Escrito por 9:13 am Tribunas

El ocaso de la derecha católica compasiva

Federico de Francisco

Al margen del espacio de la política se ha producido un claro desplazamiento hasta el ninguneo del concepto en otro tiempo presente en una derecha católica compasiva, aunque fuera en términos de caridad y no de justicia social, por el que los poderes públicos se veían obligados a asumir medidas de apoyo social de tono equilibrador sin poner en tela de juicio la propiedad privada ni cuestionar su forma de estar distribuida. Antes de la creación de lo que hoy entendemos como ‘estado de bienestar’, es decir, la asunción pública de la protección en temas de salud, vivienda, medio ambiente, educación y otros más, considerados fundamentales en cualquier sociedad contemporánea occidental, ya había por parte de gobiernos conservadores medidas de contenido social, fueran paternalistas o de beneficencia. 

 Como respuesta a las teorías revolucionarias de finales del XIX y el XX se generó desde el ámbito eclesiástico una amplia doctrina social, de León XIII a Juan XXIII de carácter fundamentalmente compasivo. El propio concepto de ‘justicia social’ emerge en un sentido antagónico paralelo, tanto desde los movimientos revolucionarios como desde el llamado ‘catolicismo social’; lo que en cualquier caso implica una toma en consideración y una intervención pública en materias de promoción social y de beneficencia.

 Ese concepto queda arrinconado y a punto de ser dinamitado por la extrema derecha de la acracia libertaria que bebe su referencia de personajes como Ayn Rand, ‘rusa blanca’ emigrada a Hollywood, novelista, e inventora del llamado ‘egotismo’ (de ‘ego’) donde se cuestiona en nombre de la libertad la intervención del estado en áreas hasta ahora fundamentales de la acción pública. La sombra de Rand es alargada y llega a Milei que se remite a otro precedente: Hobbes. 

 Según esa teoría la fundamental acción de gobierno no es favorecer el bienestar de su ciudadanía y la igualdad de oportunidades, sino exclusivamente, garantizar las condiciones del mercado para que no produzca control o supervisión, o esta sea mínima, y que el propio mercado se auto-regule a sí mismo sin ninguna clase de fiscalización. 

 Ecos de ese modelo estuvieron presentes en la época del segundo Bush donde se defendía la renuncia al control y la supervisión de la economía de la mano de Alan Greenspand (por cierto amigo íntimo de Ann Rand) hasta que se produjo la catástrofe financiera de finales del XX y principios del XXI y rompiendo cualquier idea anterior se tuvo que producir un rescate millonario del sistema económico pagado con los impuestos de la totalidad de la ciudadanía.

 Milei como ‘hijo’ sin saberlo o no de Hobbes y de Ayn Rand repite el guion en una demostración de fría ideología por encima de cualquier filosofía humanista condenada a la hoguera. En Estados Unidos ante un público de dirigentes de altas tecnológicas enunciaba estos días uno de los conceptos más duros, insolidarios y crueles jamás escuchados en boca de un dirigente público de la época contemporánea: «El Estado no debe intervenir para que los ciudadanos se salven de morirse de hambre: ellos ya decidirán alguna manera para no morirse». 

 Un concepto que colisiona de forma brutal con el concepto de justicia social tal y como la entendía el catolicismo de otra época. Se trata de un ‘test’ interesante de resaltar que permite medir la distancia con sectores de la derecha católica partidarios de lo en su momento se llamó ‘humanismo’ y ‘justicia social’ – véase José Manuel de Prada-, concepto que la ultraderecha libertaria rechaza de forma radical. 

 La situación se escenifica a la perfección en Argentina. Desde la llegada al poder de La Libertad Avanza el ministerio de Capital Humano dejó de repartir los alimentos adquiridos por la administración peronista destinados a los comedores sociales que palían la situación de falta de disponibilidad de alimentos de algunas capas sociales, alegando supuestas irregularidades en el reparto. 

 El escándalo estalla en estos días cuando buena parte de esos alimentos se pudren en los almacenes y están a punto de caducar. En próximas semanas pueden vencer 339.867 kilos de leche en polvo y 4.439 de harina de maíz. La insensibilidad ante las condiciones alimentarias de los más vulnerables es notoria cuando lo que se quiere implantar es una utopía: el mercado por si mismo es incapaz de auto-regularse, y si lo hace es a favor de los más fuertes.

 Obispos argentinos y sectores de base católicos han puesto el grito en el cielo ante esa manifestación de insensibilidad respecto a los menos favorecidos de la escala social. Finalmente parte de ellos se distribuirán vía ejército en las cocinas sociales para evitar su pérdida; alimentos pagados por la anterior administración peronista.

 La utopía libertaria de ultraderecha ha buscado desmontar el estado de bienestar cuestionando principios que vienen del Siglo de las Luces, con el objetivo de dejar al estado unas competencias básicas, como la garantía del control del orden público para favorecer el sacrosanto principio del derecho de propiedad que se considera superior a los derechos humanos, y la generación de las condiciones para que el mercado funcione sin interferencia o carga de ninguna clase. 

 La ‘justicia social’, un concepto presente aunque con acepciones distintas ya sea en el marxismo, el liberalismo, el conservadurismo progresista, la socialdemocrácia o la democracia cristiana, ahora es calificado de ‘totalitario, confiscador, colectivista, que constriñe la capacidad de los afectados para salir de su situación». Hay que dejarlos morir, como afirma Milei, sin que los poderes públicos actúen, pues antes de perder la vida ya intentarán algo para sobrevivir. Se trata de uno de los mensajes más fríos, duros, clasistas y crueles escuchados nunca en un personaje público.

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