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Dos Luis, dos estrellas argentinas, dos personajes…

 Manuel Espín

 Por una ácida casualidad se han ido de este mundo con pocas horas de diferencia dos nombres-clave de la cultura argentina de nuestro tiempo, y dos personajes cuyo perfil alcanzó relevantes resonancias socio-políticas. Figuras con las que incluso tuve la oportunidad de hablar con cierta amplitud. 

Luis Brandoni en La tregua

 Luis Brandoni (1940-2026) ha sido un nombre referencial del cine y del teatro argentino a lo largo de muchas décadas, como en España lo puede ser José Sacristán. Había sido en 1974 protagonista de una película muy importante en su día para el cine argentino como ‘La tregua’ (Sergio Renán) basado en una historia de Mario Benedetti y se había hecho una buena carrera en la escena de Buenos Aires. Pero como tantos otros de sus coetáneos, se cruzó en su vida la amenaza de la ultraderecha. 

 Con el golpe militar de los Videla, él y su entonces esposa la también actriz Marta Bianchi, fueron llevados a un centro clandestino de detención en la siniestra nave de motores Orletti donde se les torturó y finalmente liberó. Pero bajo las amenazas de muerte de la Alianza Anticomunista Argentina se vieron obligados a tomar el camino del exilio hacia México.

 Tras el final de la dictadura y la llegada al poder de Alfonsín y la Unión Cívica Radical (en aquel momento asociada a la Internacional Socialista) Bandoni combina una complicada personalidad de actor y de político a la vez, con la que llega a ser diputado (1997-2001) y más recientemente parlamentario en Mercosur (2024-2026), mientras sigue desarrollando una intensa carrera en los escenarios y las pantallas. Su última película, ‘Parque Lezama’ (2026, Juan José Campanella) todavía no estrenada en cines españoles aunque si en las plataformas, es la adaptación teatral de una obra representada por el propio Brandoni en los escenarios argentinos (también en Madrid). Dos ancianos, un viejo militante comunista sobreviviente de centenares de batallas y un escéptico individualista se encuentran en el banco de un parque y contrastan sus existencias con una serie de personajes que se cruzan por el recinto.

Parque Lezama

 A través de la hija de Brandoni fui invitado a una de sus actuaciones teatrales en una sala de Buenos Aires, y al acabar la función tuvimos ocasión de conversar sin depender del reloj en una cena informal. Brandoni tenía especial agradecimiento a quienes desde España se habían interesado en su día por su situación en el exilio, como había ocurrido con Nuria Espert, y recordaba los trabajos que hizo en España. Pero sobre todo hablaba y mucho de política.

 Las vicisitudes y los constantes giros de guion de su partido, la Unión Cívica Radical en un zig zag del centro-izquierda a la derecha neoliberal, del progresismo a Macri, le debieron costar costar girones y enfrentarse a polémicas, aunque Brandoni lo que siempre estuvo es vinculado a lo que en su día representó Alfonsín. Sin dejar de ser un actor referencial para su generación a lo largo de una dilatada carrera, y cuando parecía que estaba en uno de sus mejores momentos laborales pese a la edad, un accidente doméstico ha acabado con la vida de esta figura.

La historia oficial. Oscar 1986 a a mejs película extranjera

 Como Luis Puenzo (1946-2006), director referencial para el cine de su país al ganar su primer Oscar a la mejor película extranjera por ‘La historia oficial’ (1986). Puenzo venía del cine publicitario y había rodado esa película de forma casi clandestina: la historia de un matrimonio de clase media (Héctor Alterio y Norma Aleandro) que descubre que la niña adoptada a la que tanto quieren es hija de padres ‘desaparecidos’ durante la dictadura militar. De ser una producción inicialmente oculta a convertirse en gran éxito y ganar el Oscar. Lo que potenció la corta carrera posterior de Luis Puenzo, que rueda en Hollywood en una película totalmente norteamericana, ‘Gringo viejo'(1987)  sobre la novela de Carlos Fuentes, y más tarde ‘La peste’ en inglés y con producción europea que adapta el texto de Albert Camus.

OLD GRINGO, Gregory Peck, Jane Fonda, Jimmy Smits, 1989

 En Madrid, Jose María Morales (Wanda) productor y distribuidor español con personalidad,  me presento a Luis Puenzo, amigo suyo. Pocos días después invitamos al director de ‘La historia oficial’ a una entrevista en TVE. Entre los prolegómenos y la conversación, Puenzo contó cosas interesantes. Dijo que en principio ‘Gringo viejo’ iba a ser protagonizada por Burt Lancaster, pero las compañías de seguros no le cubrieron, y el  actor lo asumió perfectamente pasando el papel a Gregory Peck. Habló maravillas de él, nos dijo que cuando se iba a preparar el rodaje Peck ofreció a Puenzo y su familia residir en una parte de su propiedad para que no tuvieran que irse a un impersonal hotel. Contó el rigor creativo de Jane Fonda como productora/actriz a la vez que la ausencia de divismo.

 Le preguntamos porque no había seguido trabajando en Hollywood en vista de que tenía nuevas ofertas para películas de serie a) y nos dijo que no quería que sus cuatro hijos (entre ellos la directora Lucía Puenzo) “se educaran como americanos y al final acabarán por ser unos americanos más”. Luis Puenzo cuya filmografía como director es corta, falleció a causa de un cáncer, cuando su película ‘La historia oficial’ había vuelto a cobrar nueva vida cuarenta años después auspiciada otra vez por las Abuelas de la Plaza de Mayo y en un momento político en el que el revisionismo de la etapa Milei casi llega a equiparar en la balanza a víctimas y verdugos. Puenzo era cosmopolita y nada pedante, y hablaba sin petulancia de estrellas con las que había trabajado con naturalidad y sin retintín.   

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