradicionalmente ha mantenido la Santa Sede pareció, sin embargo, saltar por los aires con la carta que el papa envió a Maduro el 7 de febrero de 2019 y cuyo contenido fue desvelado por el diario italiano Il Corriere della Sera. 

En la misiva, en la que el pontífice se dirige a Maduro como «excelentísimo señor» y no como «presidente», Francisco le recuerda al líder bolivariano los intentos de la Santa Sede de mediar en el conflicto, a petición de las partes, y lamenta que el régimen no haya cumplido los acuerdos ni la hoja de ruta comprometida: elecciones, reconocimiento del Parlamento, liberación de los presos políticos y apertura de un canal humanitario. Francisco se estaba refiriendo al proceso negociador que se inició en la República Dominicana en diciembre de 2017 

Respecto a la situación de crisis política vivida en Venezuela tras elecciones presidenciales de julio de 2024 y el consiguiente nuevo mandato estrenado por Maduro en enero de 2025, a preguntas de los periodistas Francisco valoró que “las dictaduras no sirven y terminan mal, antes o después”. 

En un discurso dirigido a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede en enero de 2025, Francisco se refirió a Venezuela y “a la grave crisis política en la que se debate”: “Ésta podrá ser superada sólo con la adhesión sincera a los valores de la verdad, de la justicia y de la libertad, a través del respeto a la vida, a la dignidad y a los derechos de cada persona, incluidos los de quienes han sido arrestados a causa de los sucesos de los últimos meses”. 

Así las cosas, parece poco probable que el Vaticano vaya a jugar un papel importante en un hipotético acuerdo de reconciliación nacional que pueda suponer una salida a la crisis institucional, política, económica y social que sufre Venezuela. A pesar del equilibrio que ha tratado de mantener Francisco entre Maduro y la fuerzas opositoras, para el actual régimen el papa siempre fue persona non grata. 

Nicaragua: Feroz ataque de Ortega: “los papas son una mafia” 

Respecto a Nicaragua, donde el Ejecutivo sandinista de Daniel Ortega ha recrudecido su persecución contra la iglesia católica, Francisco trató de no cerrar en ningún momento la vía del diálogo. Y todo ello a pesar de que en marzo de 2022 el nuncio del Vaticano en el país fue expulsado, de que un obispo fuera condenado y encarcelado y de que varios sacerdotes, religiosos y religiosas también fueran desterrados de Nicaragua. 

Así, el 21 de agosto de 2022 en su discurso durante el Ángelus el pontífice expresó que seguía con preocupación y dolor la situación que se ha creado en Nicaragua. «Quisiera expresar mi convicción y mi deseo de que, por medio de un diálogo abierto y sincero, se puedan encontrar aún las bases para una convivencia respetuosa y pacífica»

En el discurso durante el Ángelus del 12 de febrero de 2023, tras la condena a 26 años de cárcel del obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, el papa manifestó su pesar, su preocupación y su deseo de que los responsables políticos de Nicaragua se abran a la búsqueda de la paz «mediante el ejercicio paciente del diálogo». 

A la paciencia y la llamada al diálogo de Francisco, la respuesta de Ortega unos días después fue: «Los obispos, los curas, los papas son una mafia. Miren cuántos crímenes han cometido. Crímenes por tener regulaciones absurdas. Que comenten en el campo financiero, por malversar millones. Cargamos con esos horrores de quienes se presentan como santos».

Conflicto en Oriente Medio 

Dos años después de la llegada a Roma del papa Francisco, el 26 de junio de 2015, el Vaticano reconocía oficialmente el Estado de Palestina y firmaba un acuerdo bilateral que definía asuntos esenciales de la vida de la Iglesia y de los cristianos en estos territorios. 

Por su parte, Israel y el Vaticano establecieron relaciones diplomáticas en 1993 pero desde entonces, los sucesivos gobiernos israelíes han ralentizado la negociación de acuerdos bilaterales sobre asuntos económicos y fiscales. Israel no reconoce personalidad jurídica a las instituciones de la Iglesia, que todavía no pueden tener propiedades ni acudir a los tribunales.

Respecto al conflicto desencadenado el 7 de octubre de 2023 por la matanza de ciudadanos israelíes por parte de los terroristas de Hamas, el Papa Francisco se refirió al mismo en múltiples ocasiones realizando una llamada al alto el fuego, pidiendo la liberación de los rehenes israelíes en Gaza y denunciando la gravísima situación humanitaria que sufren los palestinos en la franja. 

En un mensaje a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede del 9 de enero de 2025, Francisco expresó su deseo de que “israelíes y palestinos puedan reconstruir los puentes de diálogo y de confianza recíproca para que las generaciones venideras logren convivir, en paz y seguridad, en ambos Estados y Jerusalén sea la “ciudad del encuentro”, donde convivan en armonía y respeto cristianos, judíos y musulmanes”. 

En septiembre de 2024, en la conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de su viaje a Luxemburgo y Bélgica, preguntado por una periodista si creía que Israel había ido más allá en Líbano y en Gaza, Francisco afirmó: “La defensa siempre debe ser proporcional al ataque. Cuando hay algo desproporcionado se muestra una tendencia dominante que va más allá de la moralidad. Si un país con fuerzas hace estas cosas — hablo de cualquier país—, hace estas cosas de una manera tan “superlativa”, son acciones inmorales. También en la guerra hay una moralidad que custodiar. La guerra es inmoral, pero las normas de la guerra indican cierta moralidad”. 

Ese mismo mes de septiembre de 2024, esta vez en la conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de su viaje a Singapur, preguntado por un periodista si existía la posibilidad de una mediación de la Santa Sede para llegar a un alto el fuego, el Papa respondió: “la Santa Sede trabaja por esto” y tuvo además palabras de reconocimiento para la labor del rey de Jordania: Es un hombre de paz y está buscando hacer la paz, el rey Abdallah es un hombre bueno”.

A modo de corolario hay que señalar que en muchas ocasiones Francisco manifestó que diariamente llamaba por teléfono a la parroquia y escuela católica de Gaza interesándose por la situación de los más de seiscientos cristianos y musulmanes que viven allí tratando de refugiarse del fuego israelí. 

También con motivo de la guerra ha recordado en varias ocasiones con orgullo la ‘Invocación a la Paz en Tierra Santa’ que tuvo lugar en los jardines vaticanos el 8 de junio de 2014 y en la que participaron el entonces presidente del Estado de Israel, Shimon Peres, el presidente palestino Mahmoud Abás, y el Patriarca Bartolomé I49.

Encuentro con el islam

Francisco se aseguró un lugar en la historia respecto a las relaciones con el islam institucional. Es sin duda el pontífice que más lejos ha llegado a la hora de estrechar lazos entre cristianos y musulmanes, tanto con suníes como con chiíes. Invitado por el jeque Mohammed bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, emir de Abu Dabi y actual presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el papa viajó a Abu Dabi el 4 de febrero de 2019. 

Francisco fue recibido en el palacio presidencial por Mohammed bin Zayed y fue invitado a un encuentro con el Consejo Musulmán de Ancianos en la Gran Mezquita del jeque Zayed. El acto principal del viaje fue el encuentro interreligioso junto a la máxima autoridad suní, Ahmad Al Tayyib, gran imán de Al Azhar. 

También participó en el acto el presidente de Egipto, Al Sisi. En la cita, Al Tayyib y Francisco firmaron la declaración conjunta sobre la «Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común», cuyo contenido había sido elaborado y negociado durante los seis meses previos por parte de los equipos del Vaticano y de Al Azhar. 

«Doy las gracias a mi amigo y querido hermano el gran imán de Al Azhar, el Dr. Ahmed Al Tayyib, y a todos los que han colaborado en la preparación del encuentro, por el valor y la voluntad de afirmar que la fe en Dios une y no divide. Me siento feliz por esta ocasión que me ofrece el Señor para escribir, en vuestra querida tierra, una nueva página de la historia de las relaciones entre las religiones, que confirma que somos hermanos aunque seamos diferentes», afirmó el pontífice, consciente de que ese día fue probablemente, desde el punto de vista del diálogo interreligioso, el más importante de su pontificado. 

Un año y medio más tarde, en octubre de 2020, Francisco publicaba la encíclica Fratelli tutti, en cuyo prefacio reconoce que el texto está inspirado en su encuentro con Al Tayyib. Este documento y Laudato si, la encíclica sobre ecología, se han convertido en los textos más destacados de su papado. 

En marzo de 2021, el papa quiso ir más allá y emprendió un viaje a Iraq, el primero que realizaba un pontífice. Allí, en la ciudad santa de Nayaf se reunió con Al Sistani, líder chií y gran ayatolá del país. Al Sistani, al igual que Al Tayyib, es una personalidad destacada en términos no solo religiosos, sino también geopolíticos. 

Nació en Irán, pero marchó a Iraq. No comulga con el islamismo chií de la revolución de Jomeini. Defiende la coexistencia pacífica entre suníes y chiíes. Fue uno de los primeros líderes políticos y religiosos que alzó la voz para denunciar las barbaridades que estaba cometiendo el Estado Islámico en Iraq y Siria y ha pedido que se investiguen los crímenes perpetrados por este grupo terrorista contra los cristianos y los yazidíes en Iraq. 

Es un referente moral dentro del islam, también para muchos suníes. «He sentido el deber, en esta peregrinación de fe y de penitencia, de ir a encontrar a un grande, un sabio, un hombre de Dios», expresó Francisco a los periodistas en el vuelo de vuelta a Roma.

Y el tercer hito en el diálogo con el Islam tuvo lugar el 5 de septiembre de 2024 con la visita de Francisco a Indonesia, el país con el mayor número de musulmanes. En Yakarta se reunió con la principal autoridad religiosa del país, el imán Nasaruddin Umarde, en la mezquita Istiqlal, la tercera más grande del mundo tras las de Meca y Medina. 

Con motivo de la visita, el papa y el imán de Yakarta firmaron la Declaración Conjunta de Istiqlal, documento en el que se apuesta por promover la armonía religiosa para el bien de la humanidad y utilizar la fe como una herramienta para resolver conflictos, y en el que se denuncia que la religión nunca debe usarse para justificar ningún tipo de violencia.

¿Un papa woke en la silla de Pedro? 

Aunque tradicionalmente el mensaje católico ha promocionado el cuidado de la naturaleza y la conciencia ecológica, Francisco sorprendió al mundo, en mayo de 2015, con una encíclica sobre medio ambiente, cambio climático y desarrollo sostenible: Laudato si. 

Aunque se trataba de la segunda encíclica del papa, en realidad era la primera, ya que la anterior, Lumen fidei (2013), fue publicada bajo su pontificado pero había sido escrita por Benedicto XVI. Desde entonces, Francisco se ha convertido, junto a la activista sueca Greta Thunberg, en una de las referencias mundiales de la defensa medioambiental y la lucha contra el cambio climático.

En septiembre de 2015, el mismo año de la publicación del referido documento, el pontífice fue invitado a intervenir en la Asamblea de las Naciones Unidos en Nueva York. Era la cumbre donde se debía de aprobar la Agenda 2030. En su discurso, de gran calado social, Francisco exhortó a los líderes mundiales allí congregados a que se comprometieran con la promoción del ser humano, la lucha contra la pobreza y la atención a los inmigrantes y refugiados. 

Igualmente reservó buena parte de su intervención a defender una acción decidida contra el cambio climático y el cuidado del planeta. «La adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la cumbre mundial que se iniciará hoy mismo, es una importante señal de esperanza. Confío también en que la Conferencia de París sobre el cambio climático logre acuerdos fundamentales y eficaces. No bastan, sin embargo, los compromisos asumidos solemnemente, aunque constituyen ciertamente un paso necesario para las soluciones», advertía el Papa, invitando a los responsables de los Estados a que los compromisos sociales recogidos en los documentos no se quedaran solo en el papel. 

Para los que criticaron el aparente alineamiento de Francisco con la Agenda 2030, a la que se acusa de promover la ideología de género y medidas antinatalistas, sería injusto no subrayar que en esa misma intervención el pontífice destacó que «la defensa del ambiente y la lucha contra la exclusión exigen el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer y el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones». Igualmente defendió «el respeto de la sacralidad de cada vida humana; de los pobres, de los ancianos, de los niños, de los enfermos, de los no nacidos, de los abandonados, de los que se juzgan descartables». 

Pero ¿cuál es la postura de Francisco respecto a la Agenda 2030? Lo cuenta el que fuera representante de la Santa Sede ante las Naciones Unidas entre 2014 y 2019 y hoy nuncio en España, el filipino Bernardito Auza. El diplomático asiático encabezó la delegación vaticana que participó en el proceso de negociación del documento. 

En una conferencia sobre el papel de la Santa Sede en la Agenda 2030 que ofreció en la Universidad Abad Oliba de Barcelona, Auza explicó que hay quienes piensan que el Vaticano está totalmente de acuerdo con la Agenda 2030 y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible pero que no es así, pues a lo largo del proceso de elaboración este presentó sus reservas, objeciones y dudas. 

El nuncio destacó que una de las primeras objeciones es el exceso de ambición y de idealismo, pero la principal advertencia de Auza fue la relativa al riesgo de que la Agenda 2030 se convierta en un instrumento de «colonización ideológica»: en un repertorio de soluciones preconfeccionadas que responde más a las prioridades del país donante que a las necesidades de los países receptores, es decir, que impone modelos de vida ajenos a la cultura local. 

El nuncio también se refirió a algunos países desarrollados que destinan entre el 60 por ciento y el 70 por ciento de sus aportaciones a la Agenda 2030 a objetivos relacionados con la salud reproductiva, interpretándola de forma que incluye el aborto. 

De igual forma, el prelado filipino destacó que cuando en el documento se habla de género, la Santa Sede defiende que este debe de ser entendido según una noción fundamentada en el criterio biológico. 

Vemos, pues, que una vez más Francisco decidió tender puentes y no levantar muros a la Agenda 2030, pero siempre desde una postura crítica con algunos de los postulados ideológicos que impregnan el documento. 

No obstante, sectores de derechas y algunos grupos de católicos que se han quedado en una lectura superficial del discurso ecologista del papa y de su adhesión (con reservas) a la Agenda 2030 consideran a Francisco un activista más de la ideología woke. 

Conclusiones 

Si algo ha quedado claro a lo largo de este análisis es que Francisco ha sido piedra de escándalo en cada una de las decisiones por las que ido conduciendo la acción exterior del Vaticano. 

Los acuerdos con Pekín han sido criticados por algunos católicos chinos; la buena sintonía con el régimen cubano o los esfuerzos por no romper puentes con Venezuela y Nicaragua han sido contestados por grupos de la oposición; tanto Rusia como Ucrania se han ofendido cuando han interpretado que las palabras del papa favorecían al otro, y el acercamiento al islam, la defensa de la lucha contra el cambio climático o el diálogo con la Agenda 2030 han sido objeto de incomprensión por grupos cerrados al diálogo. 

Si bien el acercamiento de Francisco al principal líder suní y a un destacado líder chií puede considerarse en el presente como un hito en la historia de las relaciones entre el cristianismo y el islam, todavía es pronto para saber si el acuerdo provisional con Pekín conseguirá la comunión efectiva entre los católicos chinos y la consolidación de un marco en el que puedan practicar su fe con libertad. 

Hasta ahora el pacto no tiene derivadas políticas o diplomáticas expresas, pero en el plano simbólico y de los principios se ha producido una novedad: el Estado acepta compartir con el Vaticano parte de su soberanía en cuestiones internas de naturaleza religiosa. 

El teórico político alemán Carl Schmitt defendía en 1923 en “Catolicismo romano y forma política” que no existe contraposición política o social que la Iglesia católica no pueda de alguna manera abrazar, mitigar o combinar en un juego constante de acomodación e intransigencia: “Su historia conoce ejemplos de asombrosa adaptación, pero también de rígida intransigencia; de capacidad de resistencia varonil y de flexibilidad femenina; de orgullo y humildad extrañamente mezclados”. Schmitt fue, sin duda, un visionario del pontificado de Francisco. 

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