El aumento de gasto en I+D está ralentizando la innovación, la productividad y la expansión económica estadounidense, porque los gigantes industriales se centran en defender su territorio
Rafael Ordovás. Eurocofín
Durante mucho tiempo se ha dado por sentado que aumentar la inversión en investigación y desarrollo es un medio seguro de estimular la innovación, así como aumentar la productividad e impulsar la creación de empleo y el crecimiento económico.
Sin embargo, con el extraordinario incremento del gasto en I+D de Estados Unidos durante las cuatro últimas décadas, sucedió lo contrario: se ralentizó la innovación, el aumento de la productividad y la expansión económica. ¿Qué explica este suceso?
Los datos del mundo real demuestran que, para fomentar la innovación, se requiere algo más que una mera inyección de dinero. En todos los sectores, los principales actores se han centrado más en movimientos estratégicos destinados a defender sus negocios que en una verdadera promoción de la innovación, con lo que, como ha puesto de manifiesto una investigación reciente, la economía ha perdido oportunidades potenciales de crecimiento.
Estas conclusiones indican que es hora de replantearse la estrategia estadounidense para orientarla mejor a impulsar la innovación y el crecimiento económico. Las autoridades deben fomentar la I+D, pero también una asignación más eficaz de los recursos. Un artículo de Ufuk Akcigit, que ocupa la cátedra Arnold C. Harberger de Economía en la Universidad de Chicago y es investigador asociado de la Oficina Nacional de Investigación Económica e investigador afiliado del Centro de Investigación de Política Económica, estudia la manera en que ha cambiado la innovación estadounidense en las últimas décadas deja entrever cómo podrían hacerlo.
Un arma de doble filo
En la década de 1980, la inversión total estadounidense en I+D fue del 2,2% del PIB. En la actualidad, esa cifra es del 3,4%, según datos de la National Science Foundation (véase el gráfico 1). El gasto privado en I+D de las empresas se ha duplicado con creces, pasando del 1,1% al 2,5% del PIB.

Según los modelos económicos convencionales, este aumento del gasto en I+D debería haber generado una aceleración del crecimiento económico, no la desaceleración que se ha producido. El promedio del crecimiento de la productividad entre 1960 y 1985 fue del 1,3%. Durante las tres décadas y media siguientes, los incrementos de productividad se han situado por debajo de ese promedio, con excepción de un breve repunte a comienzos de la década de 2000, y el crecimiento anual ha ido disminuyendo en general.
Para entender este fenómeno, Nathan Goldschlag, de la Oficina del Censo, y Ufuk Akcigit llevaron a cabo amplios estudios para comprender los factores que subyacen a la paradoja de la productividad y hallaron un cambio significativo en el panorama de la innovación en Estados Unidos: en las dos últimas décadas, la proporción de la población dedicada a la producción de patentes casi se duplicó, mientras que el crecimiento de la productividad se redujo a la mitad.
La explicación puede radicar en la manera en que se asigna el gasto en I+D. En una investigación anterior, William Kerr, de Harvard, y Ufuk Akcigit descubrieron que las pequeñas empresas son más innovadoras que las grandes en proporción al tamaño, lo que hace pensar que utilizan los recursos de I+D de manera más eficiente. A medida que las empresas crecen y dominan sus mercados, suelen cambiar el foco de atención de la innovación a la protección de su posición en el mercado.
En un estudio más reciente, Salome Baslandze, Francesca Lotti y Ufuk Akcigit demostraron, utilizando datos de Italia, que las empresas más grandes tienden a innovar menos y, en cambio, realizan actividades que limitan la competencia. Ese hecho pone de relieve lo que hemos denominado “la paradoja del liderazgo”, un fenómeno por el cual las empresas líderes dedican más recursos a mantener su dominio que a fomentar la innovación.
Esto podría ser un factor fundamental para explicar la desaceleración de la productividad estadounidense, y es crucial para los responsables políticos que fomenten de manera eficaz la verdadera innovación e impulsen el crecimiento económico.
En las dos últimas décadas, se ha producido una notable reasignación de los recursos para la innovación hacia las grandes empresas consolidadas, según documentaron Goldschlag y Ufuk Akcigit en 2022. A principios del siglo XXI, aproximadamente el 48% de los inventores estadounidenses trabajaban para esas grandes empresas. En 2015, esa cifra había aumentado al 58%.
La investigación muestra una tendencia preocupante: los inventores que se van a grandes empresas se vuelven menos innovadores en comparación con los inventores que se van a empresas jóvenes.
Contrataciones que ahogan la innovación
Una conclusión a la que llega la investigación es que cuando grandes empresas consolidadas contratan a empleados esenciales de empresas competidoras más jóvenes, generalmente ofreciéndoles salarios más altos, no se impulsan plenamente las capacidades de innovación de estos empleados y como resultado, la capacidad global de innovación de la economía se resiente.
Después del año 2000, se produjo un notable aumento de las primas salariales de las empresas consolidadas en comparación con los salarios de las empresas más jóvenes. La diferencia salarial se amplió en un 20%, lo que hizo que muchos empleados innovadores cambiaran de trabajo y se fueran a empresas de mayor tamaño y más consolidadas (véase el gráfico 2). Sin embargo, la capacidad de innovación de estos inventores disminuyó en un 6% en comparación con la de sus pares de empresas más jóvenes.

Así, aunque Estados Unidos ha aumentado el gasto global en I+D en relación con el PIB, el desplazamiento del talento innovador hacia las grandes empresas consolidadas no ha dado lugar al esperado aumento de la productividad.
En consecuencia, la economía estadounidense no se está beneficiando del crecimiento de la productividad alentado por el gasto en I+D. Para aprovechar verdaderamente el poder de la innovación, se deben cambiar las políticas y los incentivos de manera que se fomente un comportamiento más dinámico y audaz, especialmente entre las empresas emergentes y de menor tamaño. Esto podría dar lugar al tipo de aumento de la productividad que Estados Unidos necesita.
Incentivos contraproducentes
El debate en torno al papel de la política industrial en Estados Unidos se ha intensificado, con un renovado énfasis en la solidez de las estrategias industriales. Sina Ates, de la Reserva Federal, y Ufuk Akcigit observaron que, desde principios de la década de 1980, se ha producido un notable aumento de la concentración del mercado a la par que una disminución del dinamismo empresarial.
Este período coincide con la introducción, en 1981, del crédito fiscal a la I+D, que pretendía incentivar a las empresas a invertir en investigación y desarrollo. No obstante, la investigación muestra que las grandes empresas tienen muchas más probabilidades de beneficiarse de este crédito que las pequeñas, algo que, junto con las prácticas de contratación de las grandes empresas que ahogan la innovación, sugiere un patrón.
Los datos sugieren que, aunque Estados Unidos invierte más en I+D, la concentración de recursos entre las grandes empresas ha dado lugar a rendimientos decrecientes en materia de aumento de la productividad. Este resultado cuestiona el supuesto de que el mero aumento del gasto en I+D genera automáticamente crecimiento económico. Más bien, pone de relieve la necesidad de una estrategia más matizada de la política industrial, que no se limite a incentivar la I+D, sino que además promueva una reasignación eficaz de los recursos.
Para fomentar una economía más dinámica e innovadora, Estados Unidos tiene que diseñar políticas que apoyen no solo a las grandes empresas tradicionales, sino también a las pequeñas empresas y a las empresas emergentes, que a menudo tienen una mayor capacidad de innovación disruptiva. Para ello podrían contemplarse créditos fiscales específicos para pequeñas empresas, subvenciones para la innovación en etapas iniciales y políticas que fomenten la competencia y reduzcan las barreras de entrada para nuevos actores.
Si bien Estados Unidos ha aumentado significativamente el gasto en I+D durante un largo período de tiempo, los beneficios no se han distribuido de manera uniforme, lo que ha contribuido a la desaceleración del crecimiento de la productividad. Lo que importa no es solo la cantidad total que se dedica a I+D, sino también cómo se asigna esa inversión.

