Ni la peor devastación por incendios vivida en nuestro país consigue que el PP renuncie a su cada vez menos disimulado negacionismo del cambio climático. Como tampoco la demostrada resiliencia de Pedro Sánchez logra que Génova deje de negar a esta legislatura su derecho a existir. No querer aceptar la evidencia científica sobre el aumento de la temperatura del planeta impide gestionar y prevenir sus consecuencias. Y rechazar la evidencia de que el 23 de julio de hace ya tres años el resultado de las urnas impidió un gobierno presidido por Alberto Núñez Feijóo imposibilita una labor de oposición que no socave a la vez el sistema. Los balances de fin de curso ofrecidos estos días por el presidente del Gobierno y el líder de la oposición no sólo discurren en universos paralelos, como es habitual, sino que Feijóo continúa anunciando un inminente desalojo de La Moncloa mientras Sánchez le recuerda la cruda realidad de los doce meses que aún tiene por delante.
Cada vez que el presidente tiene oportunidad de referirse a la fecha electoral tumba de un plumazo las especulaciones sobre la inminencia de una convocatoria adelantada. Por mucho que sus complacientes recuentos sobre lo hecho por este Gobierno sonasen esta semana a un auténtico balance de legislatura ya culminada más que a un curso que declina y al que le sucederá otro en septiembre, Sánchez ha vuelto a reiterar que le queda un año completo para seguir con la tarea. El jefe del Ejecutivo se ha mostrado tan firme y contundente con los plazos a cumplir como el líder del PP en negarlos, como viene haciendo desde el principio de legislatura. Y en este pulso de realidades la que lleva tres años imponiéndose, para desgracia de Feijóo, es la de la actual Moncloa.
“Evidentemente esto no da más de sí”, afirmaba, una vez más, el presidente del PP la semana pasada. “No es una tendencia, es una sentencia”, se permitía añadir, concluyendo que “España ya ha cambiado de opinión, sólo falta que Sánchez cambie de domicilio”. Pese a que sólo las urnas pueden emitir semejante veredicto el PP continúa construyendo su relato vencedor en base a los sondeos y al ambiente de victoria que lo rodea. “Son sus últimas navidades en Moncloa” antes de recibir “el mayor castigo electoral de la historia”, le auguró al presidente, concediéndole, al menos, que llegará a 2027 dirigiendo el país.
El problema de venirse tan arriba es cuando los hechos ‘confirmados’ no se confirman, pero en el PP han cruzado ya la línea que delimita la vergüenza política. Negar la más tozuda realidad y mentir abiertamente no consigue, en estos tiempos, el reproche social y público que antes los censuraba. Así pudo Feijóo afirmar rotundamente que el PP siempre había subido las pensiones conforme al IPC y sólo matizar después como un error de explicación tan falaz embuste de la anterior campaña electoral.
Ahora toca reeditar la historia del primo científico de Rajoy, al que se refirió hace casi dos décadas para dudar del calentamiento global. La portavoz popular en el Congreso, Ester Muñoz, ha señalado esta misma semana que “durante toda la historia el clima ha cambiado, es de perogrullo”, para restar importancia a la responsabilidad del cambio climático en los voraces incendios de este verano y hacerla recaer en la ineficaz gestión del Gobierno o en su nula inversión en hidroaviones, por ejemplo, o en infraestructuras hidráulicas en el medio rural.
La propuesta de Sánchez de un Pacto de Estado sobre el aumento de la temperatura global y sus catastróficas consecuencias para nuestro país llega sin esperanzas en tiempos negacionistas, además de con elecciones a la vista: municipales y autonómicas en primavera y generales en julio, si no hay adelanto. El ultraderechismo populista de Vox, al que cada vez está más atado el PP, intentará, como siempre, canalizar la furia y el temor ciudadano a los megaincendios contra un Gobierno ideologizado y entregado al ecologismo irresponsable. Que Moncloa repita y repita que presentará Presupuestos para el año próximo y que incluso aspira a aprobarlos tampoco dice mucho de asumir la realidad por parte de Sánchez, aunque, al menos, sirve para reiterar que el Ejecutivo todavía sigue vivo y coleando.

