Escrito por • 11:45 am• Tribunas

Diez principios compartidos para un diálogo interreligioso  

Jesús Lizcano Álvarez*

En los últimos años, diversas autoridades religiosas han insistido en la necesidad de reforzar el diálogo entre creyentes de distintas tradiciones. Entre ellas, el papa León XIV ha destacado reiteradamente que las religiones están llamadas a convertirse en instrumentos de reconciliación y de construcción de la fraternidad humana. Sus llamamientos al diálogo, especialmente durante sus recientes intervenciones en España, han puesto de relieve la importancia de superar prejuicios históricos y construir espacios de encuentro capaces de generar confianza y colaboración.

En un mundo caracterizado por una creciente interdependencia entre pueblos, culturas y naciones, el diálogo entre religiones se ha convertido en una necesidad social, cultural y ética de primer orden. Los conflictos internacionales, las migraciones, la globalización de la información y la convivencia cotidiana entre personas de distintas creencias hacen cada vez más evidente la importancia de construir puentes de entendimiento mutuo. En este contexto, las tres grandes religiones monoteístas -cristianismo, islam y judaísmo- poseen una responsabilidad y una oportunidad extraordinarias para contribuir a la paz y a la cohesión social.

Aunque sus doctrinas presentan diferencias relevantes en aspectos teológicos, históricos y rituales, estas tres tradiciones comparten una raíz común que se remonta a la figura de Abraham, considerado ejemplo de fe y confianza en Dios. Por ello, con frecuencia son denominadas religiones abrahámicas. A lo largo de los siglos, sus seguidores han desarrollado identidades propias, pero también han conservado numerosos principios éticos y espirituales que constituyen una base sólida para el encuentro y la cooperación.

Los diez principios compartidos para un diálogo interreligioso factible

Más allá de las diferencias doctrinales, existen principios comunes que pueden actuar como pilares de un diálogo interreligioso estable y duradero. Estos diez principios que enumeramos a continuación no exigen la renuncia a las propias convicciones, sino el reconocimiento de una herencia moral compartida que puede servir al bien común.

1. El monoteísmo ético y la trascendencia compartida: Las tres religiones afirman la existencia de un único Dios, origen y fundamento de toda la realidad. Esta convicción compartida proporciona un punto de encuentro esencial, ya que sitúa a todos los seres humanos bajo una misma dimensión trascendente y favorece una visión universal de la dignidad humana.

2. La dignidad inviolable de toda persona: cristianos, musulmanes y judíos consideran que el ser humano posee un valor intrínseco que no depende de su origen, condición social, cultura o nacionalidad. Este principio constituye una base fundamental para el respeto mutuo y para la defensa de los derechos humanos.

3. La responsabilidad moral individual: Las tres tradiciones enseñan que las personas son responsables de sus actos y deben orientar su conducta hacia el bien. Este principio favorece una ética común basada en la honestidad, la integridad y el compromiso con la justicia.

4. La búsqueda de la justicia: La justicia ocupa un lugar central en los textos sagrados del judaísmo, el cristianismo y el islam. Todas ellas consideran que la convivencia auténtica solo puede construirse sobre relaciones justas, equitativas y respetuosas con la dignidad humana.

5. La solidaridad con los más vulnerables: La ayuda a los pobres, a los enfermos, a los marginados y a quienes sufren constituye una obligación moral compartida. Este compromiso permite desarrollar proyectos conjuntos de acción social que fortalecen el diálogo mediante la cooperación práctica.

6. El valor del perdón y la reconciliación: Aunque las tres religiones reconocen la realidad del conflicto y del error humano, también enseñan la posibilidad de la reconciliación. El perdón aparece como una herramienta esencial para superar heridas históricas y construir relaciones más saludables entre comunidades.

7. La importancia de la paz: La paz es mucho más que la ausencia de violencia. En las tres tradiciones representa un estado de armonía basado en la justicia, el respeto y la cooperación. Este ideal común constituye uno de los pilares más sólidos para el diálogo interreligioso.

8. La centralidad de la familia y la comunidad: Las tres religiones valoran profundamente la familia como espacio de transmisión de valores y de formación ética. Asimismo, consideran que la comunidad desempeña un papel esencial en el desarrollo integral de la persona.

9. La apertura a la trascendencia: La oración, la reflexión espiritual y la búsqueda de sentido forman parte de la experiencia religiosa compartida. Este reconocimiento de una dimensión trascendente favorece el respeto mutuo entre creyentes de diferentes tradiciones.

10. La esperanza en un futuro mejor para la humanidad: cristianos, musulmanes y judíos comparten la convicción de que la historia puede orientarse hacia mayores niveles de justicia, fraternidad y paz. Esta esperanza impulsa el compromiso con la transformación positiva de la sociedad.

Del conocimiento mutuo hacia una cultura del encuentro 

Estos diez principios no son únicamente elementos doctrinales comunes. Constituyen también herramientas concretas para construir puentes entre comunidades religiosas y para generar una cultura deL encuentro. El diálogo interreligioso resulta mucho más eficaz cuando se fundamenta en valores compartidos que cuando se centra exclusivamente en las diferencias.

La experiencia demuestra que el conocimiento mutuo reduce prejuicios, favorece la empatía y permite descubrir que muchas tensiones derivan más de la ignorancia que de auténticas incompatibilidades religiosas. Cuando personas de distintas creencias colaboran en proyectos sociales, educativos o humanitarios, comprueban que comparten aspiraciones fundamentales relacionadas con la dignidad humana, la paz y la justicia.

Por ello, el diálogo interreligioso debe entenderse no solo como una conversación entre líderes religiosos, sino como una tarea que involucra a toda la sociedad. En este sentido la sociedad civil Tenemos un importante papel que desarrollar en los distintos países para fomentar este diálogo. Quien escribe estas líneas ha participado durante años en la Asociación para el Diálogo Interreligioso, la cual no es sino un ejemplo de otras muchas organizaciones civiles que en numerosos países propugnan esta comunicación entre confesiones religiosas.

Conclusión

En conclusión, el futuro del diálogo interreligioso dependerá en gran medida de nuestra capacidad para reconocer lo que une a las religiones, sin ignorar aquello que las diferencia. Cristianismo, islam y judaísmo poseen recursos espirituales, éticos y culturales extraordinarios para contribuir conjuntamente a la construcción de un mundo multilateral más justo y pacífico.

*Catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid
Académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras
Cofundador y Expresidente de Transparencia Internacional España
Director de la revista Encuentros Multidisciplinares

↑
Close