Escrito por 5:22 pm Casa Real, Dossier

El rey Juan Carlos campeón en el arte de ocultar fortunas

Por José García Abad 

18 de enero de 2024

El rey Juan Carlos puede aspirar al reconocimiento universal como campeón del arte de ocultar fortunas. La suya es un secreto al que solo nos podemos aproximar por algunas indiscreciones de gente de su entorno. Manglano, jefe de los espías, apunta lo que le confía Puig de la Bellacasa en un almuerzo al regreso de este de Mallorca: que el rey tiene 5.000 millones en Suiza que es la cifra que le atribuye el jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo.  

Las agencias dedicadas a este servicio, como la Lucum o Zagatka, son una antigualla. Juan Carlos utilizó el sistema británico “trust” y ahora Jaime del Burgo ha informado del último grito que es valerse de sus hijos para ocultarlo. 

Las fundaciones tipo Lucum son arriesgadas, con agujeros para filtraciones y propensas a investigaciones fiscales como se mostró con el caso de los 100 millones de dólares camuflados para ocultar el dinero entregado A Don Juan Carlos por el rey Abdalá bin Abdelaziz de Arabia Saudí.

“Cuando ingresan en la banca suiza Mirabau los célebres cien millones de dólares – me explica José Antonio Martín-Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo, abogado de Lifeabogados, y miembro de la Comisión Internacional de Juristas (Ginebra) –  el banco les dice: “Lo siento mucho, señores, pero tenemos que saber de donde procede ese dinero”. Los enviados de Juan Carlos, Arturo Fasana junto a Antoine Boisser aclaran: “Es una transferencia que procede del Ministerio de Finanzas de Arabia Saudita destinada a la sociedad panameña Lucum”. 

El empleado del banco necesita saber quiénes son los beneficiarios de Lucum, a lo que Arturo Fasana indica que son: como primer beneficiario Juan Carlos I, y Felipe VI como segundo. El bancario insiste: “Tenemos que saber también la causa de la transferencia”. Fasana aclara con cierta chulería: “Pues ponga: “Donativo del rey de Arabia Saudita de acuerdo con las costumbres de ese reino con los jefes de Estado amigos”. 

Tales explicaciones que divirtieron al rey cuando su mensajero se lo explicó partiéndose de risa no convencieron al fiscal jefe de Ginebra, Yves Bertossa, que investigó a Yves Mirabaud, presidente del banco Mirabaud & Cie por incumplir el deber de informar de esta operación sospechosa del rey emérito. 

Quedó claro que el banco sabía quienes eran los titulares de la cuenta, pero se ampararon en alegar que desconocían que podían considerar al rey Juan Carlos dentro del grupo PEP, los Personajes Expuestos Políticamente expuestos. Al rey se le ocurrió la idea de aparcar ese dinero en las pecadoras manos de Corinna Larsen, que esta se negaría a devolver argumentando que el monarca se lo había dado por amor.  

La Fiscalía insinúa 

La Fiscalía insinúa que pudo haber comisiones y un posible delito de corrupción derivado de la forma en que se produjo la adjudicación, en octubre de 2011, de las obras de la denominada Fase II de la construcción de la línea de ferrocarril de alta velocidad que une las ciudades de Medina y La Meca, en Arabia Saudí, al consorcio Al-Shoula, formado por doce empresas españolas y dos saudíes. Sin embargo, entiende que en ningún caso los cien millones de dólares (64.884.405 de euros) ingresados por el entonces rey de Arabia Saudí “en la cuenta de la Fundación LUCUM de la que S.M. D. Juan Carlos de Borbón sería su verdadero titular” (Fiscalía dixit) tienen que ver con posibles comisiones pagadas por las empresas concesionarias.

El escondite inglés

Martín Pallín me explicaba cómo, para resguardarse de indiscretas investigaciones, los asesores del rey honorífico utilizaron entre otros instrumentos la fórmula del derecho anglosajón conocida como trust.

Este artefacto financiero no presenta excesivas complicaciones. Se crea un patrimonio separado, en este caso una cantidad en metálico, que se ingresa en un banco; se administra por unos gestores y existen unos beneficiarios a los que se destinan las cantidades depositadas. 

Para desentrañar la madeja de los sucesivos fondos que pasan de mano en mano tendremos que remontarnos al periodo comprendido entre los años 50 y 70, según el informe del Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias (SEPBLAC).

En los años 50, Juan Carlos de Borbón ya había iniciado sus estudios en España en virtud de un acuerdo entre su padre, don Juan de Borbón, y Franco, en una reunión celebrada el 25 de agosto de 1948. Entre los años 50 y 70, comienza a constituirse un fondo para asegurar a Juan Carlos un respaldo económico ante las vicisitudes políticas que pudieran derivarse de su inestable condición política como sucesor del dictador. La hucha de solidaridad monárquica, denominada “Nadine Limited”, administrada por Manolo Prado y Colón de Carvajal, que se convirtió en el administrador privado de Don Juan Carlos acumuló cantidades cuya cuantía se desconoce. 

Esta operación, en principio, no tiene naturaleza delictiva. Sin embargo, tiempo después se intenta justificar la entrega de 80 millones de dólares americanos al señor Prado y Colón de Carvajal, en concepto de “pagos de guerra”. La procedencia es tan sospechosa y repugnante que merecía la pena haber agotado la investigación sobre esta cuestión.  Martín Pallín se pregunta: “¿Podría tratarse de tráfico de armas?”.

The Joaquín Romero Maura

Las investigaciones del SEPBLAC se centran en la constitución de un trust denominado “The JRM (Joaquín Romero Maura) 2004 Trusts”al que, como los ríos que van a dar a la mar, se vierten una serie de cantidades procedentes de otros trusts anteriores.

Fue constituido en Jersey, el 9 de marzo de 2004, por D. Joaquín Romero Maura, historiador de nacionalidad española, nacido en Niza, profesor en Oxford y nieto del político Miguel Maura. Los fondos iniciales del trust ascendieron a 14.923.604 euros (dos millones de euros de una aportación inicial y otra adicional de 12.923.604 euros) y se depositaron en Barclays. 

El administrador Romero Maura fue clasificado por el banco como persona expuesta políticamente (PEP) en atención a su perfil de riesgo, fundamentalmente al ser próximo a una “importante figura política española”Según los analistas financieros de Barclays, en 2004 la situación política en España era estable: el heredero, hoy rey Felipe VI, acababa de contraer matrimonio, la monarquía gozaba de prestigio y el conocimiento público de la existencia de los trusts y la presencia en ellos de D. Manuel de Prado y Colón de Carvajal no sorprendió a nadie.

Simeón de Bulgaria

Una de las cantidades que se ingresan en este fondo procedía de una aportación de 9 millones de dólares realizada por Simeón de Bulgaria, que, a su vez, tenía su origen en una serie de inversiones financieras en la banca J.P. Morgan en Suiza. A juicio de los investigadores, diversos indicios apuntan a que el exjefe del Estado español era el propietario último de esos fondos. 

Simeón de Bulgaria contrajo matrimonio en 1962 con Margarita Gómez-Acebo, y la infanta Pilar, hermana de Juan Carlos, se casó el 5 de mayo de 1967 con Luis Gómez-Acebo. Es sobradamente conocido que los Gómez-Acebo eran los mayores accionistas de la entidad financiera Banesto, que a su vez tenía relaciones estrechas con JP Morgan. 

En caso del cese en la jefatura del Estado

Según un informe del Ministerio Fiscal en el fondo JRM 2004 Trust aparece un llamado tercer beneficiario cuyas señas de identidad son fácilmente identificables. Se trata de un “beneficiario contingente”. El señor Romero Maura condiciona la entrega de cantidades del fondo al “tercer beneficiario” al hecho de que ocurran ciertos acontecimientos improbables, en circunstancias que califica de “tiempos problemáticos”. Sería la persona o personas que hubieran cesado en la Jefatura del Estado de España, a causa de un golpe anticonstitucional u otra similar circunstancia inhabilitante. 

Aclara que la expresión Head of State debe interpretarse ampliamente, incluyendo no sólo al monarca sino a otros servidores públicos reconocidos en ese momento por “una Constitución liberal democrática”. No era necesario que esa persona hubiera sido literalmente destronada, derrocada, depuesta o exiliada. Bastaría que le ocasionara una pérdida de estatus implícita en los acuerdos que hubieren sido aceptados en aras de la armonía civil. ¿Se estaría refiriendo a la abdicación?

El tercer hombre

Todo suena muy inglés, muy sutil. Romero Maura pide a los gestores del fondo que, cuando se tenga que hacer efectivo el dinero del trust, le asesoren para determinar la identidad y condición del “tercer beneficiario”. ¿Deverdad necesitaba ayuda?Para despejar tan enrevesada duda, el trust podría consultar con los editores de los cinco principales periódicos del Reino Unido. Durante mucho tiempo, nosotros hemos estado en la inopia. Pero vayamos al grano. El señor Romero Maura manifiesta igualmente su deseo de que los trustees “reserven 10 millones de dólares estadounidenses para el caso de que se llegue a designar a este llamado tercer beneficiario”Por fin, las cosas claras. 

Por si alguien decidiera atar cabos, otro de los responsables del fondo aclara que este generoso depósito nada tiene que ver con el regalo de 100 millones de dólares regalados por el rey de Arabia, ni con los fondos Torres Kio. Según el informe de la Fiscalía, más allá de la procedencia de los fondos del JRM 2004 Trust, “que tienen una indudable conexión con quien fuera Jefe del Estado español”, lo relevante a los efectos de esta investigación penal es determinar si desde que se constituyó dicho trust en 2004, y especialmente desde junio de 2014 (fecha de la abdicación), es posible establecer alguna vinculación entre los fondos del mismo y Juan Carlos de Borbón.

No se ha profundizado en la investigación

En todo caso, las conclusiones de la Fiscalía destruyen el prestigio y la valoración, en el concepto público, de la persona del que fuera jefe del Estado, en su condición de rey de España, durante el desempeño de su cargo. 

En opinión de Martín-Pallín, no se ha profundizado suficientemente en la investigación. Había muchos más cabos de los que tirar. Es posible que no nos llevasen a buen fin desde el punto de vista de la construcción de una sólida acusación penal. 

El último servicio para blindar la irresponsabilidad e impunidad de Juan Carlos de Borbón lo presta la Agencia Tributaria, al dictaminar que las prebendas procedentes de JRM 2004 Trust, con posterioridad a la abdicación, lo han sido en unas cuantías que, en ningún caso, alcanzarían la cuota correspondiente a un delito contra la Hacienda Pública, aun cuando tales fondos hubieran sido eventualmente entregados a un contribuyente español. ¿La Agencia Tributaria hubiera procedido de igual manera si se tratase de cualquier otro ciudadano español?, se pregunta Pallín y deja la respuesta en nuestras manos de contribuyentes.

La extraña fundación Zagatka

Otro aspecto de especial relevancia política y económica se desprende de las actividades de la Fundación Zagatka, constituida en octubre de 2003 en Vaduz (Liechtenstein) por Álvaro de Orleans-Borbón. El objeto social, según sus Estatutos, era la inversión y gestión de bienes inmuebles de todo tipo, la tenencia de participaciones y otros derechos, además de “realizar aportaciones a los beneficiarios designados por el Consejo de la Fundación”. 

Así lo ha declarado públicamente Álvaro de Orleans, primo lejano del rey emérito. Como apunta la Fiscalía, según el reglamento de la Fundación, “son beneficiarios D. Juan Carlos de Borbón, así como sus hijos, Felipe, Elena y Cristina”. 

Se desconoce el origen de los fondos de esta extraña Fundación de la que ni la Fiscalía del Cantón de Ginebra ni la nuestra han podido averiguar su procedencia y cuantía.  Sin embargo, a partir de la fecha de la abdicación del rey Juan Carlos, aparecen detallados minuciosamente los pagos realizados por los viajes de este en jets privados. El importe de los viajes realizados desde 2014 hasta 2018 alcanza la suma de 7.706.817 de euros.  Existen otros gastos, entre ellos el pago de una atención médica en una clínica de la  Sociedad de Medicina Antiaging y Longevidad Saludable.

Se puede sospechar  que los pagos a la compañía aérea y a otras entidades, desde 2003 hasta 2014, fueron cuantiosos.  La Fundación se ha negado a facilitar los datos, basándose en el derecho a la intimidad. 

De todos los trapicheos del monarca, minuciosamente relatados en los informes de la Fiscalía, el emérito se ha librado de rendir cuentas gracias a la ayuda de la Agencia Tributaria y a la holgada interpretación del sistema legal de regularización fiscal, realizada por la fiscalía general del Estado. Las investigaciones realizadas no están judicialmente cerradas. Solo la Sala Penal del Tribunal Supremo puede decidir si el cierre de las investigaciones es definitivo o si se van a poner en marcha los resortes del Estado de derecho.

Las acusaciones de Jaime del Burgo

Según Jaime del Burgo Azpiroz, exmarido de Telma Ortiz, hermana de la reina Letizia; hijo de Jaime Ignacio del Burgo Tajadura, primer presidente democrático de la Diputación Foral de Navarra; y nieto del político carlista Jaime del Burgo Torres, el rey emérito no habría abandonado España tras salir a la luz algunas de sus irregularidades sino que su salida estaría directamente relacionada con su gran fortuna. Una cuantiosa cantidad de dinero que, tras su fallecimiento, recaería en manos de las infantas y sus respectivos hijos. 

Jaime del Burgo ha asegurado que el emérito y Cristina estarían «utilizando» a los hermanos Urdangarin para «blanquear» dos mil millones de euros. Cantidad de dinero que le correspondería de su herencia. 

Pide que Juan Carlos regrese a nuestro país para que no le siga ocultando a los españoles y a la Hacienda la billonaria fortuna que va a dejar en herencia. Si no la ha transmitido ya vía donación. Sostiene que al rey emérito no lo ha exiliado Felipe, sino que ha huido con la complicidad de la familia y del Gobierno. Revela que otros miembros de la Casa Real también tienen su residencia fiscal fuera de España, en países no sujetos a tributación por herencia o sucesión. Recuerda que doña Cristina desde hace años tiene fijada su residencia en Ginebra. 

Close