Escrito por • 11:16 am• Política

De Rufián y de Felipe

Inmaculada Sánchez

Estos últimos días hemos escuchado a un diputado republicano e independentista hacer en el Congreso una defensa cerrada del ministro Oscar Puente por su gestión del accidente ferroviario de Adamuz, como si formara parte de su Gobierno. También, apenas un día antes, al que fuera venerado líder del partido de ese mismo Gobierno criticarlo inmisericorde en un acto público y asegurar que no le votará en las elecciones. El primero, Gabriel Rufián, protagoniza esta semana un encuentro para reclamar la unidad de la izquierda y hacer frente a la ultraderecha mientras el segundo, Felipe González, ha llegado a afirmar que pactaría con Vox antes que con Bildu. No resulta fácil de digerir tan delirante situación pero los resultados de las últimas elecciones en Extremadura y Aragón parecen confirmar la llegada de la derecha y la ultraderecha a La Moncloa y lo que cada uno haga en estos tiempos previos para evitarlo le pasará factura en las páginas de la historia de nuestro país.

No se sabe muy bien qué busca Rufián con su llamada a una candidatura unitaria de las izquierdas que su propio partido, ERC, ya ha rechazado. El conocido y reconocido diputado catalán ha llegado a decir que si la iniciativa le cuesta el puesto, “peores trabajos he tenido”, mostrando una inusual displicencia con su futuro al elevar como objetivo único de sus movimientos el impedir un próximo gobierno PP-Vox. En política, sin embargo, nada es gratis ni las puntadas suelen darse sin hilo y todo el mundo anda pendiente de a dónde conducirá una iniciativa que ha sido tan bien recibida como rechazada desde los distintos partidos a los que va dirigida.

El portavoz republicano protagonizó parte del debate parlamentario del pasado miércoles sobre el accidente de Adamuz. “Oscar Puente, a las tres horas del accidente, estaba haciendo una rueda de prensa; Mazón se estaba tomando la tercera copa. No, Oscar Puente no es como Mazón”, espetó con su habitual vehemencia a los escaños del PP. Aunque su defensa del ministro no le impidió criticar a Sánchez por la crisis de rodalies, Rufián quiso priorizar su ataque a la derecha y no darle baza alguna en su pertinaz asalto a La Moncloa.

En tan aciagos momentos para la izquierda saber priorizar resulta clave. Por eso cuesta entender, mucho más que los objetivos finales o personales de Rufián, las palabras de González justo tras los dos recientes batacazos electorales de los socialistas.  El expresidente ya se ha despachado en notables ocasiones contra Pedro Sánchez y su política pero reiterar sus ataques y anunciar que no votará al PSOE cuando la posible cercanía de un gobierno que abra la puerta a la extrema derecha tiene el miedo metido en el cuerpo a todo el electorado progresista debería, a mi juicio, ser motivo de expulsión del partido. Por menos se expulsó, por ejemplo, a Jesús Leguina.

Siguiendo el argumentario del PP, Felipe responsabilizó al Gobierno de alimentar las expectativas electorales de Vox, que, según afirmó, se confirmarán sin duda en las próximas generales, unos comicios en los que él, enfatizó, votará en blanco. Oportuna recomendación a seguir para evitar lo inevitable. Su siguiente dardo redondeaba su relato junto al de la derecha al comparar a Vox con Bildu. No pactaría con ninguno, como obviamente tampoco querrían hacerlo ni Sánchez ni Feijóo, añado yo, pero, en todo caso, mejor Vox que Bildu, vino a decir, minimizando el peligro que supone la ultraderecha.

Poco tardó Feijóo en adherirse a sus palabras y reiterar que Sánchez “ha expropiado” el PSOE para apropiárselo, y varios ministros y dirigentes socialistas en lamentarlas, elevando, por primera vez sus reproches a su antiguo líder. Patxi López le retiró la condición de “referente” del PSOE, la ministra Ana Redondo dijo que hay jarrones chinos que “ya no quedan bien en las estanterías” y el ministro Ángel Víctor Torres incluso ha sugerido que, si tan en desacuerdo está, debería abandonar el partido.

Los alientos de ánimo para que en esta próxima cita con las urnas no se frustre el largo empeño de echar a Pedro Sánchez crecen y urge, por tanto, insuflar alguno en el desolado elector de izquierdas. Eso es, al menos, lo que Rufián intenta con su iniciativa. Esta semana veremos parte del recorrido que cabría esperar de ella tras producirse el ‘diálogo público’ que tendrá el diputado de ERC con el parlamentario autonómico madrileño Emilio Delgado, de Más Madrid, que tanta expectación ha generado, tanto por los que irán como por lo que no, Oriol Junqueras no asistirá, como tampoco dirigentes de IU o de Podemos. Sí estarán, sin embargo, representantes de Sumar, de Compromís o de los Comunes.

El sábado, Yolanda Díaz ha tenido que acelerar la presentación de lo que han llamado “refundación” de Movimiento Sumar viendo que el resto de actores ya se estaban moviendo. Allí estarán también Más Madrid, Compromís y los Comunes, además de IU, para reiterar sus alianzas y abrirlas a los demás. ¿Su nueva oferta?  Cambio de nombre y de líneas rojas, y no incluir en el paquete, de momento, a Díaz como lideresa. Algo más tendrán que ofrecer, visto el exiguo recorrido del fallido proyecto de la ministra de Trabajo.

No hay mucho tiempo y sí demasiadas incógnitas que despejar. También el PSOE tiene que ponerse las pilas para intentar revertir las tendencias electorales y llevamos semanas con un Pedro Sánchez sin el empuje al que nos tiene acostumbrados. ¿Resignación? Entre Rufián y Felipe, al menos el catalán propone hacer algo y no estaría mal arrebatar a Aznar su llamada a la batalla de “quien pueda hacer, que haga”. Pues eso.

↑
Close