Escrito por • 12:53 pm• Política

El irrefrenable declive de Yolanda Díaz

Inmaculada Sánchez

Quien en tiempos fuera estrella emergente de la izquierda y esperanza morada en el Gobierno arranca 2025 dando señales de un irrefrenable declive. Yolanda Díaz asiste esta semana al enésimo retraso en la tramitación de su principal bandera política a día de hoy, la reducción de la jornada laboral. Mientras, Sumar navega a la deriva hacia su asamblea de marzo y Podemos, la fuerza con la que rompió para crecer, sube en las encuestas.

De nada le sirvió a la habitualmente comedida vicepresidenta soltarse la lengua hace unos días llamando “mala persona” al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, por defender el retraso de la reducción de jornada que ella misma había dado por hecha dos semanas antes solemnizándola con una foto junto a los sindicatos. Este miércoles la tramitación urgente de la medida que exigía Díaz no ha llegado a la mesa del Consejo de Ministros y su más evidente promesa cae en un indefinido impasse. “Esto es muy grave”, ha dicho sobre el bloqueo a la medida desde el propio Gobierno.

El lento pero insistente retroceso del peso político de Yolanda Díaz viene fraguándose, no obstante, desde hace tiempo con las elecciones europeas del pasado junio como su más contundente evidencia. La abrupta ruptura con Podemos promovida personalmente  por quien llegó a convertirse durante meses en la política más valorada de los españoles, según el CIS, afloró en los comicios al europarlamento cuando Sumar cosechó un exiguo 4,67 por ciento de votos y tres escaños, sólo uno más de los dos logrados por Podemos. Irene Montero, a quien Díaz había vetado para continuar en el Gobierno pocos meses antes, lideraba la candidatura morada que logró ridiculizar los resultados de Sumar y provocó su dimisión como coordinadora general.

Desde entonces, el espacio político que la ministra de Trabajo iba construyendo, aun a base de notables desencuentros con sus indispensables socios, desde Izquierda Unida hasta Compromís, intenta sacar la cabeza en un mar de errores y dificultades. El ‘caso Errejón’, con la dimisión de uno de sus dirigentes más conocidos, además de portavoz parlamentario, por acusaciones de abuso sexual, llegó el pasado octubre como la carga explosiva que faltaba para dinamitar los débiles cimientos del proyecto.

En un par de meses, a finales de marzo, una asamblea extraordinaria de Sumar elegirá a dos coordinadores generales como líderes bicéfalos para suplir a Díaz y redefinirá herramientas y objetivos tras tanto terremoto. Los de Díaz necesitan como agua de mayo algún triunfo político que exhibir entonces ante sus abatidas huestes y la ministra está echando el resto por que se trate de la reducción de la jornada laboral, aunque su llegada al Congreso no garantice su aprobación por la previsible oposición de Junts o el PNV.

Entre tanto, las cenizas de los morados sobre las que Sumar pretendía erigir su edificio muestran inesperados signos de calor y actividad. Los dos escaños conseguidos en el parlamento europeo han proporcionado a Irene Montero un eficaz altavoz para el discurso más ideológico de Podemos mientras desde los cuatro que lidera Ione Belarra en el Congreso de los Diputados pelean duras concesiones del Gobierno a cada ley como bastión de resistencia.

Los últimos sondeos terminan de dibujar el desaliento en Sumar. El CIS de diciembre confirma una lenta pero sostenida subida en intención de voto de Podemos: del 2,2 % en mayo a un 3,5 al acabar 2024, en tanto Sumar volvía a dar muestras de desinflamiento pasando del 8,2 de mayo a un 7 % en diciembre. El primer barómetro conocido del año, el de 40dB para ‘El País’ acaba de mostrar, además, un inquietante acercamiento de ambas formaciones: Sumar conseguiría un 5,1 % de votos frente a un 4 de Podemos.Si Sumar llega a confirmarse como un proyecto fallido mucho habrán de reflexionar sus dirigentes sobre su responsabilidad en la división de la izquierda, cuando su fraternidad resulta más necesaria que nunca. Una izquierda cuya resurrección tras el 15-M tanto ha tenido que ver con que ahora tengamos un gobierno de coalición progresista y con que la ultraderecha no haya llegado aún a tocar La Moncloa. 

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