Resumen del documento de opinión IEEE 95/2025 ( enlace web IEEE) de Juan José Terrero Carrobles analista internacional y geopolítico. Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos UC3M
Los espías e informantes rusos participan en operaciones que son parte de estrategias de desestabilización más amplias y de naturaleza híbrida que podrían identificarse en tres pilares principales. El primero es la desinformación generalizada, mediante la distribución de noticias falsas y propaganda en línea y la manipulación de la opinión pública. El segundo es el sabotaje, que comprende la interrupción de infraestructuras críticas como redes de energía, redes de telecomunicaciones o rutas de transporte vitales, entre otras. El tercero es el lanzamiento de ciberataques dirigidos contra organismos gubernamentales, empresas e infraestructuras con el fin de robar datos críticos e interrumpir sus operaciones.
El uso de las estrategias de amenazas híbridas que Moscú está empleando contra los países europeos se ha reforzado con el estallido de la guerra en Ucrania. Sin embargo, a causa de este conflicto, muchos agentes rusos y prorrusos han sido capturados y expulsados del territorio europeo.
Ahora Rusia está cambiando su estrategia para reintroducir agentes e informadores que no sólo extraen información y recursos críticos, sino que también pueden proporcionar datos que ayuden a provocar sabotajes, ciberataques o injerencias en instituciones a nivel nacional y europeo.
Tras el colapso de la URSS en diciembre de 1991
Se disolvió entonces toda la estructura de seguridad e inteligencia que se encontraba mayormente integrada en el seno del Comité para la Seguridad del Estado (KGB). En 1992 se creó en primer lugar el Ministerio de Seguridad (MB), el cual fue sustituido por el Servicio Federal de Contrainteligencia (FSK) un año más tarde. Este último fue finalmente reemplazado por el Servicio Federal de Seguridad (FSB), el cual funciona desde 1995 hasta el día de hoy.
Es de destacar que el actual presidente ruso Vladimir Putin llegó a ejercer como director del FSB entre 1998 y 1999, antes iniciar su andadura política hacia la cima del Kremlin. Al margen de las funciones de seguridad nacional, espionaje, contrainteligencia y control de fronteras que posee el FSB, en 1991 se creó el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR), encargado de recopilar información clasificada de carácter político, económico y militar en el extranjero. A esto se le añade la presencia de la Dirección Principal del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa (GRU), cuyas labores se llevan a cabo en el ámbito de la inteligencia militar.
Estas tres agencias citadas, a pesar de la presencia de otras relevantes como el Servicio Federal de Protección (FSO) o la agencia de investigación submarina (GUGI), podrían ser consideradas como los principales actores de la seguridad e inteligencia rusa. Tanto el FSB como el GRU y el SVR actúan bajo el mando de órganos institucionales coordinados desde el ejecutivo ruso.
Desde el año 2022, el Primer Jefe Adjunto del Estado Mayor Presidencial ruso, Sergey Kiriyenko, creó el Comité de Influencia Especial, órgano encargado de asignar a los servicios especiales rusos tareas específicas en países objetivo. El secretario ruso del Consejo de Seguridad Nacional (NSU), Sergei Shoigu, también puede orientar ciertas decisiones junto con un Comité propio para autorizar determinadas actividades relacionadas con estas operaciones, como las provocaciones violentas.
Distintos tipos de espías
Estos individuos pueden clasificarse de dos maneras: por su rango de actuación y por el “criterio legal” que les es aplicado desde el Kremlin.
En cuanto al primer factor, pueden distinguirse cuatro tipologías. Los agentes secretos rusos pueden ser “falsos diplomáticos”, operando desde embajadas en el extranjero protegidos por un visado diplomático. Los funcionarios y políticos rusófilos de otros países también ejercen como informantes, bien motivados por sobornos o por afinidad ideológica.
Por otro lado, Moscú también emplea agentes encubiertos ilegales, los cuales viven una vida aparentemente normal bajo una tapadera discreta, llegando incluso a ocultar su perfil durante varios periodos de tiempo.
También hay que distinguir las redes o células durmientes, consistiendo en grupos de agentes encubiertos cuya misión se basa en la observación, el establecimiento de contactos y el intento de acceso a posibles objetivos para llevar a cabo sus operaciones.
En cuanto al criterio de legalización establecido por el Kremlin, que distingue dos tipos de estatus en función de la duración. El primer tipo son los agentes “plenamente” legalizados, que suelen permanecer en sus destinos por tiempo indefinido. El segundo tipo son los agentes “parcialmente” legalizados, cuyas misiones son a corto plazo y asumen niveles básicos de escrutinio por parte de los organismos de Inteligencia o de aplicación de la ley del gobierno de destino en el lugar de destino.
Los envenenamientos de Sergei Skripal y de Aleksei Navalny
En el caso del GRU, destacan las actividades de sus Unidades 29155 y 54654. Miembros de este grupo fueron los principales acusados de estar detrás del envenenamiento del ex oficial del GRU y desertor ruso Sergei Skripal en 2018, quien estaba siendo perseguido porque había compartido información sensible del GRU con la Inteligencia británica. En 2020, esta Unidad también fue señalada tras el envenenamiento del líder de la oposición Aleksei Navalny.
En cuanto a la Unidad 54654, esta habilita agentes “totalmente legalizados” considerados como operativos encubiertos ilegales. Esto se lleva a cabo mediante la elaboración de perfiles y reclutamiento de personas con experiencia militar u otros antecedentes, incluyendo también a estudiantes extranjeros en universidades rusas y a contratistas a través de empresas tapadera.
También infiltra a sus propios agentes en ministerios rusos no relacionados con la defensa y en empresas privadas rusas con fines de vigilancia. Además del GRU, también es relevante señalar otros casos atribuidos al SVR, que cuenta con ciber-unidades como la Unidad Nobelium, también conocida como APT29.
En septiembre de 2023, y de forma paralela al conflicto ucraniano, esta unidad participó en una ciber-ofensiva dirigida contra las cuentas diplomáticas y los ministerios de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán, Italia, Grecia y Rumanía. Esta ofensiva se extendió a proveedores de servicios de Internet y organizaciones internacionales y consistía en ataques de phishing mediante señuelos de documentos de venta de vehículos diplomáticos, que contenían un virus que explotaba una vulnerabilidad en el programa utilizado para comprimir, descomprimir y gestionar los archivos respectivos.
Al manipular los archivos, se abría una brecha en los sistemas que permitía a los agentes de APT29 obtener datos sensibles sobre las transacciones comerciales de los países miembros de la UE con Azerbaiyán.
La guerra en Ucrania fue un punto de inflexión. En noviembre de 2022, el director general del Servicio de Seguridad británico, Ken McCallum, declaró que más de 600 funcionarios diplomáticos rusos habían sido expulsados de Europa, siendo 400 de ellos considerados espías. El resultado de estas expulsiones ha supuesto la pérdida para el Kremlin de una infraestructura clave formada por informadores que podían seguir en primera persona las misiones encubiertas rusas sobre el terreno, así como coordinar directamente sus propias operaciones de recopilación de datos.
El agente doble Pablo González
El segundo factor es el refuerzo de las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia de los Estados europeos, lo cual ha incrementado la captura de espías e informantes rusos y prorrusos. Es conocido el caso del espía Pablo González o Pavel Rubtsov. Este agente de doble nacionalidad hispano-rusa pertenecía al GRU y se hacía pasar por periodista en medios españoles como La Sexta o Público, además de ser colaborador en medios como Voice of America y Deutsche Welle.
González llegó a escribir un reportaje sobre el citado Navalny, de hecho, conocía todas las direcciones de las clínicas donde recibió tratamiento tras su envenenamiento. Además, gracias también a su aparente condición de periodista, consiguió acceder a campos de entrenamiento ucranianos para extraer información clave. González fue detenido por la Agencia Polaca de Seguridad Interna en febrero de 2022, aunque acabó siendo trasladado a Rusia dos años después.
El caso del matrimonio Dultsev
También es conocido. Se trataba de una pareja de agentes del SVR que formaban parte de una célula durmiente rusa que se activó con el colapso de la red de espionaje rusa en el contexto de la guerra de Ucrania. Artem Dultsev y Anna Dultseva vivieron primero en Argentina y luego en Eslovenia, bajo los alias respectivos de Ludwig Gisch y Maria Rosa Mayer, tuvieron dos hijos y desempeñaron diversos trabajos.
El día en que Rusia invadió Ucrania, la pareja voló a Argentina para obtener nuevos pasaportes, pero fueron descubiertos y detenidos a su regreso a Eslovenia. Uno de sus objetivos de espionaje era la Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía de la UE (ACER), entidad clave en la energía y el gas europeos, especialmente tras el bloqueo del gas ruso. Estuvieron retenidos dos años en Eslovenia antes de participar en el intercambio de prisioneros de 2024.
El 1 de agosto de dicho año, en el aeropuerto de Ankara se intercambiaron 24 prisioneros entre Rusia y Occidente. Este ha sido considerado como el mayor intercambio de prisioneros desde el final de la Guerra Fría. En cuanto a las personas implicadas en el intercambio, 16 presos políticos fueron liberados por Moscú, mientras que los otros 8 procedían de cárceles de Estados Unidos, Alemania, Noruega, Polonia y Eslovenia, que habían sido acusados de realizar actividades relacionadas con cuestiones de Inteligencia y, por lo tanto, actividades relacionadas con el espionaje.
Esta amenaza está lejos de haber terminado. Expertos como Marina Miron, del Departamento de Estudios de Guerra del Kings College de Londres, afirman que los europeos tenían la sensación de seguridad de que los espías rusos ya no estaban allí y que sus capacidades se habían detenido, sin embargo, no ha sido así; de hecho, ahora son más poderosos que nunca.
Por su parte, agencias como el Royal United Services Institute (RUSI) británico advierte de que el GRU está reestructurando su gestión hacia el reclutamiento y entrenamiento de tropas de fuerzas especiales, así como reconstruyendo el aparato de apoyo que les permitiría infiltrarse en los Estados europeos.
Oleksandr Danylyuk, investigador asociado del RUSI, añade también que “los rusos siguen invirtiendo miles de millones en operaciones de Inteligencia en Europa, desarrollando capacidades diseñadas para interferir en las elecciones; radicalizando a diferentes grupos sociales, étnicos y religiosos, incluidas las minorías; invirtiendo miles de millones en apoderados políticos que pueden incluso llegar al poder”
Una forma en que Rusia está sustituyendo a sus agentes expulsados de Europa es utilizando a sus contactos que operan desde las embajadas rusas en países africanos para captar información a través de las embajadas de Estados europeos allí presentes.
Por otra parte, el Kremlin ha estado activando las “células durmientes” restantes o poniendo más recursos y funciones activas de trabajo a agentes y operativos no oficiales que siguen operando en Europa sin ser descubiertos. Estos últimos podrían ser ciudadanos de terceros países o rusos que se hacen pasar por nacionales de terceros países. Es más, todos estos agentes encubiertos siguen trabajando con determinados políticos y funcionarios de la UE, a los que sobornan a cambio de información o patrocinando campañas de desinformación y difusión de mensajes extremistas.
“Agentes desechables”.
Moscú está empleando actores no estatales o cuasi estatales como sus nuevos colaboradores: los llamados “agentes desechables”. Estos operativos de bajo nivel y sin formación plurianual están siendo desplegados por el Kremlin debido a la falta de tiempo para entrenar nuevos efectivos, la necesidad inmediata de cubrir posiciones, y a su perfil más difícilmente rastreable.
Los agentes desechables son normalmente contactados para realizar una única misión en específico, tras la cual son remunerados y su rastro borrado por parte de los servicios de Inteligencia rusos. Este tipo de misiones pueden ser desde operaciones de obtención de información clasificada o campañas de desinformación euroescéptica hasta ciberataques y actos vandálicos, las cuales están teniendo un efecto cumulativo en Europa.
Los servicios de inteligencia como el GRU y otras agencias especiales del Kremlin anteriormente mencionadas han reclutado a jóvenes europeos de 20 y 30 años que hablan ruso, algunos de ellos con conocimientos tecnológicos avanzados, para llevar a cabo operaciones de espionaje e injerencia extranjera. Algunos lo hacen por recompensas monetarias, otros por su afiliación a ideales prorrusos.
Para reclutar a estos individuos, los servicios secretos del Kremlin infiltran a sus espías y ciberagentes en plataformas de chat cifradas como Telegram o Discord, sitios de medios sociales como el caso de VKontakte, Facebook o X, redes no moderadas tales como Reddit y 4chan, e incluso chats de juegos en línea.
Hay un caso en el que varios canales prorrusos de Telegram han estado publicando llamamientos a los residentes europeos de habla rusa para que den información sobre las ubicaciones de la OTAN y Ucrania de instalaciones militares y paramilitares; así como otros datos clave como transferencia y almacenamiento de equipos, lugares de entrenamiento de oficiales ucranianos, sistemas de seguridad de defensa, vehículos y presencia de especialistas extranjeros. Dichos detalles deben ser entregados a un bot vinculado a los chats o feeds donde se publicaron los mensajes. Estos mensajes han sido difundidos por un funcionario de la actual Administración de facto de Crimea.
Aún siguen produciéndose infiltraciones en territorio europeo, pero especialmente a través de Estados de la UE con una visión más suave de sus relaciones con Moscú. Es el caso de Hungría, cuyo gobierno modificó los permisos de residencia del país. Una nueva «tarjeta nacional» permitiría a los llamados «trabajadores invitados» rusos y bielorrusos entrar en territorio húngaro mediante un proceso simplificado de obtención de visados que eliminaría ciertos controles de seguridad.
En 2024 se abrieron nueve investigaciones por intentos o éxitos de ataques vandálicos en Europa en los que los autores estaban vinculados a Rusia, incluidos ataques a propiedades, lanzamiento de cócteles molotov y desfiguración de monumentos conmemorativos de líderes antisoviéticos, entre otros.
Siete personas fueron detenidas en Estonia acusadas de romper las ventanillas de los coches del ministro del Interior estonio y de un periodista, como parte de otros ataques contra la propiedad en territorio estonio que han tenido lugar desde octubre de 2023.
Estas personas estaban vinculadas al GRU y se les ofrecieron 10.000 euros por cometer tales actos vandálicos, según los fiscales. Además del vandalismo, también se ha informado de otros actos de sabotaje, como incendios provocados e intentos de explosión.
Los días 19, 20 y 21 de julio de 2024, tres explosiones e incendios afectaron a tres almacenes diferentes de la empresa de logística DHL situados respectivamente en los aeropuertos de Leipzig y Birmingham, así como en un recinto cercano a Varsovia. Los fiscales polacos dijeron en octubre de 2024 que cuatro personas habían sido detenidas y declararon que estos incendios eran pruebas rusas para futuros sabotajes también contra Estados Unidos y Canadá.
Los agentes rusos y prorrusos han creado los llamados «sitios Doppelgänger», que se asemejan en apariencia a los sitios institucionales y de noticias oficiales en línea, aunque publican y difunden narrativas falsas. En Francia, un sitio web falso del ministerio de defensa francés afirmaba que 200.000 ciudadanos franceses habían sido llamados a filas para luchar en Ucrania, cuando no hay pruebas reales que respalden esas afirmaciones. Otro sitio web falso del Ministerio del Interior francés afirmaba que Francia había endurecido las condiciones de entrada a los refugiados ucranianos, cuando no era cierto.
España no se salva
España tampoco se salva de las operaciones dirigidas desde Moscú. En cuanto a los ciberataques cometidos por agentes informales rusos y prorrusos, existen casos como las detenciones de tres personas en Madrid y otras dos ciudades españolas por una presunta participación en ataques contra instituciones españolas y de la OTAN y sectores estratégicos relacionados en julio de 2024.
Tales actividades en línea fueron coordinadas por la red cibercriminal prorrusa NoName057, que se basa en grupos de “operativos voluntarios” reclutados en línea a los que se concede acceso al software de la propia red para cometer los ataques solicitados.
Otro ciberataque ocurrido sobre suelo español fue el sucedido en junio de 2025 en Melilla. El Ayuntamiento de la ciudad autónoma sufrió un ciberataque que paralizó sus sistemas informáticos y puso en riesgo datos confidenciales de la administración y los ciudadanos. Aunque inicialmente se habló de problemas técnicos, pronto se confirmó que el ataque fue obra del grupo Qilin, relacionado con Rusia y la escena cibercriminal del Este europeo.
La organización afirmó haber destruido la infraestructura digital de la ciudad y extraído hasta cinco terabytes de información, lo que representa un grave golpe a la seguridad institucional y tecnológica del enclave norteafricano.
Los incidentes que han tenido lugar en España no han sido solamente de carácter cibernético. Maxim Kuzminov, un piloto ruso que desertó a Ucrania en 2023, se movió más tarde a España para vivir bajo una identidad falsa y evitar la orden de alta traición emitida desde Moscú contra él. En febrero de 2024, su cuerpo fue encontrado en Villajoyosa, Alicante, acribillado a balazos. Las autoridades ucranianas confirmaron su identidad y recordaron el uso propagandístico que Kiev había hecho de su deserción, un gesto considerado humillante para el Kremlin y que lo convirtió en objetivo prioritario. De hecho, un oficial de inteligencia advirtió que nunca llegaría vivo a su juicio.
Por mucho que se piense que la amenaza rusa es un fenómeno alejado de nuestras fronteras, la realidad arroja evidencias que indican todo lo contrario. Los estados europeos, incluyendo España, deben ser conscientes de la necesidad de mejorar sus capacidades de seguridad y defensa ante la inestabilidad que este tipo de amenazas traen consigo en un panorama geopolítico tan incierto como el que vivimos a día de hoy.

