Escrito por • 10:52 pm• Política

Decisivo curso para Sánchez con suspenso en Ceuta

Inmaculada Sánchez

Este débil Gobierno ha llegado, pese a su fragilidad, al arranque del último año de legislatura, un mandato que el presidente insiste en que agotará y del que Núñez Feijóo sigue reclamando su final adelantado, aunque ya ni él, ni nadie en el PP, cuenta con ello. Este otoño se presenta otra vez crucial, casi como cada mes de Sánchez en La Moncloa, aunque, en esta ocasión, las urnas ya se atisban en el horizonte y cada paso anuncia consecuencias electorales. Ya no queda tiempo suficiente para que la economía revierta los sondeos, que vuelven a situar a Feijóo como próximo presidente, con Ábascal de número dos. La pura política, en dura y desigual pelea contra los bulos, la desinformación y los jueces levantados en armas contra este Gobierno, es la única munición disponible y Moncloa no debería malgastarla. Por eso se entiende tan mal la sucesión de errores políticos cometidos durante agosto para afrontar la grave crisis de Ceuta.

Pedro Sánchez ha retomado su agenda pública esta semana con una entrevista en la Cadena Ser y una comparecencia monográfica sobre Ceuta en el Congreso tras una perniciosa ausencia veraniega. “También ese es mi derecho”, defendió legítimamente sus vacaciones el presidente ante las preguntas del nuevo conductor de ‘Hoy por Hoy’, Aimar Bretos, reivindicando que ha estado al tanto del país y trabajando telemáticamente desde Lanzarote. No seré yo quien discuta la necesidad de descansar y desconectar de nuestros dirigentes para ser capaces de afrontar las difíciles decisiones de su dura tarea con la mente despejada y los pies anclados al suelo familiar y cotidiano que apenas se pueden permitir unos días al año. Las dimensiones de la crisis ceutí, sin embargo, habrían requerido algo más que el despliegue de ministros que acudieron en días sucesivos a la ciudad autónoma y, sobre todo, una imagen y un relato más cohesionado y potente desde el Ejecutivo.

Aprisionado entre Marruecos, la seguridad nacional, la crisis humanitaria, el estallido social y la legalidad vigente no resulta fácil la respuesta para el Gobierno español, pero si, además, te permites añadir el abierto enfrentamiento entre los ministros de Interior y Defensa, Marlaska y Robles, sin ponerle freno, y sumas un lento y tardío envío de recursos a la ciudad la situación no puede hacer más que empeorar. La crisis se irá cerrando con tiempo, estoy convencida, aunque depende y mucho del convulso escenario internacional, pero sus actuales consecuencias están marcando el inicio del curso político y reabasteciendo el arsenal de la derecha contra Sánchez y los suyos.

El apoyo de los socios parlamentarios, ya tocado y endeble, aún persiste, con descontadas críticas a la actuación en Ceuta y a la espera de si surgen novedades relevantes en torno a las causas judiciales que implican directamente al PSOE. Todos dan por descontado que el calvario de los socialistas en los tribunales continuará hasta la convocatoria electoral y que el juicio a la esposa de Sánchez será la cita estrella, pero la clave que únicamente podría desequilibrar el actual estatus parlamentario del Gobierno está en una posible imputación al Partido Socialista, y a Pedro Sánchez como su secretario general, por supuesta financiación irregular derivada de las investigaciones del ‘caso Leire’.

Con semejante espada de Damocles encima ha de lidiar Moncloa la anunciada presentación de los Presupuestos Generales del Estado de 2027, que insiste en que negociará y llevará al Congreso. Nadie confía en su aprobación pero el toma y daca de las conversaciones ofrecerá a los socialistas y a sus socios el primer escenario de precampaña electoral de la nueva temporada y todos están preparándose para aprovecharlo.

La única alegría que tiene Moncloa que llevarse a la boca estos días es el increíble resbalón de Isabel Díaz Ayuso con su ático, ya convertido en el primer error político de calado de la presidenta madrileña, que incluso ha abierto una brecha en su incondicional frente mediático afín donde ya no todo el mundo la defiende con el mismo ardor. Será por eso que hasta Feijóo se ha atrevido a pedirle más explicaciones al respecto en su primera entrevista tras las vacaciones.

Con las elecciones autonómicas a la vista, la oposición madrileña, Moncloa y también sus adversarios en Génova no piensan soltar tan inesperada presa y el ‘aticazo’, como lo denominó Sánchez este lunes, o el poco atinado “chao pescado” de la presidenta queriendo zanjar tan llamativo caso, amenazan con perseguir a Ayuso durante unos meses fundamentales para su destacada posición en la política nacional.

Puede que Ayuso se juegue la mayoría absoluta de la que actualmente goza en la convocatoria del próximo mayo si el ático consigue ensombrecer su cuidada imagen de política popular, que entiende y habla como la gente de la calle y es capaz de enfrentarse a Sánchez como nadie en su partido. Sánchez, sin embargo, en fechas cercanas a ese mayo (difícil acertar si será antes o después) tiene en riesgo no una mayoría u otra, sino seguir en La Moncloa o dejarla en manos de la derecha y la ultraderecha. Toda la izquierda del país mira con angustia cada uno de sus pasos. Y ahora más que nunca toca, al menos, no equivocarse.

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