Nadie podía estar más feliz y satisfecha este 20-N. La insólita condena al Fiscal General del Estado, oportunamente dada a conocer en el 50 aniversario de la muerte de Franco, no sólo asesta un duro golpe a Pedro Sánchez sino que también alimenta el mito de Isabel Díaz Ayuso como política triunfadora e intocable. La sentencia del Supremo revitaliza la imagen de la presidenta madrileña como única dirigente de la derecha capaz de ganarle al Gobierno cualquier partida en la que se ponga a jugar de veras. Revestida de su leyenda no tardó, nada más conocerse el fallo contra García Ortiz, en volver al ataque y tildar de dictadura al legítimo Gobierno de Sánchez. Ya se atreve hasta a desobedecer leyes estatales en la Comunidad de Madrid, a la que pretende consagrar como tumba de las izquierdas, y esta inaudita victoria contra el Fiscal General viene confirmarla en sus propósitos. Apretémonos los machos si el ayusismo anda desbocado.
Conviene, no obstante, no confundir. Los mitos son personajes de admirada o temida leyenda, pero también, según el diccionario de la RAE, “persona o cosa a la que se atribuyen cualidades que no tiene”. Los triunfos políticos de Díaz Ayuso beben en buena parte de concitar en su persona la iracunda ira contra Pedro Sánchez, el presidente demonizado por la perenne frustración de una derecha necesitada de desahogos. Y también de la colaboración de inestimables combatientes contra el sanchismo entre los que se encuentra una mayoría de la cúpula judicial del país.
Sólo así puede entenderse una condena como la inferida a Álvaro García Ortiz. Con una deliberación insólitamente corta, de apenas unos días, los magistrados conservadores del más alto tribunal español han considerado culpable de revelación de secretos al Fiscal General del Estado apoyados únicamente en pruebas indiciarias. Habrá que leer meticulosamente la argumentación de la sentencia, inusualmente postergada frente a las prisas por proclamar la derrota del Gobierno, para conocer el alcance que tendrá en la jurisprudencia esta confirmación del mero indicio como prueba definitiva.
Como también requeriría alguna reacción del mundo del periodismo la nula credibilidad que los jueces han concedido a los testimonios de periodistas negando que su fuente del famoso secreto desvelado fuese el acusado. El secreto profesional ha sido considerado, pues, por los magistrados como un parapeto para no decir la verdad con lo que sitúa este derecho constitucional, tan crucial para el desempeño del oficio, en un peligroso terreno de desprestigio.
Aunque, sin duda, el más eficaz asistente de la estrategia de Ayuso, si no su auténtico padre, es el simpar Miguel Ángel Rodríguez, que ha logrado coronarse en el olimpo del ayusismo con su ‘p’alante’ recién confirmado por el Supremo. Me atrevería a señalar como una de las peores consecuencias de esta nefasta sentencia el refuerzo a un personaje como el conocido MAR. Ni sus amenazas a periodistas ni el reconocimiento ante el juez del uso de la mentira para sus fines políticos van a expulsarle de la pole position del circuito público. Al contrario, al igual que para su jefa, la decisión del Supremo supone un espaldarazo a la aviesa operación que él mismo diseñó para defender a la pareja de la presidenta de sus problemas con la justicia.
Este renovado brillo al liderazgo de Ayuso que la victoria sobre el Fiscal la ha conferido la ha llegado además en un momento oportuno. La presidenta madrileña acaba de desafiar, una vez más, al Gobierno de la nación negándose a aplicar una ley de obligado cumplimiento. En la anterior resistencia a aplicar los topes a los alquileres de la Ley de Vivienda tenía el abrigo de las competencias autonómicas y Ayuso, aunque se autoproclamó abanderada de su insumisión a la norma, se vio acompañada por el resto de presidentes autonómicos del PP en la afrenta a Moncloa. Ahora, sin embargo, en su reciente negativa a elaborar el listado de médicos objetores con el aborto que le exige el ministerio de Sanidad se había quedado sola. Las autonomías gobernadas por el PP que aún no habían entregado el listado lo han hecho en el plazo fijado y hasta Feijóo osó ‘responderla’ con un comunicado desde Génova manifestando el compromiso del partido con el derecho de las mujeres al aborto y con el cumplimiento de la ley.
La osadía de Ayuso, ya sabemos, no tiene límites y, pese a esta soledad dentro del PP, ha seguido adelante con su insubordinación legislativa provocando un nuevo pulso con Moncloa. El caso está en manos de los jueces después de que el Gobierno anunciase un recurso contencioso administrativo contra su Administración para obligarla a cumplir la ley. Habrá que estar atentos a este futuro proceso, visto lo visto en el Supremo, para ver si los jueces vuelven a anotar otra victoria en la casilla de Ayuso.
Mientras, sus enemigos internos en el PP podrían estar perdiendo bazas. Ayuso cabalga con mayoría absoluta en la Asamblea de Madrid desde las elecciones de 2023 y quienes pretenden hacerla frente dentro del partido deben estar a la altura de sus armas. Juanma Moreno Bonilla, el barón popular con más poder y que hasta ahora exhibía su supuestos centrismo y templanza para seguir gobernando Andalucía y confrontar con el estilo Ayuso está viendo moverse su sólida mayoría absoluta por la crisis de los cribados de cáncer de mama que se ha convertido en un renovado frente de oposición y crítica a toda su política sanitaria.
Las urnas de Andalucía están cerca, y antes llegarán las de Extremadura y Castilla y León. Guardiola no es una pieza relevante en la partida de barones dentro del PP pero sí Bonilla y Mañueco y los muchos votantes que suman sus autonomías. La lucha por frenar a Vox se ha convertido en la única clave del futuro del PP y, también, de la peleas internas que sacuden a Génova. Si Bonilla pierde su mayoría absoluta y Mañueco no la alcanza Ayuso mejorará posiciones en un escenario que debilitará también para Feijóo.
El único bálsamo para el Gobierno en estos días, en los que hasta Aitor Esteban ha dicho que si fuera Sánchez ya estaría pensando en la fecha de las elecciones, podría ser el efecto revulsivo que tiene para los suyos ver a la bestia negra de la izquierda cantando una victoria. Todos los socios parlamentarios del Gobierno han salido en tromba en defensa del Fiscal condenado y tachando al Supremo casi de golpista. Que Ayuso asome cada vez más la cabeza podría movilizar los apoyos ciudadanos y parlamentarios de Sánchez decaídos por el escándalo Cerdán-Ábalos. Los va a necesitar, y mucho, si esta semana el exministro entra en prisión tras su citación ante el juez y el proceso avanza con inesperadas sorpresas.

