El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante los medios, en el Palacio de la Moncloa, a 29 de abril de 2025, en Madrid (España) después de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional y el Consejo de Ministros
Inmaculada Sánchez
¿Cuántas situaciones de crisis nacional sin precedentes le pueden suceder a un presidente de Gobierno? Pedro Sánchez lideraría probablemente el ranking si éste existiera. El gran apagón sufrido por España este lunes se suma a otros inéditos acontecimientos que le ha tocado gestionar como la pandemia, la erupción del volcán de La Palma, la nevada de Filomena o la crisis energética provocada por la guerra de Ucrania. Declaraciones de emergencia o de estado de alarma han pasado a formar parte del manual de Moncloa así como históricas declaraciones institucionales del presidente a los inquietos y asustados ciudadanos. También, para desgracia de todos, el torticero aprovechamiento de tales desastres como arma contra el Gobierno lleva tiempo instalado en la derecha. Y el apagón de esta semana no iba a ser menos.
Aunque unas primeras palabras de Alberto Núñez Feijóo tras el inesperado corte de suministro eléctrico en todo el país pudieron parecer cautas y colaborativas, inmediatamente la “exigencia de información” tomó las riendas del discurso del PP para, en pocas horas, virar hacia mensajes contra un “Gobierno incapaz y sobrepasado” y críticas a una “gestión ideológica” de nuestro sistema eléctrico.
En Vox no hubo titubeo alguno, desde el primer momento acusaron directamente al Ejecutivo de Sánchez de ser el culpable de la crisis.
La gestión de las horas siguientes al apagón solo han provocado, por el momento, ataques en cuanto a la rapidez y calidad de la información trasladada, ya que el suministro se restableció en un tiempo razonablemente aceptado, sobre todo por haberse producido durante las horas centrales del día y en un mes con amplio horario de luz solar. Ello no impidió que el lenguaraz Miguel Tellado acusara tranquilamente al Gobierno de haber dejado “abandonados” a los muchos pasajeros de tren que tuvieron que ser rescatados en mitad de sus trayectos o hacer noche en las estaciones.
Las críticas al gran apagón, sin embargo, presentan un recorrido mucho más largo y profundo. Exigible es, sin discusión, conocer lo antes posible las causas del suceso para abordar las reformas necesarias en el sistema y evitar que se repita, como también controlar que nadie esconda sus responsabilidades, incluido el Gobierno en lo que le toque respecto a la política energética. Para el PP, que ha respirado aliviado de poder atribuir, otra vez, a Sánchez las culpas de un suceso inesperado, la apuesta de su Gobierno por las energías renovables o la elección de una exministra como Beatriz Corredor para presidir Red Eléctrica están ya, investigaciones técnicas aparte, en el origen del problema.
El presidente, avezado en calamidades y en la habitual respuesta del PP, también se ha apresurado a parapetarse. Después de anunciar diversas investigaciones, internas y externas, para averiguar lo sucedido citó expresamente a los “operadores privados” y sus posibles responsabilidades, y los convocó a una reunión urgente en Moncloa con foto incluida que da buena cuenta, en los rostros de los presentes, del tenso ambiente que se vivió. También ha optado por distanciarse en cierta medida de Red Eléctrica, pese a que el Estado es el principal accionista y su presidenta, propuesta del Gabinete, al no descartar ninguna posibilidad sobre el origen del problema después de que la compañía negase tajantemente cualquier ciberataque.
Las espadas están en alto. La alarma creada por un apagón de semejantes dimensiones y la posibilidad de que pudiera repetirse ha colocado la crisis en primera línea de las prioridades tanto del Gobierno como de la oposición. También los socios parlamentarios de Moncloa han pedido explicaciones y la semana próxima el presidente las dará en el Congreso.
Feijóo, que lleva seis meses cargando con el lastre de Carlos Mazón y su nefasta gestión de la Dana, ha visto un cabo al que agarrarse con la insólita crisis eléctrica. Varios presidentes autonómicos del PP, entre ellos Madrid y la Comunidad Valenciana, pidieron rápidamente el nivel 3 de emergencia para que fuera el Gobierno de la nación quien asumiera el mando de la situación y no haya duda alguna de a quién señalar con el dedo. También el apagón evitó que el líder del PP se tuviera que hacer la incómoda foto con el presidente valenciano en la inauguración del congreso de su colegas europeos convocado esta semana en la capital del Turia. La preocupación y dedicación al suceso modificó ‘naturalmente’ las agendas de ambos para que no se tuvieran que cruzar. Muy oportuno.
No habrá que recordar las veces que el PP votó en contra del estado de alarma durante una emergencia como la de la pandemia, infinitamente más grave que la del pasado lunes, y que incluso la recurrió ante el Tribunal Constitucional, para imaginar la batalla que se avecina. Como tampoco es necesario señalar el calibre de las grandes eléctricas como posible rival en las investigaciones, y el historial de enfrentamientos que el Gobierno acumula ya con ellas, para definir a este apagón como otra de las grandes crisis a las que Sánchez habrá de hacer frente con sus mejores armas.

