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El año de Abascal

Las recientes elecciones de Aragón no han hecho más que confirmar el preocupante escenario político del país. Una ultraderecha disparada a la que no se le ve techo; un PP estancado que dependerá, cada vez más, de Vox; un PSOE en declive; y una izquierda, a su izquierda, dividida e incapaz de sumar para evitar la derrota del actual Gobierno de coalición en próximos comicios. Es Santiago Abascal quien marca el paso y nadie parece capaz de construir el dique necesario para evitar su avance. El carrusel de elecciones planificado desde Génova para someter a Pedro Sánchez a una sucesión de derrotas a lo largo de este año está socavando también las esperanzas de Feijóo de despegarse del aliento de la extrema derecha. Muy al contrario, el tremendo aviso que llega desde el ‘Ohio español’ , con capital en Zaragoza, alerta de que 2026 puede ser el año de Abascal, convirtiéndolo en el protagonista decisivo de todas las contiendas y en quien podría llegar a ser el próximo vicepresidente del país.

El líder de Vox arriesgó al abandonar los gobiernos autonómicos que compartía con el PP en verano de 2024 pero todo apunta a que acertó de lleno. La excusa del reparto de menores migrantes que arguyó lo despojó de consejeros o vicepresidentes pero también le dejó las manos limpias de gestión para seguir impugnando y criticando tanto al Gobierno de Sánchez como al PP de Feijóo. Perder poder entonces le ha puesto ahora en bandeja disponer de mucho más. Desde entonces, la llegada de Trump a la Casa Blanca, con un agresivo despliegue de políticas nunca vistas en Estados Unidos y prácticamente antisistema, junto al debilitamiento de la Unión Europea para hacerle frente, le han desplegado una alfombra roja añadida para que su peligroso populismo ultra siga avanzando en nuestro país.

La humillación electoral a la que Vox ha sometido a los dos presidentes del PP que han adelantado elecciones para librarse de sus exigencias como socios le permiten ahora tener en suspenso la formación de sus dos gobiernos y, en Extremadura, incluso, llegar a decir esta semana, dos meses después de la cita con las urnas, que no votarán la investidura de María Guardiola. La extremeña podría, no obstante, renovar como presidenta ya que, al menos, consiguió más escaños que todas las izquierdas juntas, y podría sacar adelante la votación con una abstención de Vox. Tampoco le vendría mal a los de Abascal continuar fuera del Ejecutivo extremeño. A la vista está que su objetivo es seguir creciendo sin complicarse demasiado la vida en las autonomías para llegar al puerto de La Moncloa lo suficientemente fuertes como para imponer a Feijóo sus condiciones.

También lo demuestra la omnipresencia de Santiago Abascal en las dos recientes campañas hasta el punto de que cualquiera podría pensar que quien se presentaba a los comicios era él. Tras su vídeo a caballo por las dehesas extremeñas como protagonista de sus mensajes en las elecciones de diciembre, se ha pasado casi un mes entero en tierras aragoneses realizando un tour por 30 de sus municipios en cada uno de los cuales ha sido primera fuerza. En Teruel, incluso, ha llegado a dar el sorpasso al PSOE convirtiéndose en el segundo partido en representación tras el PP. El discurso es nacional y la meta, echar a Sánchez.

El PP lo veía venir y, al contrario que Guardiola, que siempre ha querido mostrar un perfil anti-Vox, Jorge Azcón invitó al arranque de su campaña a Isabel Díaz Ayuso, declarándose fiel admirador de sus beligerantes invectivas, y fichó para el cierre al activista ultra Vito Quiles. Sus intentos por cortejar a los votantes de Vox, sin embargo, se han saldado con un sonoro fracaso y han avisado a Génova que ése podría no ser el camino. Pese a todo, Feijóo no parece ver otro y cada día que pasa se adentra más en el itinerario marcado por Abascal.

El líder ultra está más envalentonado que nunca. Las urnas le sonríen y ninguna de las crisis que ha sufrido su partido, con los abandonos de reconocidos dirigentes como Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros o Javier Ortega Smith, con las investigaciones y multas sobre sus cuentas y la opaca financiación de su fundación Diverso, o con el más reciente escándalo de sus cachorros de Revuelta, malversando fondos recaudados para las víctimas de la Dana, parecen pasarle factura. Trump le invita a su toma de posesión y los Patriotas por Europa, tercer grupo de la eurocámara, lo eligen presidente con el aplauso de Marine Le Pen o Viktor Orbán. El aire sopla de cola. El mes que viene Vox tiene otra oportunidad de ponerse nuevos laureles con las elecciones en Castilla y León del día 15. Fernando Mañueco ha convocado los comicios en la última fecha posible tras concluir la legislatura llamando a un gobierno en solitario. Un empeño que se presenta imposible tras los contundentes resultados en Mérida y Zaragoza. Abascal prepara ya la maleta para recorrerse la autonomía mientras saborea su mejor año. Y también mientras las izquierdas se baten, como siempre, entre defender sus respectivas siglas o aglutinarse en una mejor defensa frente al peligro ultra. Como dice Rufián, algo habrá que hacer.

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