La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen
Manuel Espín
La pasada primavera en la conmemoración española del ‘Día de Europa’ confluían en Madrid en acto público personajes que en su momento habían ejercido décadas atrás gran peso en la negociación y las primeras etapas de la entrada en España dentro de la UE. Antes de esta generación, en los años 60 durante la dictadura franquista emergía otro precedente con nombres de signos políticos no coincidentes, casi todos en la obligada clandestinidad, como los participantes en el ‘Contubernio de Munich’ de 1962. Que idealizaban una Europa que no solo había sido capaz de acabar con el secular enfrentamiento entre Francia y Alemania sino que había sido capaz de generar con el resto de la Europa continental bajo sistemas políticos parlamentarios, un espacio de derechos y libertades de formidable éxito económico, con vías a una futura federalización capaz de superar al proyecto inicial de Mercado Común.
Dentro de esa idealización aparecía un futurible común, con una soberanía europea compartida, en la que la defensa de los derechos humanos y el estado de bienestar aparecía como uno de sus referentes identitarios e irrenunciables.
En la actualidad esa idea está a punto de romperse como una hucha de barro. La UE carece de capacidad política en el espacio internacional y va camino de serlo también en el económico. El rápido acuerdo de Van der Layen con Trump para asumir un 15 por ciento inicial de aranceles sin contrapartida alguna es una de las expresiones más incomprensibles de la historia del comercio mundial. Se ha querido justificar como un elemento de estabilidad inicial sobre el que luego sería posible negociar por parte de Bruselas. Una ilusión de ingenuos: Trump como todos los ultranacionalismos no se rige por los acuerdos comerciales internacionales negociados desde los años 60 sino por momentáneos golpes de efecto, anteponiendo razones puramente ideológicas y viscerales a las magnitudes y la prudencia económica.
Cuatro semanas después del incomprensible ‘acuerdo expres’ vendido por la Comisión como un ‘mal menor’ y justificado por razones de estabilidad, la parte europea se entera que la UE está obligada a comprar armamento en Norteamérica y a dar toda clase de facilidades a la colocación en el mercado europeo no solo de productos manufacturados sino de agrícolas que ya producen los estados europeos; con lo que se va a producir en los próximos meses un cortocircuito entre Bruselas y sus agricultores. En un increíble gol tras gol de Trump en una portería europea donde parece que el portero se ha ido de vacaciones en pleno partido.
A todo esto hay que unir los inquietantes datos de la economía alemana, o la caída de valoración económica de Francia. En lo que a nivel interno se perfila cada vez más como peligrosas crisis en clave de política interna, empezando por el vecino país donde la supervivencia de su gobierno es una incógnita.
La caída de imagen de sus actuales dirigentes es un hecho creciente. Merz, el último en llegar, arrastra un declive fulminante que compromete al gobierno de la gran coalición. Plantear como ha hecho el canciller la insostenibilidad del estado de bienestar por ser muy caro cuando se están haciendo fuertes inversiones en materia de defensa es tan incongruente como la actitud de quienes imponen recortes para que cuadren los PP y a la vez rebajan impuestos a los más ricos, como hace Trump y han asumido otros ejecutivos europeos.
Además por vez primera en la UE los roces y choques entre personas y gobiernos del tronco central de la UE demuestra los tonos a los que se está llegando. Como los descalificativos insultantes de Salvini, vicepresidente del ejecutivo de derecha radical de Meloni contra Macron que han motivado una consulta del Eliseo a la embajada italiana y la consiguiente protesta pública. Una situación nada habitual en los anales europeos.
El momento que se está viviendo revela un hecho inquietante no solo a nivel de la UE sino en el tablero mundial: la ausencia de líderes con capacidad de negociación y proyecto a medio plazo. En Europa no se vislumbra hoy personaje alguno, se esté o no de acuerdo con su ideología, del liderazgo de los Schuman, los Adenauer, los Moro, los Brandt, los Berlinguer…sino figuras de liderazgo instantáneo generadas hasta hace poco desde los medios y ahora a través de las redes sociales. La misma evidencia de perdida de papel que se percibe dentro de los líderes de la propia Comisión.
A lo que habría que unir una inquietante generación de líderes mundiales, de Putin a Trump que aún dentro de sistemas liberales y de apariencia democrática se desenvuelven con estilos autoritarios y la mirada puesta en referencias autocráticas.
La situación dentro de la UE es perversa porque carece de respuesta en temas internacionales que merecen un inmediato posicionamiento. Como ocurre con el bloqueo a una decisión firme contra la política de ‘tierra quemada’ de Netanyahou en Gaza. O el ninguneo de su influencia en las decisiones sobre el destino de Ucrania, donde inicialmente Trump pensaba entenderse directamente con Putin sin contar con la UE, a quien esta guerra no solo le ha costado desde hace tres años muchísimo dinero en ayudas a Ucrania: ha contribuido a una subida de precios que ha impactado en los IPC de todos los estados y en el precio de artículos esenciales como los alimentos, y que va a costar todavía más con la espiral armamentista a la que se ve abocada por esa guerra en sus fronteras que la impacta directamente. Y donde tiene ejecutivos como el de Orban en Hungría que defiende las posiciones de Moscú respecto al resto de los socios.
Lo que puede venir en las próximas semanas dentro de la UE es un crecimiento del malestar interno cuyas primeras expresiones serán las de los agricultores y ganaderos ante el regalo del mercado europeo a la producción de Estados Unidos. El marco general tampoco es propicio, con un poderoso discurso populista, ultra y radical que rechaza el cada vez más arrinconado referente de una Europa de derechos, libertades, y calidad de vida, adoptando tics con resonancias de la infausta Europa de los años 20 y 30 del siglo pasado cargada de xenofobia, racismo, desconfianza y discriminación contra los diferentes..

