Manuel Espín’
Probablemente no hay un pasodoble que haya sonado tanto como ‘El gato montés’, que procede de la obra de Manuel Penella estrenada en 1917 en el Principal de Valencia. Sobre el papel el argumento de esta ópera es descendiente directo del romanticismo francés del XIX que a partir de ‘Carmen’, Merimée y Bizet hizo circular un postizo abanico de toreros, mujeres apasionadas, lutos, bandoleros, curas con sotana, gitanos y toda la parafernalia exótica de un país convertido en un puro estereotipo.
Ese contexto está presente en ‘El gato montés’ donde la acción se traslada de una finca típica del latifundio andaluz a una plaza de toros para describir la pasión de dos hombres por ‘Soleá’, un bandolero y un torero, rodeados de toda una cohorte de arquetipos: madres enlutadas, curas omnipresentes, gitanas que leen en la palma de la mano, rejoneadores y banderilleros, apoderados…
Habitualmente presentados en un contexto estético de extremo colorismo, con paletas de luz y de fuego, pasiones desbordadas y melodrama sin antifaz; y así se ha visto en anteriores producciones de esta ópera, incluso estrenadas en el Teatro de La Zarzuela en la década anterior.

Sin embargo esta nueva producción que La Zarzuela representa a lo largo de junio ofrece un borrón y cuenta nueva absoluto. Christof Loy es un director escénico alemán con una gran presencia en los principales teatros europeos del género lírico caracterizado por una mirada casi minimalista a grandes partituras clásicas, donde los elementos aparecen depurados al máximo, con el decorado y atrezzo indispensable pero que no obstaculicen ni distraigan del centro de las historias.
De un tiempo a esta parte Loy ha descubierto el amplísimo repertorio español tanto de ópera como de zarzuela (en su mayor parte desconocido fuera del circuito hispanohablante) y les aplica esa técnica habitual en sus óperas…Para poner en evidencia aspectos poco valorados o sepultados bajo la pesada cáscara del estereotipo, del lugar común o de la estética del andalucismo más folklórico en el peor sentido de la palabra.
Esta producción de ‘El gato montés’ presenta una partitura increíble, de una fuerza arrolladora en todos los sentidos más allá del famoso pasodoble. Y pone en evidencia una tragedia pura en toda su esencia, donde los dos pretendientes de Soleá distan de ser los galanes triunfadores que a primera vista se contemplan, hay un par de perdedores con un apunte de lucha de clases. Aspecto que eleva ‘El gato…’ a la categoría de una tragedia griega o de una ópera verista.

En vez de los colorines de un cortijo andaluz o una plaza de toros repleta de barroquismos, se presenta un espacio escénico casi blanco y neutro diseñado por Manuel LaCasta, con un vestuario semi contemporáneo donde predominan los negros y grises, excepto en el torero. Nada de gitanas con faldas de lunares, gitanos vestidos de colores estridentes; todos bajo un vestuario de Robby Dolveman de extrema estilización.
Poniendo en evidencia uno de los aspectos llamativos de esta obra: un intenso fatalismo que en la escena final se adentra en el terreno de la necrofilia. Todos pierden, nadie gana en ese torbellino dramático que no melodramático propuesto en esta versión. Es probablemente la mejor de las producciones de La Zarzuela en esta temporada porque hay una idea muy clara: desnudar la tragedia en su más pura esencia lejos del colorín del cliché andaluz más repetido.
Musicalmente el maestro Pérez Sierra al frente de la Orquesta Sinfónica de Madrid capta toda la intensidad de una partitura brillante y con tantas posibilidades y el conjunto musical suena con una brillantez formal. Loy dispone de un reparto de primeras voces no solo españolas sino iberoamericanas a las que obliga a desenvolverse como actores de exigencia. A destacar el Bandolero, en el doble reparto ( David Oller y Borja Quiza), ‘Soleá’ (Mané Galoyan y Miren Urbieta Vega), el Torero (Rodrigo Garull y Rafael Humberto Rojas), la madre (María Rodriguez y Milagros Martín), la gitana adivinadora (Carol García y María Luisa Corbacho),el cura (Manel Esteve), el picador (Gerardo Bullón), además de un amplísimo reparto de otras voces, actores y los pequeños cantores de la ORCAM.

Frente a ‘experimentos’ fracasados como la ‘Carmen’ dirigida esceniamente por Damiano Michiletto el pasado diciembre, que es lo menos interesante de esta temporada en el Teatro Real (donde sin embargo en este 2026 se han visto con posterioridad distintas producciones sobresalientes), este ‘Gato montés’ de La Zarzuela impulsa una temporada donde ‘Pepita Jiménez’ recordó demasiado a la estética de las películas italianas de destape de los años 70, ‘Jugar con fuego’ un forzado cruce de caminos de cierto artificio, y ‘Bohemios’ contaba con un libreto ridículo para una partitura maravillosa. ‘El gato montés’ cierra la temporada con una nota alta. En 2027 dentro de un año se verá en este escenario ‘El barberillo de Lavapiés’ estrenado en Basilea (Suiza) en la versión escénica de Christof Loy en 2025 y donde esta referencia de la historia de la zarzuela aparece tratada con una ironía y sentido de la comedia alejada del costumbrismo y del esperpento-

