Escrito por 4:56 pm Tribunas

El fin y los medios

4 diciembre 2023

Por Ignacio Vasallo

Esa manía que tienen muchos políticos de asegurar que el fin no justifica los medios es reciente. En la antigüedad nadie ponía en duda que a veces era necesario llevar a cabo actuaciones poco ejemplares para conseguir objetivos inalcanzables de otra manera. El ejemplo más chocante es el de los padres que están dispuestos a sacrificar a sus propios hijos, si Dios se lo pide, en el caso de Abraham con Isaac, para comprobar su lealtad o si lo exige un oráculo para conseguir que los vientos lleven a la flota griega hasta Troya para lo que Agamenón tendría que sacrificar a Ifigenia. 

Eran civilizaciones en las que el bien del grupo estaba por encima del de cada individuo. Si había que sacrificar a seres humanos para estar a bien con los dioses, pues adelante.  

El cristianismo terminó con los sacrificios humanos y otras costumbres después de que Dios, con el fin de salvar a la humanidad, sacrificara a su propio hijo. Era el sacrificio final.

 Esta es la versión religiosa. También hay otra laica que indica que cualquier cosa que limitara el poder de la monarquía y la nobleza : desde la supresión de la esclavitud a la libertad de contraer matrimonio: los nobles se casaban entre sí, pasando por cambiar herencias por paraísos celestiales,    traía como consecuencia el aumento del poder y  la riqueza de la Iglesia, que esta  no tardó en exhibir en sus catedrales góticas  o en la humillación de Canossa cuando el pobre emperador Enrique IV tuvo que esperar tres días descalzo en la  nieve a que el Papa Gregorio VII se dignara recibirlo y anular la excomunión con la que le había castigado.

La Iglesia inventó eso de que el fin no justifica los medios para ampliar su poder. Funcionó durante algún tiempo hasta que Lutero y después Calvino desmontaron el tinglado. El fin: la salvación de las almas justificaba los medios que utilizaban como cobrar por reducir la estancia en la cárcel espiritual.

Con el Renacimiento reaparece el pensamiento laico, tapado hasta entonces por las discusiones teológicas. Maquiavelo no se anda con bobadas y explica lo que debe hacer un príncipe para mantenerse en el poder y ampliarlo, aunque no escribe nada sobre el fin y los medios ni sobre la “razón de estado“. Un par de decenios después el gran Ignacio de Loyola, que tampoco escribió sobre el fin y los medios, tiene bien claro que para que la Iglesia recupere el poder que se le escapaba con la reforma -el fin-, hay que usar medios a veces no muy ortodoxos, incluso militares: “fundador sois Ignacio y General “… dice el himno de la orden.

Los primeros que lo dejaron por escrito, a mediados del siglo XVII fueron el jesuita Baltasar Gracián : “ Todo lo dora un buen fin , aunque los desmientan los desaciertos de los medios “ Y  el teólogo Hermann Busenbaum : “ Cuando el fin es licito, también lo son los medios”.

Así aparece el” consecuencialismo”: la acción se valora por las consecuencias.  Es correcta si produce más bien que mal “De ahí procede el utilitarismo de Bentham:  la mejor opción es la que produce mayor bien“.

Durante la Ilustración, la revolución francesa, el romanticismo y su hijo el nacionalismo, el pensamiento dominante pretende obtener unos fines tan importantes como: la independencia de naciones oprimidas, la supresión de las monarquías absolutas, la modernización de la sociedad… que los brutales medios: millones y millones de muertos -Napoleón como ejemplo- estaban justificados.

Una vez conseguidos los fines por los que pelearon, las sociedades occidentales recuperaron eso de que los principios morales son fundamentales. La Iglesia Católica dejó por escrito, en el catecismo de 1892, que el fin no justifica los medios, pero pocos lo creen. Los bombardeos indiscriminados de ciudades en Alemania o el lanzamiento de bombas atómicas en Japón, con millones de víctimas, cuando la guerra ya estaba resuelta, nos han demostrado como un fin, que hoy parece secundario: mandar un mensaje a la Unión Soviética: estos son nuestros poderes, se consigue con medios inmorales sin que haya oposición -ni siquiera de las Iglesias-.

En el siglo XXI seguimos igual: Hamás, con el fin de llamar la atención mundial sobre la situación en Gaza, comete salvajes crímenes, con la comprensión de gran parte de las “opiniones públicas “en algunos países de la región, tras lo que Netanyahu, apoyado por gobiernos occidentales, con el fin de terminar con Hamas, acaba por el camino con la vida de miles y miles de palestinos que nada tienen que ver con el grupo terrorista. En Estado Unidos basta con que el presidente firme una “orden ejecutiva“ para que las fuerzas especiales liquiden a un “enemigo de los Estados Unidos“.

En nuestra esquinita del mundo, afortunadamente sin muertos, el presidente del gobierno, para mantenerse en el puesto, concede ventajas a quienes se lo pueden garantizar, mientras que la oposición que quiere que su jefe ocupe ese lugar, utiliza todos los medios a su disposición: políticos, mediáticos, judiciales, callejeros, para intentar volver al volver al punto de partida .

 Ambos aseguran que el fin que buscan es el bien de España.  Desde hace tres siglos sabemos que si el fin es licito también lo son los medios.

Close