Escrito por • 1:28 pm• Política

El nuevo ‘No a la guerra’

Inmaculada Sánchez

El nuevo ‘No a la guerra’ está en Gaza pero no se refiere a un conflicto bélico entre ejércitos o países, sino a una auténtica masacre, al genocidio de todo un pueblo, el palestino, tal como esta misma semana lo ha certificado oficialmente una comisión de expertos de la ONU. Este renovado grito contra la barbarie ha vuelto a unir a las izquierdas de nuestro país y el presidente del Gobierno no ha desaprovechado la oportunidad para ponerse al frente de la manifestación. El ‘Free Palestine’ español también ha colocado al PP en una incómoda posición, con Díaz Ayuso señalando nuevamente a Feijóo dónde está el lado correcto de la historia, y desvirtuando los torpes intentos de Génova por comulgar con el mayoritario rechazo de la sociedad española a los asesinatos de niños gazatíes. Aunque esta vez los papeles estén cambiados y el clamor no sea contra el Gobierno, como en su día lo fue contra Aznar, el bloque de la investidura debería manejar con provecho estas protestas que restauran la dignidad y el orgullo de la izquierda, tan dañados por personajes como Ábalos o Cerdán.

En poco más de dos semanas se cumplirá el segundo aniversario de los ataques de Hamás en territorio israelí de aquel fatídico 7 de octubre que desencadenó una desproporcionada respuesta militar de Israel contra la población palestina de Gaza. Saludada en un principio por la mayoría de la comunidad internacional como un legítimo “derecho a la defensa” su creciente metamorfosis en una operación de pura destrucción de la Franja y de aniquilación de los gazatíes ha ido sumando rechazos en la escena mundial donde el gobierno de Pedro Sánchez se ha destacado por encima de una tibia Unión Europea.

No ha sido, sin embargo, hasta el pasado fin de semana, con las movilizaciones en la Vuelta ciclista a España que obligaron a suspender su última etapa en Madrid, cuando Gaza se ha situado en el centro de la batalla política española protagonizando, incluso, la sesión de control al Gobierno en el Congreso de este miércoles, hasta ahora reservada por el PP para la corrupción del sanchismo. Para Sánchez, la ocasión viene bordada.

No sólo porque su gobierno lleva tiempo tomando decisiones en favor de Palestina y contra Israel, como el reconocimiento oficial del Estado palestino ya en mayo del año pasado, la prohibición de venta de armas a Israel o la solicitud y presión pública ante la UE para que tome medidas contra el gobierno de Netanyahu. Aunque siempre por debajo de las exigencias de sus socios, que exigen desde la ruptura de relaciones diplomáticas hasta sanciones a empresas españolas que negocien con homólogas israelitas, Sánchez viene situando desde hace meses a España como uno de los pocos países europeos que denuncia como genocida la operación militar israelí y las recientes protestas de la Vuelta le han permitido, además de reivindicarse, señalar a las derechas y romper la estrategia de comienzo de curso de Génova, enfocada en las causas judiciales que rodean al presidente y su entorno. Se entiende la contrariedad de Feijóo.

Tanto Vox como Isabel Díaz Ayuso no están teniendo reparo alguno en colocarse como defensores de Israel, en minimizar como simples daños indeseados de cualquier guerra las terroríficas imágenes de hambruna y muerte que llegan desde Gaza y en acusar al Gobierno de agitador de la violencia antisemita. Es más. La presidenta madrileña andaba necesitada de nuevos momentos de gloria en los que enfrentarse a Sánchez de tú a tú y no ha podido dejarlos pasar: hasta se ha hecho una sonriente foto de apoyo con los miembros del equipo ciclista de Israel causante del boicot a la competición para que no quedara duda alguna.

Ayuso en estado puro y Feijóo siguiendo su estela, aunque siempre lejos del brillo de la madrileña. “Hipócrita”, “trilero” o capaz de pactar con Netanyahu “con tal de seguir en el poder” son algunas de las lindezas que el líder del PP le ha espetado al presidente en el Congreso este miércoles. Su ofensiva en la sesión se ha centrado en desacreditar por oportunista la convicción de Sánchez sobre “una causa noble” que solo usa para “tapar sus vergüenzas”. Un día antes, Miguel Tellado, en una entrevista en TVE, hacía malabares para no calificar de genocidio la acción de Israel en Gaza cuando distintos sondeos, entre ellos uno del Real Instituto Elcano, certifican que más de un 80 por ciento de españoles ya lo considera como tal. Suelo incómodo sobre el que caminar para los de Génova. Hacía tiempo que esto no ocurría en el terreno de las derechas.

La decisión de Aznar de meter a España en la guerra de Irak desató en su día un rechazo en la sociedad española y una ola de movilizaciones contra su gobierno que supusieron el comienzo de su derrota. En el conflicto de Gaza no está implicado nuestro país ni el gobierno ha tomado decisiones que comprometan nuestra seguridad pero pocas veces un asunto de política exterior ha provocado tanta movilización interna.

El Madrid ‘de Ayuso’ quiso demostrar con la última etapa de la Vuelta que no es propiedad política de la presidenta y que alberga algo más que el faro de las derechas más peligrosas. Las izquierdas que apoyaron a Sánchez y que tan decepcionadas y alicaídas se mueven tras la entrada en prisión de Santos Cerdán deberían aprovechar la causa palestina para coger aire. También porque las derechas globales, con Trump a la cabeza, cabalgan sobre este atroz genocidio para imponerse. Incluso el asesinato en Estados Unidos del ultra Charlie Kirk ha sido utilizado este fin de semana en Vistalegre por Santiago Abascal para culpar a toda la izquierda y llamar a combatirla. El actual ‘No a la guerra’ empieza por Gaza pero, para desgracia de todos, tiene otros muchos, y más cercanos, campos de batalla.

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