Escrito por 8:25 pm Política

El factor morado

Por Inmaculada Sánchez *

En estos días de inauguración de despachos y carteras ministeriales, de fotos, promesas y sonrisas, asoma un factor incontrolado en la compleja ecuación que Pedro Sánchez ha resuelto para seguir al frente del país. Podemos ha sido expulsado no sólo del Gobierno sino también del centro de mandos de Sumar y relegado en su grupo parlamentario. ¿Alguien en Moncloa ha echado cuentas sobre el precio del desafecto morado en la legislatura?

Sánchez ha tenido para todos en las duras negociaciones previas a su investidura como presidente. 100 millones para la recuperación de La Palma y trato bilateral en los asuntos con Marruecos, además de compromiso de solidaridad con los flujos migratorios, para Coalición Canaria. 

Gestión de la Seguridad Social y demás transferencias pendientes para el PNV, incluidas nuevas competencias para la ertzaina, y “ampliación de derechos sociales y económicos de los trabajadores”, además de abrir el debate sobre “la plurinacionalidad del Estado” para EH Bildu. Rebajas en las autopistas, trenes de cercanías y condonación de deuda autonómica para el BNG. 

La cartera casi se le rompe con los independentistas catalanes: traspaso íntegro de Rodalies, perdón de 15.000 millones de deuda, Ley de Amnistía y Mesa de diálogo con verificador externo para ERC y Junts, aparte la incorporación del catalán, gallego y euskera en los debates del Congreso.

A Sumar le concedió una reducción de la jornada laboral, la ampliación de permisos y el mantenimiento de los impuestos a bancos y energéticas dentro de su acuerdo programático de Gobierno. Cada voto tuvo su propio coste.

Podemos ya entró cojeando en la carrera por reclamar su parte desde que la creación de Sumar como papeleta electoral para el 23 –J rebajó sus expectativas. Sus puestos en las listas no reflejaban ni su peso orgánico ni el de sus cargos públicos, se quejaron, pero la premura de la convocatoria y la firme decisión de Yolanda Díaz de priorizar la ‘multiculturalidad’ política del barco y su batuta como único liderazgo les dejaron sin opciones.

Después de las elecciones, el reparto de poder dentro del nuevo grupo parlamentario infringió un nuevo castigo a los morados. Díaz les dejaba fuera de las portavocías, que repartía entre partidos más afines pero con menos diputados que Podemos. Finalmente, sólo quedaba la batalla por el Gobierno.

Belarra y Montero apostaron a una única carta, el mantenimiento de la titular de Igualdad en su puesto y con la misma cartera como símbolo de su integridad política y reivindicación de su identidad ¿Desmesurado envite dadas sus fuerzas? ¿Justa reclamación visto el reparto de cartas al resto de socios? Poco importa ya la respuesta. La decisión estaba tomada y la negociación perdida de antemano: Podemos ha quedado fuera del segundo Gobierno de coalición de Sánchez sin que a nadie sorprenda.

El objetivo del nacimiento de Sumar, conviene recordar, era ampliar su base electoral bajo la premisa de que Podemos y el perfil ‘ruidoso’ de sus dirigentes “restaba”. Los resultados de julio con Díaz a la cabeza, sin embargo, constataron una pérdida de 7 escaños y 600.000 votos respecto a los conseguidos por Unidas Podemos, En Comú Podem, Más País y Compromís en 2019.

La sociología electoral tendrá que explicar algún día quién resta y quién suma de verdad en el siempre complejo y dividido espacio a la izquierda del PSOE. De momento, alguien debería contabilizar desde el Gobierno  cuánto valen los actuales cinco diputados de Podemos sin los que Sánchez no alcanza la mayoría absoluta. No nos vayamos a llevar un susto.

  • Periodista. Exdirectora de EL SIGLO (2011-2023), colaboradora y analista política en TVE, Telemadrid y otros medios.
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