Inmaculada Sánchez
El 41º congreso federal del PSOE de este fin de semana consagrará al sanchismo como único faro de los socialistas, aunque lleguen a él con más problemas de los esperados: Ábalos, Koldo, Aldama, el juez del caso Begoña y, a las puertas del conclave, la inesperada ‘crisis Lobato’. Pese a todo, Sánchez exhibirá ante sus compañeros recientes triunfos: Ribera, como flamante número dos de la Comisión Europea y la imposible reforma fiscal, resuelta con los socios. Hay agua para atravesar la legislatura y ahora queda terminar de poblar de sanchistas al vasto PSOE, empezando por Madrid.
Ni boicot europeo ni moción de censura: Alberto Núñez Feijóo continúa igual de solo tanto en el Congreso de los Diputados español como en el europarlamento de Estrasburgo. Aunque Manfred Weber le concedió un caramelito la semana pasada retrasando la elección de Teresa Ribera como vicepresidenta de Von der Leyen, este miércoles los eurodiputados del PP se han quedado aislados votando, con la ultraderecha, en contra de la Comisión más derechizada y con más miembros de su familia política de la reciente historia.
De igual manera, el inicial entusiasmo de Feijóo tras las explosivas declaraciones de Víctor de Aldama ante el juez, relacionando a Santos Cerdán o al mismo presidente con la trama corrupta del caso Koldo, se topó enseguida con la displicencia de los aliados parlamentarios de Sánchez.
Su mano tendida a presentar una moción de censura, dado el calibre de las acusaciones, hubo de retirarse congelada al comprobar que ese mismo día tanto Junts como Podemos y tanto el PNV como EH Bildu o ERC votaban con el Gobierno una reforma fiscal que parecía inviable y con la que se allana el camino a la negociación de los Presupuestos. A los intereses de cada cual, aunque encontrados y divergentes, les sigue saliendo más a cuenta un gobierno como el actual que otro posible del PP con Vox. En Moncloa ven agua en la piscina, aunque esté removida o turbia, para encarar la legislatura.
El congreso federal adelantado por Sánchez para activar recambios en los territorios menos afines, se presentaba, por su parte, tranquilo y sin grandes estridencias pero la siempre explosiva federación madrileña le ha puesto la pimienta. Su secretario general, Juan Lobato, ha acelerado, sin pretenderlo, su pretendido relevo por parte de Moncloa al descubrirse un insólito acto de deslealtad contra su propio partido al que osó declararse en abierta rebelión.
La forzada dimisión del ya ex líder madrileño, además de tranquilizar a Ferraz, va a servir para magnificar la actual hegemonía de los más fieles a Sánchez dentro del PSOE. Si los detectados movimientos de Moncloa para sustituir a Juan Lobato por Oscar López al frente del PSOE-M desde hace semanas podrían haber encontrado cierta resistencia en las futuras primarias, la súbita crisis desatada por el madrileño le ha puesto en bandeja de plata al ministro de Transición Digital el aterrizaje en su despacho.
Sosegada y postergada la crisis del PSOE-M, pocas incertidumbres quedan para un congreso en el que Maria Jesús Montero y Santos Cerdán mantendrán sus puestos como números dos y tres del PSOE y en el que la ministra de Hacienda trazará alguna línea añadida a su perfil de posible sucesora.
Sánchez pretende también incorporar algunos nombres a la cabina de mando del partido que habrá que escrutar cuando se conozcan, pero sus últimas decisiones en los relevos de Nadia Calviño o Teresa Ribera para el Gobierno, con sustitutos ‘naturales’ dentro de sus equipos y perfiles técnicos como Carlos Cuerpo o Sara Aagesen, apuntan a que el presidente prefiere no arriesgar en estos complejos momentos y ha decidido apostar por la estabilidad. Aunque el líder socialista siempre se reserva su espacio para las sorpresas y habrá que esperar a la clausura del congreso para analizar su resultado.

