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ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS. LA ECONOMÍA JUEGA A FAVOR DE AMBOS CANDIDATOS PERO NO TANTO DE SUS SOCIOS INTERNACIONALES 

En el contexto actual, y en caso de que una de las administraciones consiguiera controlar ambas cámaras, se encontraría con la capacidad limitada para implementar medidas económicas por la debilidad de las cuentas públicas y la madurez del ciclo. 

Rafael Ordovas Gómez-Jordana. Eurocofin

El 5 de noviembre se celebrarán en Estados Unidos los comicios presidenciales, y también se someterá a votación la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. 

Las últimas encuestas mantienen la balanza equilibrada, dejando las expectativas de victoria entre ambos candidatos muy igualadas con un pequeño diferencial de 2 puntos porcentuales a favor de Harris según el Real Clear Politics (publicación que realiza un promedio de los resultados de las principales encuestas publicadas).

National RCP AVERAGE: 49.2 Harris (+2.2) Trump 47.0

 RCP Electoral College Map: 219 Trump, 104, Harris 215

El mandato del Gobierno se limita en gran medida al brazo legislativo, disponiendo de menor margen cuando el poder de los partidos se reparte entre el Gobierno y el Congreso.

En el contexto actual, y en caso de que una de las administraciones consiguiera controlar ambas cámaras, se encontraría con la capacidad limitada para implementar medidas económicas por la debilidad de las cuentas públicas y la madurez del ciclo. 

La economía juega a favor de los dos candidatos, pero no tanto de sus socios internacionales

Trump asumió la presidencia en 2016 con una deuda del 76% sobre el PIB y un déficit de tan solo 2,9%, muy por debajo del 99% actual de deuda sobre el PIB y de un déficit del 7%. 

Además, el candidato electo tendría que gestionar otro gran desafío, la madurez de un ciclo económico que ha registrado ya su primera bajada de tipos de interés mientras que, en 2016 el ciclo político de entonces coincidía con el comienzo de las subidas.

Por otra parte, los dos candidatos se encuentran con que el efecto riqueza sigue empujando la propensión a consumir de los hogares norteamericanos, y si bien ya se ha consumido la totalidad del ahorro acumulado a lo largo de la pandemia (no es el caso en Europa), el efecto riqueza seguirá favoreciendo al consumo en los próximos trimestres. 

El buen comportamiento de la bolsa junto con un mercado inmobiliario cuyos precios no se han visto especialmente afectados como en anteriores ciclos de subidas de tipos de interés, hace que la riqueza de los hogares se haya elevado hasta un +40% tras la pandemia.

Además, destaca especialmente la relevancia que ha tomado la renta variable en los activos agregados de los hogares, suponiendo actualmente el 42%, más del doble de la proporción de hace 15 años.

Así, las previsiones para Estados Unidos son:

  • PIB:2024: +2.6% (anteriormente +2.2%) /2025: +1.3% (sin cambios)

Una ralentización en los niveles de consumo privado por la debilidad del mercado laboral y las condiciones de financiación aún en territorio restrictivo.

Un deterioro en los principales indicadores de la actividad económica (ISM, Beige Book, NFIB).

  •                  Inflación: tendencia decreciente:2.3% en 4Q24 y <2% en 2025

Una menor presión sobre precios en bienes de consumo y servicios y una moderación de la demanda privada (reducción de los niveles de ahorro).

Riesgos: presiones inflacionistas temporales por la huelga de trabajadores portuarios en la Costa Este y Golfo de Méjico.

Por tanto, la economía norteamericana aborda en estos momentos previos a las elecciones una situación de tipos reales relativamente bajos. Los tipos de interés reales no son muy elevados en términos históricos, un 2,7%, casi la mitad del promedio histórico del 5,3% al que comenzaron a recortarse los tipos en ciclos anteriores.

Una demanda todavía consistente y un mercado laboral todavía robusto, porque si bien el consenso estima una subida de la tasa de paro al 4,3% en octubre, en la medida en que el desempleo es menor que la tasa natural de paro, se generan salarios reales más elevados, las empresas incrementan su inversión y se genera una mayor productividad.

En este contexto, los dos asuntos económicos de la campaña electoral giran en torno a la reforma tributaria y la política de comercio exterior. 

Reforma tributaria

Al analizar las medidas adoptadas en el pasado por cada partido, se constata que los impuestos tienen un mayor impacto a nivel interno, mientras que las intervenciones comerciales afectan en mayor medida al exterior, siendo este último más interesante para la opinión pública internacional que relevante para los Estados Unidos. 

Los impuestos son importantes para la bolsa. En 2018, durante el mandato de Trump, el Gobierno rebajó el tipo impositivo máximo a las sociedades mediante el Tax Cuts & Jobs Act (TCJA). Al tratarse del porcentaje en el tramo alto, supuso una ventaja fiscal significativa para las grandes compañías, cuyo tipo efectivo –proporción de impuestos pagados sobre beneficios– cayó desde un 30,6% a 20,1% de un año a otro. 

Para el promedio de compañías estadounidenses, el impacto fue más comedido al presentar una rebaja en el tipo efectivo del 14,2% a 13,2% en el lapso de un año.

Durante la administración de Biden, el Inflation Reduction Act (IRA, 2022) introdujo un aumento de los impuestos: subió el tipo impositivo mínimo de 0% a 15% a las grandes empresas y añadió un impuesto de 1% sobre determinadas recompras de acciones, aunque las compañías cotizadas apenas experimentaron variaciones en su tipo efectivo.

El programa demócrata de 2024 propone elevar la tributación a las grandes empresas y las personas físicas con altos ingresos (>400.000 $) e implementar ayudas a las familias (subsidio de 6.000 $ por recién nacido), a nuevos compradores de vivienda y beneficiar a las “startups” mediante deducciones de hasta 50.000 dólares.

Respecto a las tasas impositivas sobre las sociedades, Harris plantea aumentar la recaudación mediante una subida del tipo máximo a un 28% –todavía inferior al 35% previo a la reforma de Trump– e incrementar el tipo impositivo mínimo introducido en el IRA del 15% al 21%. Asimismo, sugiere que el impuesto especial sobre la recompra de acciones pase de 1% a 4%.

Por su parte, Trump propone extender los recortes de impuestos del TCJA –expirarán a finales de 2025–, así como eliminar la tributación sobre las propinas y los beneficios de la Seguridad Social. En cuanto al tipo de sociedades, plantea rebajar el tipo máximo como ya hizo en 2018 desde 21% a 20% y hasta 15% para las compañías que produzcan en EE.UU.

Trump y su beligerancia comercial

En relación con el comercio exterior, Trump ha anunciado su intención de implementar aranceles del 10 al 20% a todas las importaciones, alcanzando hasta un 60% específicamente sobre los productos provenientes de China. 

Este planteamiento proteccionista no es una estrategia nueva en su mandato. En 2018, desató una guerra comercial contra China y los aranceles estadounidenses sobre bienes chinos se multiplicaron por 6 veces, desde un 3,1% a un 19,3%. 

Los aranceles sobre China se multiplicaron por 6

Por su parte China tomó represalias con una intensificación arancelaria de un 8% a un 21,1% sobre EE.UU., y, sin embargo, rebajó las tarifas al resto del mundo (del 8% al 6,5%).

La proporción de comercio afectado por el alza de gravámenes alcanzó casi dos tercios de los intercambios entre ambas naciones.

Asimismo, la política arancelaria de Trump se extendió a otros países. En 2018, la administración republicana también impuso tarifas del 25% al hierro y del 10% al aluminio procedentes de otros socios comerciales como la Unión Europea, Canadá y México. Los países en cuestión reaccionaron mediante la inclusión de tasas arancelarias adicionales y denuncias al país norteamericano ante la Organización Mundial del Comercio.

La llegada de Biden a la presidencia no ha significado un cambio drástico en política comercial con China. Además de mantener las medidas de su predecesor, también implementó un nuevo paquete de aranceles dirigidos hacia el gigante asiático: un 100% sobre vehículos eléctricos, 50% sobre células fotovoltaicas y 25% sobre baterías de litio, entre muchos otros. 

Incluso es muy posible que se decida la prohibición de vehículos que cuenten con conexión a internet y que estén equipados con software o hardware de origen chino, bajo el argumento de que representan un riesgo para la seguridad nacional. 

Sin embargo, Biden ha mostrado una actitud más cooperativa con la Unión Europea, y ha sustituido los aranceles sobre los metales por un sistema de cuotas que, aunque no elimina por completo las restricciones comerciales, sí representa un enfoque menos severo.

Los legisladores norteamericanos han podido implantar estas medidas, porque la dependencia de la economía estadounidense con el exterior es limitada –las exportaciones representan tan solo el 10,9% de su PIB–. 

Coeficiente de Apertura Externa (exportaciones + importaciones totales sobre PIB)

De este modo, una política más proteccionista afectaría más a los socios comerciales que a su propia economía. 

Por proximidad geográfica, México y Canadá son los más expuestos a EE.UU., puesto que más del 70% de sus exportaciones totales están destinadas a este país.  En cuanto a las relaciones comerciales de Europa y China con Estados Unidos, son más moderadas. En el caso de la Unión Europea, el país norteamericano es el principal socio comercial extracomunitario, absorbiendo aproximadamente un 20% de sus exportaciones totales. 

Ante este escenario, una potencial presidencia de Trump sugeriría un deterioro en las relaciones comerciales tanto con China como con la Unión Europea. Por otro lado, en el supuesto de una administración liderada por Harris, y sin una declaración explícita al respecto, se mantendría la política vigente, lo cual continuaría favoreciendo el acercamiento con Europa.

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