Escrito por 3:53 pm Tribuna Internacional

DESINFORMACIÓN CON POTENCIAL DESESTABILIZADOR

Documento de Opinión del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) 37/2024. Por Rubén Guilló Rot, teniente coronel de la Guardia Civil.

Resumen: 

Durante el año 2022 se renovaron las estrategias de Seguridad y Defensa de la OTAN y de la UE. Tanto el “Nuevo Concepto Estratégico” de la OTAN, firmado tras la Cumbre de Madrid, como la “Brújula Estratégica” adoptada por el Consejo de la Unión Europea, establecen, entre las principales amenazas a la seguridad de sus respectivas Alianzas, las campañas de desinformación. 

Del mismo modo, ambos documentos señalan a la Federación Rusa y a la República Popular China como los actores hostiles más activos en este ámbito, desafiando, a través de estrategias híbridas, nuestros intereses, nuestra seguridad y nuestros valores.

Este artículo tiene como objetivo comparar los propósitos geoestratégicos de Rusia y China a través de sus campañas de desinformación. Para ello, se ha realizado un estudio de los instrumentos de poder D.I.M.E. (Diplomacia, Información, Militar y Economía), utilizados por Rusia y China, dentro de su estrategia híbrida, para desestabilizar las Alianzas internacionales basadas en nuestros regímenes democráticos. 

El resultado de nuestro análisis concluye que la geoestrategia desinformativa de China, supone, a largo plazo, una amenaza más peligrosa para las democracias occidentales, que la geoestrategia desinformativa procedente de Rusia.

Texto: 

Identificando a los adversarios más preocupantes 

Conseguir capacidad de influencia sobre el adversario ha sido una estrategia fundamental históricamente. Los métodos para intentar conseguirlo han sido variados y variables durante muchísimo tiempo. Sin embargo, en las últimas décadas, estos métodos se han visto modificados con el aumento exponencial de la interconexión mundial, gracias a las capacidades que ofrecen las tecnologías de la información y las comunicaciones. 

Así, las grandes superpotencias han comprobado que, una vez detectadas las debilidades y vulnerabilidades de la sociedad del país o la Organización sobre la que se pretende conseguir una posición ventajosa, gracias a los medios de comunicación (MCS) y redes sociales (RRSS) principalmente, se pueden realizar eficaces campañas de desinformación e influencia, con una prerrogativa adicional, pasando desapercibido. 

De este modo, en los últimos años, determinados Estados han intentado, y en numerosas ocasiones conseguido, desestabilizar a la sociedad del país marcado como objetivo: polarizando a la misma y consiguiendo la pérdida de confianza de los ciudadanos en sus instituciones, logrando resultados tan exitosos como influir en el resultado de sus procesos democráticos, planteando incertidumbre sobre el origen y la responsabilidad de la pandemia del coronavirus o debilitando Organizaciones multinacionales, al sembrar la duda entre alguno de sus Estados miembros sobre el interés o no de pertenecer a la misma. 

Todos estos hechos son motivo más que suficiente para que países y Organizaciones democráticas como el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o la Unión Europea (UE) estén adoptando medidas, desarrollando normas y creando instituciones nacionales e internacionales para intentar luchar contra estas campañas de desinformación y proteger a sus sociedades de estos efectos desestabilizadores. 

El origen principal de estas campañas de influencia son Estados autocráticos, mayoritariamente Rusia y China, y su destino son diferentes sociedades de Estados democráticos. Los métodos utilizados por Rusia y China para conseguir el éxito de sus campañas ofensivas tienen similitudes y diferencias, pero de lo que no cabe duda, es de que cada vez son utilizadas con mayor habitualidad y precisión. 

Por este motivo, es fundamental desde los Estados democráticos aprender a identificarlas y contrarrestarlas. Precisamente respecto de los intereses geoestratégicos de estas dos superpotencias, Federación Rusa y República Popular China, surge la pregunta de investigación de este artículo: ¿Qué estrategia desinformativa o de influencia debe preocupar más, a largo plazo, a los Estados democráticos, la desinformación de Rusia o la desinformación proveniente de China? 

Las herramientas de la Comunidad Internacional contra las amenazas híbridas 

La Comisión Europea (CE) define la desinformación como la “información verificablemente falsa o engañosa que se crea, presenta y divulga con fines lucrativos o para engañar deliberadamente a la población, y que puede causar un perjuicio público” . 

Del mismo modo, es la propia CE en este mismo documento, la que considera que las campañas de desinformación emprendidas por terceros países pueden formar parte de amenazas híbridas para la seguridad interna, incluidos los procesos electorales, en especial si se combinan con ciberataques. 

Existe en este sentido una enorme variedad de definiciones y conceptos relacionados con lo “híbrido”. La propia OTAN asocia a este concepto indistintamente las terminologías: guerra, amenaza, estrategia o táctica para referirse a la complejidad de los conflictos del siglo XXI . Sin embargo, el concepto de amenaza híbrida es relativamente reciente. Y es que no fue hasta la agresión rusa en Crimea del año 2014 cuando la amenaza híbrida se popularizó entre la clase política y la opinión pública aliada. 

En esta península, Moscú fue capaz de ocultar sus objetivos y negar su responsabilidad hasta haber conseguido la invasión. Todo ello lo consiguió bajo la atónita mirada de la comunidad internacional a través de una campaña multicanal de desinformación dentro y fuera de Ucrania. A partir de la invasión de Crimea del año 2014 la OTAN fue adoptando, a lo largo de las siguientes Cumbres de la Alianza celebradas, diferentes herramientas para luchar contra el fenómeno de la desinformación y otras estrategias híbridas. 

La respuesta de la OTAN a las amenazas híbridas

En la Cumbre de Varsovia del año 2016 se incluyó la declaración de que una acción híbrida podría motivar la invocación del Artículo 5 del Tratado de Washington, por el cual un ataque contra un Estado miembro de la OTAN implica un ataque contra todos ellos. 

Principio de Defensa Colectiva: Artículo 5. “Las partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas y, en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva, reconocido por el Artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas, asistirá a la Parte o Partes así atacadas, adoptando seguidamente, individualmente y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte. 

Por lo que respecta a la UE, como en el caso de la OTAN, no fue hasta la intervención de Rusia en Ucrania del año 2014, cuando saltaron las alarmas relativas a las estrategias híbridas en la UE. En enero del año 2015, en una reunión de Ministros de Defensa de la UE en Riga (Letonia), se empezó a discutir la necesidad de abordar las amenazas híbridas desde un enfoque integral, incluida la cooperación entre actores militares y civiles. 

A partir de esta reunión se empezaron a poner los cimientos a estas buenas intenciones. La UE ha sido, si cabe, más activa que la OTAN a la hora de crear organismos y adoptar estrategias contra la desinformación. En este sentido, es digno de destacar el “Código de Buenas Prácticas sobre Desinformación” firmado en el año 2018, por el que, por primera vez en todo el mundo y de forma voluntaria, representantes de plataformas en línea, empresas tecnológicas y actores de la industria de publicidad acordaron medidas de autorregulación para abordar la propagación de la desinformación en línea. A este Código, firmado inicialmente por Facebook, Google, Twitter o Mozilla, se fueron anexionando Microsoft en 2019 o Tik Tok en 2020. En el año 2022 hubo una revisión del citado acuerdo, estableciendo un “Código Reforzado”. 

En España

En el ámbito nacional también se ha tomado el testigo a esta preocupación internacional. Así lo demuestra nuestra última Estrategia de Seguridad Nacional, revisada en el año 2021 (ESN21), por el que se incluyen, por primera vez, las campañas de desinformación entre los dieciséis riesgos y amenazas principales a nuestra seguridad nacional. 

En la actualidad, los tres documentos estratégicos de Seguridad y Defensa de la OTAN, la UE y España, esto es “el Nuevo Concepto Estratégico”, la “Brújula Estratégica” y la citada “ESN21”, respectivamente, presentan tres puntos de encuentro respecto de las campañas de desinformación. Primeramente, la gran importancia que están apreciando en estos desafíos a la política de seguridad aliada. En segundo lugar, la coincidencia en identificar a Rusia y China como los actores hostiles más activos en este ámbito. Para finalizar, el modo en que esta amenaza se debe afrontar: a través de la cooperación internacional y de la coordinación entre organismos públicos y privados. 

Del mismo modo, tanto la OTAN como la UE identifican, en estos documentos, los objetivos estratégicos que la Federación Rusa y la República Popular China (RPC) persiguen conseguir a través de sus campañas de desinformación. 

En el caso de Rusia podríamos decir que los objetivos son más concretos. Para la OTAN están identificados. En el Concepto Estratégico suscrito por la Alianza tras la Cumbre de Madrid de 2022, en su punto 8, la OTAN acusa a Rusia de procurar establecer esferas de influencia a través de medios convencionales, cibernéticos e híbridos contra los Estados miembros de la OTAN, así como contra sus socios.

Para la UE, las amenazas detectadas en este sentido, lo son contra la seguridad, la estabilidad y la integridad territorial: de los propios Estados miembros; de países cercanos a la esfera de la Federación Rusa como Ucrania, Georgia o la República de Moldavia; los Balcanes Occidentales; pero también de otras zonas del mundo como Libia, Siria, la República Centroafricana o Mali. 

En todos los casos citados, la UE pretende, ante estos ataques desinformativos de Rusia, aumentar la resiliencia de las sociedades y de sus procesos electorales, admitiendo que el uso de tácticas híbridas por parte de este país ha provocado un “grave deterioro de la relación con el Gobierno de Rusia”, por poner en peligro “la estabilidad de los países y sus procesos democráticos”. 

El Kremlin elabora tres tipos de desinformación, dependiendo del público al que las campañas de desinformación estén dirigidas: 

– La desinformación doméstica. Destinada a los ciudadanos rusos. El principal objetico de esta desinformación es, a parte de fortalecer el poder del presidente Vladímir Putin, el de crear un sentimiento antioccidental en la ciudadanía rusa y dividir a la propia población entre patriotas y traidores. 

– La desinformación para los vecinos. Dirigida a los ciudadanos de las repúblicas exsoviéticas. Con este tipo de desinformación, Rusia pretende disuadir a estas repúblicas de estrechar relaciones con la UE o la OTAN, intentando crear un sentimiento de inseguridad entre sus ciudadanos y justificando la necesidad de protegerles, incluso con intervenciones militares. 

– La desinformación “como punto de vista alternativo”. Orientada a los ciudadanos de las sociedades occidentales, principalmente UE y EE.UU. Estos mensajes  pretenden poner de manifiesto, en los países objetivo, la disfuncionalidad del sistema político, económico y social de la democracia liberal. La invasión de Ucrania es la culminación, por parte de Rusia, de años de manipulación e injerencia de la información. 

La desinformación originada desde la República Popular China

Por lo que respecta a China, sus propósitos no se identifican de forma tan tangible, y en cualquier caso son más variados. Así, el Concepto Estratégico de la OTAN acusa, en su punto 13, a la RPC, de utilizar operaciones híbridas y cibernéticas maliciosas “y su retórica de enfrentamiento y desinformación” para “ampliar su presencia en el mundo y proyectar su poder, al tiempo que mantiene la opacidad sobre su estrategia, sus intenciones y su rearme militar”. 

Es decir, en el caso de China, la propia OTAN admite opacidad en su estrategia e intenciones. La Brújula Estratégica de la UE tiene a China identificado como un “rival sistémico”. Por lo que respecta al uso por parte de la RPC de tácticas híbridas, la UE identifica que lo hace para “intentar promover sus propias normas en todo el mundo”. 

El objetivo estratégico de China es convertirse en la primera potencia económica mundial y en la principal potencia global en el año 2049, año en que la RPC celebrará su primer centenario. 

En la consecución de estos objetivos estratégicos se basan las líneas conductoras de sus campañas de desinformación, que se sustentan en tres principios: 

– El mantenimiento del poder por parte del Partido Comunista Chino. 

– La defensa de su integridad territorial. Su fórmula “un país, dos sistemas” facilitó la recuperación de Hong Kong y Macao en 1997 y 1999 respectivamente; además esta fórmula incluye la política de “una sola China” que considera Taiwán como parte de su territorio y rechaza los movimientos secesionistas de Xinjiang y Tibet. 

– Prestigio y buena imagen internacional.

Los plazos asumidos por Rusia y China para sus campañas de desinformación 

Una vez analizados los propósitos estratégicos que cada una de estas dos grandes potencias pretenden conseguir a través de, entre otros instrumentos, sus campañas de desinformación, vamos a examinar los plazos en los que ambos actores se plantean las citadas campañas. 

Resulta difícil cuantificar la influencia que las campañas de desinformación pueden conseguir o no, pero lo que sí es seguro es que el poder de las mismas viene dado a “medio y largo plazo”. 

Resulta evidente que los plazos asumidos por Rusia y China para que sus campañas de influencia o desinformación surtan los efectos deseados, vienen implícitamente asociados a los objetivos que pretenden alcanzar con las mismas. 

En el caso de Rusia: desestabilizar las grandes Alianzas internacionales contrarias a sus intereses, las democracias y sus procesos electorales; en el caso de China: conseguir ser la principal potencia mundial en el año 2049 y conseguir una buena imagen internacional. 

Por lo tanto, mientras los plazos de Rusia dependen principalmente de la celebración de los procesos electorales sobre los que pretende influir, los plazos de la RPC en este ámbito son mucho más amplios. 

Los procedimientos a través de los cuales Rusia y China pretenden alcanzar sus propósitos estratégicos no se basan, lógicamente, de forma exclusiva, en sus campañas de desinformación, sino que las mismas forman parte de estudiadas estrategias híbridas, como se citó al inicio de este artículo. 

Para analizar estos procedimientos utilizaremos el modelo analítico D.I.M.E. (Diplomacia, Información, Militar y Economía), por ser uno de los modelos analíticos más útiles para conocer y comparar los instrumentos que permiten ejercer poder en el escenario internacional. 

Instrumentos de poder D.I.M.E. “DIME…espejito, espejito…si soy la más guapa del reino”

En el ámbito DIPLOMÁTICO, por ejemplo, Rusia intentó desestabilizar a la UE con el envío de material médico a Italia con motivo de la pandemia 

Por lo que respecta a INFORMACIÓN, Rusia utiliza principalmente el ecosistema de medios de comunicación de Sputnik y RT para difundir sus campañas de desinformación. Este ecosistema está identificado por esta labor desinformativa, como muestra las sanciones aplicadas tras la invasión de Ucrania a los citados medios. 

El instrumento de poder MILITAR es probablemente la mayor baza de Rusia. Un ejemplo exitoso es el protagonizado en el año 2014 en Crimea por unos soldados profesionales vestidos de uniforme carentes de todo distintivo, a los que los ucranianos llamaron “Hombrecillos Verdes”. 

En ECONOMÍA, Rusia utiliza este instrumento de poder, por ejemplo, para desestabilizar a la UE aprovechando la excesiva dependencia energética que ésta tiene de su poderoso vecino del este. 

China, por su parte, tras ser señalada como el origen del coronavirus, desplegó la llamada “DIPLOMACIA de las mascarillas”, por la que se convirtió en el primer exportador de material médico del mundo. Con esta ayuda solidaria, China pretende alcanzar su objetivo de mejorar su imagen internacional. 

En el ámbito de la INFORMACIÓN, China también cuenta con una gran diversidad de medios vinculados con el Estado. Desde 2019, ha aumentado de forma exponencial la distribución masiva de contenido a través de los principales medios de comunicación, incluyendo el acoso y la intimidación a los medios que publican noticias u opiniones desfavorables al gobierno chino. 

El instrumento de poder MILITAR también se está potenciando en los últimos años por parte del gobierno de XI Jinping, el cual se habría marcado como objetivo para el año 2049 disponer de una fuerza militar de primera categoría a nivel global. Las Fuerzas Armadas chinas han dado un salto asombroso de desarrollo. En las últimas fechas, son habituales las maniobras militares del Ejército Popular de Liberación chino alrededor de Taiwán, como respuesta a visitas o contactos entre el Gobierno de Taiwán y representantes políticos estadounidenses a modo de “severa advertencia”. 

Sin embargo, la gran baza China es la ECONOMÍA. Prueba de ello es el mayor proyecto de infraestructura jamás planteado: el “One Belt One Road”, inspirado en la antigua ruta de la seda. Este megaproyecto es, sin duda, una herramienta que China utiliza para expandir su creciente influencia a nivel global, y del que EEUU ha sido “cuidadosamente excluido”; este instrumento es considerado por muchos analistas como parte de una “trampa de deuda infernal”. 

Por lo tanto, como se ha analizado, las estrategias híbridas utilizadas por China son mucho más potentes y variadas. Mientras la Federación Rusa exporta capacidad militar y recibe sanciones, la República Popular China exporta capacidad económica y cosecha alianzas estratégicas. 

Conclusiones:

La OTAN y la UE han percibido, a lo largo de la última década, el potencial desestabilizador que pueden alcanzar las campañas de desinformación como parte importante de las estrategias híbridas desplegadas por actores hostiles. Por este motivo, durante los últimos años, están impulsando numerosas medidas y estructuras con la finalidad de detectar estas campañas de desinformación, neutralizarlas y contrarrestarlas. Tanto la OTAN como la UE identifican a Rusia y a China como los actores más peligrosos en este ámbito desinformativo. 

El proyecto “Ruta de la seda”, presentado por Xi Jinping en 2013, incluye una ruta terrestre para unir China con Asia Central, el Sudeste Asiático y Europa; una ruta marítima con una red de puertos en el mar de China, el Océano Índico y el Mediterráneo; una ruta de la Seda Polar y una Ruta de la Seda Digital que incluiría cables de comunicación marítimos, redes 5G y aplicaciones informáticas en la nube. 

Por su parte, Rusia utiliza la desinformación principalmente para lograr su propósito estratégico de desestabilizar a la propia OTAN y a la UE, de conseguir la pérdida de confianza de los ciudadanos en estas instituciones y en sus democracias y en afectar a sus procesos electorales. 

En el empeño, además de las campañas de desinformación, utiliza los diferentes instrumentos de poder D.I.M.E. como parte de su estrategia híbrida, destacando el ámbito militar, pudiendo llegar, en última instancia incluso, a la intervención armada. 

Los propósitos estratégicos de China son a más largo plazo: convertirse en la primera potencia económica mundial y en la principal potencia global en el año 2049. Para ello, despliega unas capacidades híbridas más atractivas que las de Rusia, soportadas por su gran baza, su potencial económico. 

A través de este instrumento de poder, apoyado por unas estudiadas campañas de desinformación para afianzar en el poder al Partido Comunista Chino, lograr una estabilidad de su integridad territorial y obtener una buena imagen internacional, China puede llegar a conseguir, en el largo plazo, revertir el actual orden mundial y posicionar su sistema autoritario, por encima de las Alianzas basadas en nuestros regímenes democráticos. 

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