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El fin de los petrodólares y el declive occidentalTribuna Internacional

José Ignacio Castro Torres, coronel del Ejército de Tierra,  analista asociado del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) académico correspondiente de la  Academia de las Artes y las Ciencias Militares. Documento de Análisis del IEEE.

Resumen

La reciente decisión de Arabia Saudita de no renovar el acuerdo en materia económica y de seguridad, que mantenía con Estados Unidos, es la muestra de una situación de cambio en dirección a la consolidación del nuevo orden multipolar. Esta nueva situación se refleja tanto en el ámbito económico como en el de la seguridad. 

Los conflictos abiertos en el corazón de Europa y en el Oriente Próximo son un escaparate donde se muestran las alianzas de conveniencia para controlar el mercado energético y donde los actores buscan posicionarse en una situación de ventaja en un entorno cambiante, en el que el poder militar es garantía de estabilidad.

A la vista de este contexto, los saudíes están realizando los cambios adaptativos que les permitan convertirse en una importante potencia regional, donde los intereses de los actores globales confluyan de tal modo que puedan ser utilizados en su propio beneficio.

Introducción

La decisión de Arabia Saudita de no renovar el pago de las exportaciones de su petróleo en dólares es un hito más conducente al fin de un sistema, en el que la moneda estadounidense era el valor de referencia de la gran mayoría de las transacciones comerciales globales. 

Si bien el régimen monetario y de intercambio mundial se ha caracterizado por el dólar y el sistema SWIFT, los desafíos planteados por los actores revisionistas como China o Rusia han puesto en apuros a la tradicional concepción económica occidental, encabezada por los EE. UU. Sin embargo, la decisión saudita de poner fin al acuerdo de los petrodólares es un nuevo paso dentro de un proceso de cambio en el mercado energético, independizando casi completamente al primer productor mundial de petróleo de la órbita estadounidense y abriendo de este modo nuevas vías de comercialización de este tipo de productos en otras monedas como pueden ser la moneda del pueblo chino o renminbi (RMB), representada exteriormente por el yuan, el yen japonés, el euro de la UE, o en un futuro no muy lejano, determinadas monedas digitales. 

Esto implicará posiblemente el aumento de sistemas alternativos a SWIFT estadounidense y SEPA europeo, como bien puede ser el CIPS de China y en menor medida el SPFS ruso. Esta decisión puede ser un punto más en el recorrido geopolítico de un nuevo orden global, que agrupará a los diferentes Estados en tres posibles grandes bloques. 

El primero de ellos continuará siendo el del mundo occidental, sin que este concepto sea puramente geográfico, sino económico y cultural; el segundo es el de los países revisionistas que podríamos agrupar en torno al núcleo fundacional de los BRICS; un tercer grupo quedaría en un ámbito no definido, pudiendo decantarse hacia uno u otro lado dependiendo de los intereses de cada momento. 

Antecedentes

El acuerdo de seguridad de 1974 entre EE. UU. y Arabia Saudita La situación en el Oriente Próximo en los años setenta era distinta de la actual, aunque el espectro del conflicto se cernía de igual manera sobre esta castigada región del mundo cuando, recién finalizada la guerra del Yom Kippur en 1973, Egipto y Siria no habían podido acabar con el Estado de Israel. 

Por ello, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), encabezada por Arabia Saudita, decidió suspender sus envíos de petróleo a aquellos Estados que habían apoyado a los israelíes. El embargo, unido al aumento de los precios del petróleo en todo el mundo, fue el origen de una de las mayores crisis económicas globales. 

Antes del comienzo de la crisis, el entonces asesor de seguridad de la Casa Blanca, Henry Kissinger, había comentado a John Love, director de la Oficina de Política Energética, el riesgo de que los saudíes empleasen el petróleo como «arma política». 

Cuando se produjo el problema, Kissinger anunció infructuosamente la posibilidad de utilizar «contramedidas» de orden fáctico, aunque lo que parece que finalmente funcionó fue la amenaza estadounidense de revelar información privilegiada que podría haber comprometido a los saudíes ante el mundo árabe. 

Finalmente, el embargo finalizó el 18 de marzo de 1974, sin que los árabes obtuviesen apenas concesiones a las demandas que habían vinculado al conflicto árabe-israelí. Queda en el ámbito de la especulación qué es lo que los estadounidenses hubieran hecho de no haber conseguido sus pretensiones, en una época en la que dependían del petróleo saudí. 

Determinadas filtraciones, atribuidas al entonces secretario de defensa, James Schlesinger, contemplaban una operación militar denominada Dhahran Option Four, consistente en la captura de los pozos e instalaciones petrolíferas, así como el control del estrecho de Ormuz. 

Sea como fuere, el acuerdo que acaba de expirar vio la luz el 8 de junio de 1974 cuando EE. UU. y Arabia Saudita se avinieron a converger tanto en materia económica como militar, anunciando «una era de cooperación cada vez más estrecha». Al ser el primer y un país árabe, los estadounidenses pensaron que sería un buen modelo a seguir para el resto de los Estados de la zona. Una vez conseguido el acuerdo, este fue respaldado con una gira por la región por el presidente Nixon, acompañado de Kissinger, ya secretario de Estado. 

El acuerdo establecía dos comisiones conjuntas, conteniendo algunas semejanzas con la Vision 2030 que actualmente el príncipe Mohamed bin Salman (MbS) tiene para su país. La primera de las comisiones, de cooperación económica, se componía de un grupo de industrialización; un grupo de educación y mano de obra; un grupo de tecnología, investigación y desarrollo, y finalmente, otro de propuestas de desarrollo agrícola. 

En cuanto a la comisión militar, no solo se trataba de incrementar la cooperación mediante la venta de ingentes cantidades de armamento, sino que se planteó modernizar las fuerzas armadas saudíes mediante programas de entrenamiento. La visita de Nixon y Kissinger igualmente sirvió para que se discutiese con el príncipe Fahd «la responsabilidad de mantener la seguridad y promover el desarrollo ordenado» por parte de los países de la región con la cooperación estadounidense, incluida una solución al conflicto árabe-israelí. 

Desarrollo de los acontecimientos 

A lo largo del tiempo se sucedieron numerosos acontecimientos que pusieron a prueba el acuerdo de 1974. Entre los más críticos de todos se encuentran los atentados producidos el 11 de septiembre de 2001, que condujeron a una percepción negativa de la opinión pública estadounidense hacia el reino saudí, debido a que la mayoría de los terroristas eran de esta nacionalidad y a los vínculos que estos habían mantenido con la Administración saudita.

A pesar de todos los sucesos que han ocurrido, el matrimonio de conveniencia que desde la firma del acuerdo se había mantenido comenzó verdaderamente a tambalearse a mediados de 2020. Ese año los saudíes emplearon de nuevo su «arma económica» al hacer caer los precios del petróleo en un entorno de recesión causada por la pandemia del coronavirus. Además, la situación ya era tensa por la supuesta falta de respeto por los derechos humanos, la actuación saudita en el conflicto yemení y la muerte en extrañas circunstancias de Jamal Khashoggi, columnista del Washington Post. 

El abaratamiento del crudo saudí perjudicó a los productores estadounidenses de esquisto, quienes necesitaban que los precios del petróleo fuesen superiores a los 40 dólares por barril para llegar a un punto de equilibrio entre costes y beneficios. Esto afectó a las decisiones de los legisladores de Estados como Texas, Luisiana, Dakota del Norte o Alaska, quienes acusaron a los sauditas de librar una «guerra económica», por lo que propugnaron una serie de iniciativas legislativas para replegar el despliegue de seguridad que tradicionalmente había protegido a Arabia Saudita. 

En ese momento las relaciones de amistad tan solo se mantenían gracias al presidente Trump, quien seguía empeñado en hacer negocios con los saudíes y no tenía demasiados miramientos con el tema de los derechos humanos. La llegada del presidente Biden a la Casa Blanca, a principios del año 2021, empeoró aún más la relación con los saudíes, pues el binomio Biden-Harris, de orientación verdaderamente idealista, buscaba el retorno al acuerdo con Irán en materia nuclear, solucionar el conflicto de Yemen y reducir a Arabia Saudita a un Estado «paria». 

Una primera reacción por parte saudita se pudo observar en el acuerdo de cooperación en materia militar que firmó con Rusia ese mismo año. Posiblemente China viese una ventana de oportunidad en esta crisis de relaciones y la visita de 2022 del presidente Xi Jinping a Arabia Saudita consolidó unos importantes vínculos comerciales y diplomáticos. 

Tras la visita, ambos países hicieron una declaración de cooperación en todos los ámbitos, entre los que se encontraban el de la seguridad y defensa, la construcción de centrales nucleoeléctricas y el del comercio de productos petrolíferos. Esta nueva situación no solo perjudicó los intereses estadounidenses, sino que dejó a Irán en una posición de desequilibrio frente a su tradicional rival saudí.

En este contexto y con la mediación de China, Irán recuperó las relaciones con Arabia Saudita en la primavera del 2023, reactivando el acuerdo de cooperación en materia de seguridad que ambos países vecinos habían establecido en el año 2001, focalizado en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. En este entorno de mayor seguridad la prosperidad económica saudita se vio incrementada, fomentando el progreso del proyecto Vision 2030. 

Más bien tarde que pronto los estadounidenses reaccionaron ante su pérdida de influencia en la región y se sumaron a la iniciativa IMEC (India-Middle East-Europe Corridor). Dicha iniciativa se anunció en septiembre de 2023 por el primer ministro indio, Narendra Modi, durante la cumbre del G20 en Nueva Delhi y básicamente consiste en unir los puertos occidentales de la India con los de los Emiratos, atravesar Arabia Saudita y Jordania para salir al Mediterráneo, a través del puerto israelí de Haifa. 

Lógicamente, la propuesta de la India, rival histórico de China, entraba en rumbo directo de colisión con la iniciativa de la Franja y la Ruta china (OBOR por sus siglas en inglés) del presidente Xi Jinping. Durante la cumbre Arabia Saudita se posicionó a favor de la iniciativa IMEC, por los beneficios que le podía reportar, debido a que de este modo se podría colocar del lado del actor que le hiciera la oferta más tentadora. Por ello no es de extrañar que poco antes, el príncipe MbS hubiese declarado que Israel y Arabia Saudita nunca se habían encontrado tan próximos. 

A pesar de la reactivación del conflicto entre Hamás e Israel en Gaza, tras los atentados terroristas del mes de octubre de 2023, no parece que las relaciones entre saudíes e iraníes se hayan resentido, acordando MbS y el fallecido presidente Raisi la «necesidad de poner fin a los crímenes de guerra contra Palestina», así como fortalecer la unidad islámica. 

Posiblemente, la situación en Gaza fuese aprovechada por Irán para que Arabia Saudita no se aviniese a reconocer a Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham, ni tampoco parecía que los saudíes quieran tensar las recuperadas relaciones. Por ello Arabia Saudita volvió a desmarcarse de EE. UU., teniendo en cuenta que las fuerzas armadas saudíes no se sumaron a la operación Prosperity Guardian, que se realiza en el mar Rojo contra los ataques que los hutíes de Yemen perpetran contra Israel. 

La conflictividad regional y global ha sido aprovechada por Arabia Saudita para, una vez más, utilizar la producción de petróleo a su favor. La dependencia del petróleo saudí por parte de Israel se ha incrementado, debido la proximidad a la zona de conflicto de los puertos israelíes de Ashkelon y Haifa, cuyas terminales se abastecen por petroleros que obtienen sus productos del oleoducto Bakú-Ceyhan, aparte de otros orígenes. Por ello, se ha incrementado el petróleo que llega por barco desde la península arábiga hasta el puerto israelí de Eliat, donde se bombea hacia el interior del país. 

En el nivel global y en el marco de la OPEP+ con el trasfondo del conflicto ucraniano, Arabia Saudita ha acordado con Rusia el recorte de la producción y el mantenimiento de los precios, que beneficia al presidente Putin para continuar el conflicto de Ucrania y al príncipe MbS para financiar su Vision 2030. 

Otro importante acontecimiento fue la inclusión de Arabia Saudita en el grupo de los BRICS, a principios de 2024, a la par que también se sumaron Egipto, Etiopía, Irán y los Emiratos Árabes Unidos. Para los saudíes, esta nueva asociación les facilita la independencia de los estadounidenses, al tiempo que buscan ampliar y diversificar su economía y reforzarse como líderes regionales, en un entorno de atemperamiento de las anteriores tensiones que ha tenido con Irán.

El fin del acuerdo y las consecuencias globales 

El 9 de junio de 2024, tras cumplirse el plazo de 50 años, expiró el acuerdo de los petrodólares sin que Arabia Saudita se mostrase dispuesta a su renovación. En el entorno multipolar, en el que Arabia Saudita es un actor cada vez más independiente, esta situación le permite, aún más, vender el petróleo y otros productos en múltiples monedas como yuanes, RMB, euros o los propios dólares. Incluso en esta nueva etapa se abre la puerta al uso de moneda digital del tipo bitcoin. 

En esta amalgama de posibilidades, la pérdida de la primacía del dólar debilitaría a los estadounidenses en los circuitos económicos globales a no ser que tomen alternativas de tipo monetario o fáctico. La noticia anterior debe además vincularse a que Arabia Saudita se ha sumado al proyecto mBridge, que busca la creación de una moneda digital de múltiples bancos centrales y comerciales (conocida como CBDC). 

Este modelo se apoya en un sistema inmediato de transacciones de divisas, pagos transfronterizos y registros de los asientos contables basado en un sistema de contabilidad distribuida o tecnología de libro mayor (conocido como DLT), como puede ser Blockchange, sin que haya una autoridad central verificadora y basándose en que la distribución del registro aumenta la transparencia. 

Este proyecto vio la luz en el año 2021 con la colaboración del BIS Innovation Group, el Banco de Tailandia, el Banco Central de Emiratos, el Banco Popular de China y la Autoridad Monetaria de Hong Kong. En 2022 se realizó con éxito una experiencia piloto de transacción de valores reales, llegando posteriormente a la etapa de su conversión en proyecto mínimo viable (MVP por sus siglas en inglés), por lo que se ha comenzado a invitar a las entidades privadas a sumarse al proyecto y a la realización de propuestas para su desarrollo.

Hay que tener en cuenta que esta iniciativa evitaría pasar por el sistema SWIFT, del que se encuentran expulsadas varias entidades bancarias rusas como consecuencia del conflicto de Ucrania. No obstante, aún no han podido ser desvinculados los bancos rusos relacionados con la venta de petróleo y gas, principalmente por la dependencia de los europeos de los productos energéticos de Rusia. 

Para los estadounidenses también se podría crear una situación de alejamiento si en el año 2025 se anunciase la proyectada nueva divisa de los BRICS, durante la celebración de la prevista Cumbre de São Paulo. Este proyecto podría consistir en el lanzamiento de la moneda R5, cuyo nombre viene de la mano de las propias monedas del grupo (rublo, real, rupia, renminbi y rand) y el valor de esta sería una ponderación de las monedas nacionales. 

En su primera etapa podría utilizarse como referencia para transacciones y registros contables entre estos países y en la contabilidad de los propios sistemas financieros creados por los BRICS, como pueden ser el Nuevo Banco de Desarrollo y el Acuerdo de Reserva Contingente (NDB y CRA respectivamente por sus siglas en inglés)27. 

Entretanto, Rusia e Irán, castigadas por las sanciones estadounidenses, ven en esta posible futura moneda un mayor peso específico de China, por lo que buscan su propio espacio de relación económica para evitar los daños a su economía provocados por EE. UU. sin caer en los brazos de los chinos. 

Yuri Ushakov, asesor del Kremlin, aboga por un sistema de pago basado en DLT llamado BRICS Pay. Mientras, rusos e iraníes están reforzando la interconexión de sus sistemas de transacciones denominados MIR y SHETAB. 

Las posibles vías de negociación 

La situación geopolítica global coloca a Arabia Saudita en un plano negociador de superioridad respecto de EE. UU. y aunque haya expirado el acuerdo no quiere decir que no se puedan firmar otros, pero esta vez la mejor baza puede estar del lado saudita. 

En lo que se refiere al ámbito internacional, las concesiones que EE. UU. pueda realizar a los saudíes no tienen por qué llegar al reconocimiento tácito del Estado de Israel, sino que con alinear determinadas posturas podría ser más que suficiente, dejando el comodín del reconocimiento, al estilo de los Acuerdos de Abraham, para ocasiones que se puedan presentar en el futuro. 

Pasando al ámbito de la defensa, Arabia Saudita posee un formidable potencial militar basado en sus fuerzas aéreas, pero necesitaría mantener el estatus de superioridad respecto de su entorno regional. Por ello se están produciendo negociaciones bilaterales con los norteamericanos para la posible adquisición de aviones de combate de quinta generación F-35 junto a otros armamentos. 

Igualmente, los saudíes podrían requerir de Estados Unidos garantías de seguridad frente a posibles adversarios. De producirse esta posibilidad, Arabia Saudita e Israel estarían prácticamente equiparados en superioridad tecnológica, lo que claramente no sería del agrado israelí. Sin embargo, en el nivel regional ambos se reforzarían frente a su rival tradicional iraní y en el nivel global EE. UU. conseguiría alejar a los saudíes de la órbita china. 

Otro aspecto importante para los saudíes es poder demostrar a los inversores del proyecto Vision 2030 que su territorio es seguro. Por esta razón necesitan poseer determinados sistemas de defensa antiaérea que les protejan de los ataques de misiles, cohetes y drones, teniendo en cuenta que en el pasado han sido víctimas de ataques de estas características procedentes del territorio yemení o desde orígenes que no se han podido determinar.

Igualmente, los ataques de Irán sobre el territorio de Israel, en represalia por el ataque israelí contra la embajada de Irán en Damasco, son una muestra de la necesidad que tienen los saudíes de mejorar su defensa antiaérea. En este sentido Arabia Saudita podría optar por la adquisición de los eficaces sistemas israelíes Iron Dome y Arrow-331. 

Hay otro punto para tener en cuenta en unas futuras negociaciones entre saudíes y estadounidenses. Las elecciones presidenciales que enfrentarán de nuevo al candidato Trump y al presidente Biden serán un factor trascendente en los posibles nuevos acuerdos. 

Es posible que las preferencias saudíes se decanten por Trump, pero independientemente del ganador, los saudíes buscarán mejorar sensiblemente su estatus gracias a las buenas cartas de salida que tienen en esta partida. En todo caso, el programa de Trump parece adaptarse a los tiempos venideros y aboga por la aceptación de las criptomonedas, en línea con Arabia Saudita. La reacción de Biden, aceptando donaciones en criptomonedas para la financiación de su campaña, parece indicar que se estaría adaptando igualmente para un nuevo entorno económico. En todo caso EE. UU. deberá decidir próximamente entre el progresivo languidecimiento del sistema tradicional, basado en el dólar, o pelear por el liderazgo del nuevo escenario en materia digital. 

Conclusiones

El final del acuerdo de los petrodólares no parece un hito trascendental en los cambios que conducen a un nuevo paradigma global. Sin embargo, puede ser un buen indicador de tendencias que, dentro de una secuencia de acontecimientos, pueden llevar a la conclusión de que el mundo deriva hacia un sistema multipolar, en el que los EE. UU. están perdiendo gran parte de la influencia que tradicionalmente poseía. 

La desdolarización acerca más a los países del Gran Oriente Medio a la órbita de los BRICS, donde China posee el mayor peso específico entre todos ellos. No obstante, la alianza de los BRICS no se encuentra tan consolidada como para pensar que el declive estadounidense es inminente. Baste pensar que dentro del grupo existen importantes rivalidades, como las que puede haber entre China e India o entre Irán y Arabia Saudita. 

Tampoco se puede afirmar que la capacidad de influencia estadounidense en el mundo llegue a desaparecer en un futuro a muy largo plazo. En todo caso, Arabia Saudita parece haber aprovechado inteligentemente la situación que se le plantea, llegando a establecer una interesante relación de equilibrios entre poderes antagónicos como pueden ser los EE. UU., China y Rusia. 

Las relaciones con los estadounidenses no son tan dependientes como en el pasado, debido a que la producción petrolífera del país norteamericano es suficiente para no tener que importar el crudo desde el Golfo. No obstante, los saudíes son un importantísimo cliente de EE. UU. en materia de defensa y estos son su vez un excelente interlocutor con Israel, quien también puede reportar beneficios para los intereses saudíes. 

Las relaciones de Arabia Saudita con Rusia también son interesantes, pues son la llave que abre los acuerdos de producción y precios del petróleo, favoreciendo a ambos actores, pues el presidente Putin necesita los beneficios de los hidrocarburos para seguir financiando el conflicto ucraniano, mientras que el príncipe MbS los debe emplear para la transformación de su país mediante el proyecto Vision 2030. 

Sin embargo, la más importante de las relaciones sauditas se han establecido con China, principal receptor de su producción petrolífera y con quien mantiene el mayor de los intercambios comerciales de todo tipo de bienes y servicios. 

Es también digno de mencionar las buenas relaciones que los saudíes mantienen con India y el apoyo a su iniciativa IMEC, que se encuentra en contraposición con el proyecto chino de la Franja y la Ruta. Arabia Saudita, inteligentemente, ha aprovechado su situación privilegiada, para que ambas iniciativas confluyan sobre su territorio, orientándose por una u otra a su conveniencia. 

Es lógico que este nuevo paradigma geopolítico se vea reflejado en el ámbito económico, alejándose de este modo los saudíes de la vinculación entre dólar y petróleo y aunque sin abandonarlo, explorar las oportunidades que le ofrecen sus nuevos socios, incluyendo las opciones de futuro que le ofrecen los sistemas de moneda e intercambio digitales. 

Igualmente, el ámbito de la defensa refleja los nuevos cambios situacionales. En este entorno Arabia Saudita está aprovechando este momento para obtener tecnología armamentística y garantías de seguridad que reviertan en un entorno lo suficientemente estable para atraer a la inversión internacional. 

En definitiva

El cese del acuerdo posiblemente sea un hito más que permita a Arabia Saudita posicionarse como un líder regional que, asegurando su estabilidad y seguridad, sea capaz de continuar su crecimiento integral. 

Por parte estadounidense, la desdolarización parece que no se está produciendo a un ritmo excesivamente rápido. Es posible que, si es capaz de adaptarse al futuro escenario económico internacional, continúe siendo un país influyente y en todo caso, su despliegue militar por todo el mundo respaldará la posición que EE. UU. decida finalmente adoptar. 

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