Escrito por 7:25 am Economía

El insoportable chantaje de Repsol, la desfachatez de Imaz y el olvidadizo Brufau


Por José Sanuy.-


El acuerdo del PSOE y Sumar de, si forman gobierno,  mantener el actual impuesto sobre los resultados excepcionales de la banca y las energéticas ha provocado el malestar de las empresas afectadas, pero ninguna de estas ha llegado al extremo de Repsol que amenaza con retirar inversiones en España. Así se ha manifestado su consejero delegado Josu Jon Imaz sugiriendo la posibilidad de desplazar inversiones a Portugal.

La petrolera más importante del país no ha llegado, por el momento, al extremo de Ferrovial que trasladó la sede de la compañía a los Países Bajos, pero con su amenaza de retirar inversiones de España representa un chantaje intolerable ante el gobierno del país, una grosera arrogancia antidemocrática.

Su amenaza traiciona la historia de una compañía que fue una de las joyas de la corona desde su origen público como Instituto Nacional de Hidrocarburos. Con la chulería mostrada por sus dirigentes queda patente el error de privatizarla que, a modo del corte del salchichón procedieron tanto Felipe González como José María Aznar. Como lamentable fue que José Luis Rodríguez Zapatero aprobara la adquisición de Endesa, otra joya de la corona, por parte de Enel, controlada por el gobierno italiano. 

Antonio Brufau que lleva 20 años al frente de Repsol se olvida de que un gobierno socialista le nombrara para tan apetecible cargo. En el gobierno Zapatero, y entre el núcleo duro socialista, predominaba la idea de que había que desplazar de las grandes empresas privatizadas por Aznar a los amigos que éste colocó al frente de las mismas. 

Es lo que hizo cesando a Alfonso Cortina como presidente de Repsol en octubre de 2004 gracias a la colaboración de la Caixa, presidida entonces por Ricardo Fornesa, accionista de la petrolera, a cuyo frente colocó a Antonio Brufau quien contaba con el valioso apoyo de José Montilla, entonces ministro de Industria. 

Cortina, amigo del Rey y de Aznar, peleó como un gato panza arriba para mantenerse en el sillón, recurriendo incluso a Teresa Fernández de la Vega, cuyo hermano ocupaba un puesto importante en la compañía, pero enseguida, en cosa de horas, se dio cuenta de que no tenía nada que hacer.

En Repsol no sólo participaba accionarialmente la caja catalana, sino también, y en la misma proporción, el BBVA. Sin embargo, el presidente de esta entidad, Francisco González, conocido en el mundo financiero por sus siglas, FG, no quiso entrar en esta batalla. Bastante tenía con defender su propio sillón.

En el banco justificaron su actitud porque FG tenía constancia de que Cortina se había metido en asuntos un tanto feos. La verdad es que éste no se había lucrado indebidamente de la compañía, aunque dejó actuar a su consejero delegado, Ramón Blanco, en la financiación del Partido Popular, tal como se ha puesto de manifiesto en Gürtel. El propio Cortina, no obstante, intervino directamente al aceptar la petición de Aznar de que Repsol corriese con todos los gastos del viaje y la estancia en Venezuela de su estratega Pedro Arriola, su futuro yerno Alejandro Agag, el jefe de Comunicación del PP Francisco García Diego, y el empresario, y más tarde cerebro de la red Gürtel, Francisco Correa. 

Brufau se ha pegado a Repsol como una lapa aunque hace ya muchos años que insinuaba su próxima salida en beneficio de Imaz. Es el presidente que más tiempo ha dirigido la petrolera. También el que más ha marcado su impronta. En abril de 2014, nombraba consejero delegado, una figura de nueva creación en el grupo, al presidente de Petronor y expresidente del PNV, Josu Jon Imaz, que formaba parte del comité de dirección de la petrolera desde mayo de 2012 y había protagonizado una carrera meteórica en la empresa. Su experiencia industrial y política convenció a Brufau, frente a otros nombres que durante meses ‘sonaron’ también en las quinielas, como su propia mano derecha durante años, Nemesio Fernández-Cuesta, que finalmente abandonó la petrolera en 2016 cuando era director general de Operaciones. 

En la Junta de Accionistas de 2015, Repsol cambió los estatutos de manera que el presidente Brufau siguiera en el cargo cuatro años más, pero sin poderes ejecutivos. Unos poderes que ha ido cediendo a Imaz, que es quien se encarga del día a día de la compañía, mientras él ejerce de lo que en el mundo anglosajón se conoce como ‘chairman’, que centra sus tareas en las relaciones institucionales con los accionistas, clientes y proveedores, y las administraciones públicas. 

Brufau ha mantenido durante mucho tiempo su sueldo en secreto que ahora tiene la obligación de manifestar. En 2022 el consejero delegado, Josu Jon Imaz, ha percibido una retribución de 4,13 millones de euros lo que supone un incremento del 3,5% respecto al año previo, cuando ingresó 3,99 millones. Antonio Brufau, presidente no ejecutivo, ganó 2,81 millones de euros, un 1,37% más que en 2021.

Los 15 miembros del consejo de administración (uno ejecutivo, diez independientes (como se sabe los más dependientes) y cuatro externos se repartieron 11,67 millones, un 13,3% más que los 10,30 millones obtenidos en 2021. 

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