A menudo se preguntan muchos ciudadanos donde están los POLÍTICOS (con mayúsculas), si es que existen. Muy por el contrario la percepción social general es que tenemos una clase política que no está a la altura de lo que necesitan y demandan los ciudadanos. En estos últimos tiempos vemos además cómo numerosos representantes de los partidos políticos y de las instituciones no hacen sino criticar, descalificar, y a veces insultar, a sus respectivos adversarios, entrando incluso de forma agria en terrenos no solo políticos sino personales.
En este contexto creemos tan importante como urgente que lo políticos reflexionen y disminuyan ese tono crítico, y a veces destructor, para dedicarse justamente en sentido inverso, a enfrentarse a sus adversarios con propuestas positivas, posibilistas y desde luego acordes con las necesidades de la ciudadanía. También se necesita un cambio profundo de coordenadas en las actuaciones y estrategias políticas de unos y otros partidos. Se trata de fomentar la creatividad en la política y en las acciones de gobierno, ya que el quehacer político no solamente consiste en atacar y anular a los contrarios sino en gobernar o cogobernar en función de las demandas sociales, y teniendo siempre en cuenta la voluntad de la mayoría de los ciudadanos, que son por otra parte, los que eligen y mantienen económicamente a los políticos.
Vamos a continuación a poner un ejemplo de lo que a nuestro juicio significa una acción de cogobierno eficaz y compartida entre las grandes formaciones políticas. Tanto en el terreno de la Ley de amnistía, como en el de la reciente propuesta de soberanía fiscal de un territorio como Cataluña, sería bueno considerar la posibilidad de que el partido más importante de la oposición, como es, en estos momentos, el PP, pudiera desempeñar (o haber desempeñado) una acción de gobierno, sin estar en el gobierno. Con este cogobierno puntual y de Estado, se trataría de que en ocasiones especiales y cuando lo requieran asuntos de Estado, o en definitiva, asuntos acordes con la opinión y deseo mayoritario de los ciudadanos, pudiera hacerle el partido que en cada momento esté en la oposición, una cesión o préstamo puntual y no permanente de votos al partido gobernante, y ello cuando se diriman cuestiones fundamentales como una amnistía, una independencia fiscal de un territorio, etc, y que haya constancia de que dichas cuestiones no cuenten con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. De esta manera, el partido de la oposición realizaría una actuación de gobierno, evitando así lo que supuestamente no desean los ciudadanos sobre esos dos importantes temas, o sobre algunos otros que pudieran surgir en el futuro. Si el partido en la oposición tuviera así una cierta dosis de valentía a la vez que mano izquierda, le pondría en una tesitura de obligada aceptación al partido gobernante, y ello siempre en beneficio de la mayoría social.
De esta manera se podrían desactivar las eventuales imposiciones de unas minorías políticas en beneficio del interés general de los ciudadanos y de la sociedad. Ello podría significar por tanto que al menos en algunas ocasiones y decisiones puntuales pudiera haber un cogobierno efectivo entre los dos grandes partidos mayoritarios en beneficio de la sociedad. No se trataría de una cesión de votos a medio o largo plazo, ni relacionada con toda una legislatura, sino solo para atajar puntualmente algunos problemas básicos que vienen creando una importante polarización y una crispación permanente de la ciudadanía. Esta no sería una artificial teoría política de juegos, sino una política realista de diálogo entre los partidos y/o grupos parlamentarios, algo que ya se logró en otras épocas en España, y que se viene haciendo en otros países europeos.
Por otra parte, y entrando ya quizá en el terreno de las quimeras, aprovechamos estas líneas para hacernos algunas preguntas: ¿Qué pasaría si cambiando la normativa electoral, pudiesen computar los votos en blanco de los ciudadanos, para poder dejar vacíos algunos escaños parlamentarios, y el muy alto coste inherente a esos escaños ahorrados invertirlo, por ejemplo, en políticas de interés social, como la sanidad, la educación, etc.? Algunos pensamos a este respecto que si se posibilitara esa circunstancia los partidos se podrían sentir señalados por los ciudadanos de cara a la necesidad de mejorar su quehacer político, y habría así más ciudadanos que se animasen a votar en lugar de quedarse en casa en base a la gran desafección política existente, y podría aumentar en ese caso la participación ciudadana y con ello el nivel de democracia efectiva.
También nos vamos a permitir finalmente preguntarnos en estas líneas qué ocurriría si las listas electorales fueran abiertas, o al menos desbloqueadas, y pudiéramos así los ciudadanos decidir algo a la hora de ir a votar, por ejemplo, tachar algunos de los candidatos incluidos en esas listas, bien por desconfianza o simplemente desinformación, ya que desconocemos los datos curriculares básicos de los candidatos (tendría que ser obligatoria su publicación), con lo que se tendría así la capacidad de anular en el voto ciudadano alguno/s de los candidatos que nos meten en la actualidad en listas cerradas, de “o lo tomas o lo dejas”, y que no es el mejor exponente de una democracia real.
No nos queda finalmente sino esperar que en algún momento se pudieran tener en cuenta por los políticos reflexiones y propuestas como las anteriores, y en especial -por su urgencia e inmediatez- esa política algo más creativa con algunas acciones de gobierno eficaces y compartidas a nivel estratégico y en asuntos de Estado, entre al menos los grandes grupos parlamentarios, en aras de estar más a la altura y actuar en interés y representación de una mayoría muy importante de los ciudadanos.
Jesús Lizcano Álvarez
Catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid
Académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras
Cofundador y Expresidente de Transparencia Internacional España
Director de la revista Encuentros Multidisciplinares

