Escrito por 6:35 pm Política

El ‘momento Ábalos’ del sanchismo

José Luis Ábalos saliendo del Registro tras presentar su pase al Grupo Mixto

por Inmaculada Sánchez

La desgarradora ruptura del PSOE con quien fuera su secretario de Organización y hombre clave en el partido y el Gobierno está mostrando, sin rodeos, dos condiciones inherentes a la política: la crueldad y la responsabilidad de quienes ocupan sus más altos puestos. José Luis Ábalos no está acusado ni investigado por ninguno de los presuntos delitos de su ex asesor, pero fue quien lo eligió y le abrió las  puertas a determinadas estancias del poder. Aunque cruel e injusta, su salida hubiera sido lo responsable. Él, seguramente, se la habría exigido a otro. Sánchez, ni lo ha dudado.

En 1999 Josep Borrell dimitía como candidato a la presidencia del Gobierno, después de haber sido elegido en primarias por la mayoría de la militancia socialista, tras estallar la investigación por fraude fiscal de dos antiguos colaboradores cuando él era secretario de Estado de Hacienda. Huguet y Aguiar hicieron famosos sus apellidos en aquellos años por convertirse en los culpables del abrupto final del primer candidato socialista después de Felipe González .

El primero, jefe de la inspección fiscal de Cataluña, fue condenado a seis años de prisión, el segundo, delegado de Hacienda en la autonomía, fue exonerado durante la instrucción. Borrell no había tenido nada que ver con lo que hicieron, pero su condición de subordinados y su relación personal le llevaron a renunciar para no perjudicar las posibilidades electorales de su partido.

En aquel entonces, Ábalos ya era secretario general de la agrupación socialista de Valencia y concejal en su ayuntamiento. Tenía 40 años, casi 20 de militancia en el PSOE y habría participado activamente en aquella primera experiencia de primarias que encumbró a Borrell. Muy posiblemente, Ábalos, hombre de aparato y de partido, como siempre se ha definido, entendió perfectamente el paso dado por el catalán y lo que significaba para su carrera política.

Hoy, el ex ministro no ha querido entenderlo cuando un caso muy similar le afectaba a él, aunque seguro que comprende perfectamente las consecuencias de su decisión. El calibre de la crisis a la que ha llevado a su partido al no renunciar a su escaño, trasladarse al grupo mixto y verse abocado a la expulsión tiene unas enormes dimensiones difíciles de calcular en este momento. Sobre todo, dada la ajustadísima aritmética parlamentaria con la que ha de bregar el Gobierno a cada paso en esta legislatura: ahora tiene un voto más fuera de la disciplina de su grupo.

La incredulidad y pesadumbre que recorre estos días la bancada socialista no deja paso, sin embargo, a la duda. La dura decisión tomada por el secretario general y secundada por unanimidad por la ejecutiva federal es dolorosa pero la única posible. Este PSOE de Pedro Sánchez, que retornó al poder gracias a una moción de censura contra el PP de Mariano Rajoy condenado por la Gürtel, no podía afrontar con paños calientes el escándalo de corrupción que le explotaba más cerca.

Ábalos fue el escudero de Sánchez en su recorrido por las agrupaciones socialistas a la reconquista del PSOE. Ha sido su secretario de Organización, el fontanero mayor del sanchismo, ministro y puente básico entre Gobierno y Ferraz. La presunta corrupción de un estrecho colaborador suyo invadía la zona de seguridad del presidente y resulta ingenuo que alguien como el valenciano reclamara soluciones intermedias.

Feijóo y los suyos pretenden convertir el ‘caso Koldo’ en el ‘caso Sánchez’, pero para el PSOE ya se ha fijado en su historia como el ‘caso Ábalos’. Según cómo siga desarrollándose en próximas fechas se sabrá si la ‘cruel y responsable’ terapia aplicada al exministro por su propio partido consigue proteger al Gobierno y al sanchismo.

Close