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El Plan Trump para Gaza supera en refinada crueldad a la brutal limpieza étnica de Ben Gurion en 1948

José García Abad

El propósito de Donald Trump de expulsar a los gazaties de Gaza convirtiendo la franja en un casino es el último grito en la técnica de la limpieza étnica que ni siquiera se hubiera atrevido el mismísimo Netanyahu que ha recibido la iniciativa del presidente USA con sorprendido alborozo.

Es de un cruel refinamiento que deja en el terreno de la brutalidad grosera con la que se produjo la expulsión de más de 750.000 palestinos, más de la mitad de la población árabe, cuando Israel obtiene la independencia en 1948. 

Trump actúa con una brutalidad que a su predecesor, Harry S. Truman, en el 48 le repugnó y exigió la repatriación de los expulsados como pedía la ONU y que fue denunciada por numerosos historiadores israelíes como Ilan Pappe o Yoav Gelber, profesores de historia de la Universidad de Haifa o G. Karmi y E. Cotran.

Provocando tifus

La propia historiografía hebrea acepta como comprobado que el gobierno israelí de Ben Gurión alentó la huida de palestinos por todos los medios, incluso prendiendo fuego a los campos de las aldeas o cortando el suministro de agua a los barrios. Las propiedades fueron saqueadas para evitar que los refugiados palestinos regresaran. 

David Ben Gurion

El SHAI, acrónimo de Sherut Yediot (Servicio de Información), establecido en 1940, cuando el Mandato Palestino del Reino Unido, en su informe de finales de junio de 1948 sobre las causas de la huida árabe de Palestina mencionó ‘la epidemia de tifus’ como ‘un factor que exacerbó la evacuación’ en ciertas áreas. 

‘Más que la enfermedad en sí fue el pánico inducido por los rumores de la propagación de la enfermedad en el área lo que fue un factor en la evacuación’, afirmó el informe. En su desglose sitio por sitio de la huida árabe, el informe mencionó ‘el acoso [por parte de la Haganá] y la epidemia de tifus’ como las causas del éxodo parcial de la población de Acre el 6 de mayo.’

Un crimen contra la humanidad

Amnistía Internacional calificó “el apartheid de Israel contra los palestinos” como “un sistema cruel de dominación y un crimen contra la humanidad”.

Como relata el historiador israelí Ilan Pappe, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Haifa, director del Instituto Emile Touma de Estudios Palestinos e Israelíes de Haifa en un artículo titulado: “Llamar a las cosas por su nombre: La limpieza étnica de Palestina de 1948”: “En siete meses, 531 aldeas fueron destruidas y 11 barrios urbanos vaciados. La expulsión masiva estuvo acompañada de masacres, violaciones y encarcelamiento de hombres (definidos como varones mayores de edad) en campos de trabajo durante períodos superiores a un año. 

Ilan Pappe

Todas estas características en el año 2006 sólo pueden atribuirse a la política de limpieza étnica, es decir, una política que, según la definición de la ONU, tiene como objetivo transformar una zona étnica mixta en un espacio étnico puro, donde todos los medios están justificados. 

Esta política está definida por el derecho internacional como un crimen contra la humanidad que el Departamento de Estado de Estados Unidos considera que sólo puede corregirse mediante la repatriación de todas las personas que se fueron o fueron expulsadas como resultado de las operaciones de limpieza étnica”.

Sostiene Pappe en su libro “La limpieza étnica de Palestina” que “la limpieza étnica es un crimen y quienes la perpetran son criminales. En 1948, la dirigencia del movimiento sionista, que se convirtió en el gobierno de Israel, cometió un crimen contra el pueblo palestino

En opinión de Drazen Petrovic, en su libro: ‘Limpieza étnica: un intento de metodología’, publicado en la Revista Europea de Derecho Internacional, “la limpieza étnica es una política bien definida que sigue un grupo determinado de personas para eliminar sistemáticamente a otro grupo de un territorio determinado por su origen religioso, étnico o nacional. 

Esta política implica violencia y muy a menudo está relacionada con operaciones militares. Debe llevarse a cabo por todos los medios posibles, desde la discriminación hasta el exterminio, y entraña violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario… 

La mayoría de los métodos de limpieza étnica constituyen graves violaciones de los Convenios de Ginebra de 1949 y los Protocolos adicionales de 1977.

En el nivel más general, la limpieza étnica puede entenderse como la expulsión forzada de una población “indeseable” de un territorio determinado como resultado de discriminación religiosa o étnica, consideraciones políticas, estratégicas o ideológicas, o una combinación de éstas”.

Un sueño para los dictadores

La limpieza étnica de Palestina debe quedar arraigada en nuestra memoria y conciencia como un crimen contra la humanidad y debe ser excluida de la lista de presuntos crímenes. La lista comienza con el líder del movimiento sionista, David Ben-Gurion, en cuya casa privada se discutieron y ultimaron todos los primeros y posteriores capítulos de la historia de la limpieza étnica. 

Benjamín Netanyahu, discípulo de Ben-Gurion trató de demostrar en su libro “Un lugar entre las naciones: Israel y el mundo” que los judíos no habían arrebatado la tierra a los árabes, sino que estos se la habían usurpado a los judíos. 

Netanyahu entiende las relaciones con los árabes como un conflicto permanente, como una lucha sin final entre las fuerzas de la luz y las de la oscuridad. Opina que el problema palestino no es un problema real, sino que ha sido creado artificialmente; que un compromiso con los palestinos no tiene sentido porque el objetivo de estos es la destrucción del Estado de Israel.

Una visión que parece compartir Trump quien le ha brindado a Netanyahu una solución que evita el escándalo del rosario de asesinatos palestinos y que proporciona una “solución final” al problema expulsándolos de su tierra que, contra lo que proclama el presidente norteamericano no puede ser voluntario, lo que no serviría para nada. 

Ha optado por el sueño húmedo de cualquier dictador: suprimir de un brochazo a sus adversarios.  Lo nunca soñado por Benjamín Netanyahu, Adolfo Hitler o Francisco Franco.

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