Carlos Berzosa *
La crisis de los setenta dio paso a otra variante diferente del capitalismo. El keynesianismo fue sustituido por el neoliberalismo. Este periodo que dio comienzo en la década de los ochenta del siglo pasado, como consecuencia de la llegada al poder de Margaret Thatcher en el Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos., se caracterizó por una política económica basada en la desregulación, en la bajada de los impuestos a los ricos y en los recortes de los gastos sociales. La flexibilización del mercado laboral debilitó la protección de los trabajadores, lo que generó un incremento de la precariedad. No hubo una política protectora del medio ambiente, ni un compromiso con el pleno empleo, pues se trató fundamentalmente de dar rienda libre al mercado eliminando todo tipo de cortapisas.
La crisis de los setenta se superó tratando de recuperar la tasa de beneficios empresariales a costa de los trabajadores y fueron, a pesar de todo, unos años de bajo crecimiento, disminución de la inversión, aumento débil de la producción, creciente desigualdad, e inestabilidad financiera. La producción manufacturera se traslada de los países del centro del sistema a la periferia, fundamentalmente hacia las naciones de Asia. A su vez se produce un crecimiento espectacular de las transacciones financieras. Esto va a llevar consigo un enriquecimiento rápido de las élites financieras, de los grandes especuladores, y de los dueños del sector inmobiliario.
El predominio de las finanzas sobre la producción de bienes materiales va a tener consecuencias negativas para la marcha de la economía. Como dice con acierto Mazzucato en El valor de las cosas (Taurus, 2019): “La cuestión no es solamente el tamaño del sector financiero, o como ha superado al sector de la economía no financiera (por ejemplo, la industria), sino su efecto sobre el comportamiento del resto la economía, gran parte de la cual ha sido “financiarizada”. Las operaciones financieras y la mentalidad que generan permean a la industria”.
Además, Mazzucato, demuestra como las finanzas añaden poco valor a la economía, pues distingue en su análisis la creación de valor de la extracción de valor. Rescata de esta manera una diferencia que sí tuvieron en cuenta los autores clásicos y Marx, y que ella describe. Eso sí lo adecúa a los tiempos presentes en los que la economía se ha hecho más compleja y diversificada. De manera que el sector financiero a menudo lo que hace es extracción de valor, por lo que la creación de valor es reducida frente al total que representa esta actividad. Se entiende, en consecuencia, que si el sector más importante de la economía actual, como es el caso de las finanzas, añade poco a la creación de valor lo que sucede es la creciente polarización de la sociedad en un grupo reducido de ultrarricos, que obtiene ganancias rápidas y cómodas, y la gran mayoría que ve como sus salarios reales se estancan o crecen poco.
De hecho, Milanovic en Capitalismo, nada más dice:” El malestar que causa en Occidente la globalización se debe en parte a la brecha existente entre las élites, a las que les ha ido muy bien, y un número significativo de personas que no han visto demasiados beneficios en este proceso, que están molestas con él y que, con o sin razón, consideran que el comercio global y la migración son las causas de todos sus males”. Asimismo, señala este autor: El reequilibrio geográfico está poniendo fin a la superioridad militar, política y económica de Occidente, una superioridad que ha sido dada por descontada durante los últimos siglos”.

Unos hechos que están influyendo en el electorado de Estados Unidos con la elección de Trump, así como en la Unión Europea con el ascenso de la ultraderecha. Han sido también determinantes otros factores, como las noticias falsas, a través de las redes sociales y medios de comunicación, financiadas por grandes corporaciones y por la fortuna de los ricos, pero todo ello en un caldo de cultivo generado por el neoliberalismo. La desigualdad, la precariedad, la inseguridad laboral, es el resultado de un malestar que los partidos progresistas no han logrado abordar, a veces porque han asumido la globalización sin ningún cuestionamiento, en otras debido a la oposición de los poderes económicos a medidas que vayan, aunque sea mínimamente, en contra de algunos de sus intereses. Unos poderes, que han alcanzado una fortaleza jamás conocida en la historia, y que apuestan cada vez más por un capitalismo autoritario. La ideología dominante y las relaciones económicas globalizados son elementos decisivos que determinan el sentido del voto.
Una ciudadanía cada vez más desinformada, y por ello alienada, y una incertidumbre e inseguridad muy acentuada hoy en día por las guerras, son el escenario que impulsa a los demagogos de la ultraderecha que presentan respuestas simples a problemas complejos. No solo no resuelven nada, sino que agravan más la situación complicada actual. La guerra comercial de Trump está poniendo de manifiesto que, al aumentar la incertidumbre, la inversión se encuentra afectada. El caos económico está servido, acompañado del progresivo crecimiento del cambio climático, la demonización de la emigración, la perdida de los derechos de las mujeres, y del conjunto LGTBIQ+.
La necesidad de recuperar la confianza de la ciudadanía en los valores democráticos pasa necesariamente por combatir el cambio climático y el deterioro ecológico, la desigualdad de rentas riqueza y de género, perseguir la paz y no el rearme, apostar por la cooperación internacional y no por el enfrentamiento. Todo ello supone, entre otras cosas, la necesidad de reformar los organismos internacionales como una apuesta por el multilateralismo y no acabar con ellos. En suma, poner cota a la acumulación desmesurada de la riqueza y llevar cabo una lucha decidida contra la pobreza y el hambre.
- Carlos Berzosa es Catedrático Emérito de la Universidad Complutense y presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense (1984-1998) y Rector de esta Universidad (2003-2011). A lo largo de su carrera docente ha impartido enseñanzas de Estructura Económica Mundial y Desarrollo Económico. Tiene numerosas publicaciones entre las que destacan los libros ‘Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI’ (Nivola,2002) y los escritos conjuntamente con José Luis Sampedro ‘Conciencia del subdesarrollo veinticinco años después’ (Taurus, 1996) y ‘La Inflación (al alcance de los ministros)’ (Debate, 2012).

