Escrito por 10:40 am Cultura

EMBORRACHARSE NO ES TAN MALO COMO ALGUNOS CREEN

COMO BEBIMOS, BAILAMOS Y TROPEZAMOS EN NUESTRO CAMINO HACIA LA CIVILIZACION
BORRACHOS
Edward Slingerland
Ediciones Deusto
Traducción de Verónica Puertollano

por Ignacio Vasallo

El profesor de filosofía de la Universidad de British Columbia (Canadá) se dedicó durante la pandemia a escribir este libro, aunque quizás escribirlo fuera la parte más fácil, una vez asimilada la imposible bibliografía consultada que ocupa casi 50 páginas, unas 350 referencias entre libros y ensayos de arqueología, historia, neurociencia cognitiva, sociología, psicología social, genética y literatura, todos con el denominador común del alcohol. Para superar esta inmensa obra va a hacer falta una pandemia que obligue a un encierro aún más largo.

 La conclusión que sacó de sus meses de reclusión es que el “zoom “no puede sustituir a los viajes de negocios, porque los interlocutores no consiguen establecer esos lazos de confianza que solo se afianzan a lo largo de unas cuantas comidas o cenas bien regadas, porque la intoxicación no solo alivia el estrés y mejora la creatividad, sino que ayuda a generar confianza y a cooperar con extraños.

Sin intoxicación no tendríamos civilización. El deseo de emborracharse del ser humano ha producido no solo beneficios individuales -el placer- sino también sociales que jugaron un importante papel en el desarrollo de nuestro sistema social.

Es bien conocido que el consumo rutinario de un veneno psicoactivo es una de las obsesiones de nuestra especie, pero sus beneficios no han sido entendidos por los poderes públicos que si han regulado su uso o prohibición o por los expertos en salud pública que se han centrado en los aspectos negativos: es una droga que puede ser letal, mala para la salud y destructiva socialmente porque puede impulsar al crimen, especialmente al de carácter sexual.

Solo mirando al alcohol a través de la lente de la evolución podemos plantearnos un debate serio sobre sus costes y beneficios.

Hay explicaciones tradicionales como que el alcohol se apropió de un rincón de nuestro cerebro o que es un error de la evolución, que pudo haber sido beneficioso para nuestros antepasados pero que hoy es negativo en un mundo lleno de alcohol barato. El cambio se produce cuando pasamos de consumir el alcohol resultado de la fermentación del azúcar de las frutas al producido por la destilación.

Los humanos habrían empezado a realizar esa fermentación para obtener la cerveza antes incluso que a moler el grano para producir pan y desde entonces ha sido uno de los principales factores de cohesión social. En todas las culturas- incluso en la musulmana- ha jugado un importante papel en la cohesión social.  En algunos casos, como en el de las sociedades vikingas ocupó un lugar central en su ideario. No podía haber una fiesta, un evento, la firma de un tratado o cualquier acuerdo por minúsculo que fuera o, sobre todo, una boda, durante la cual dos” tribus” sin lazos previos tienen que hacer el esfuerzo de compartir algo de la otra, sin que estuviera debidamente acompañada de ingentes cantidades de alcohol. Ya se sabe : “ in vino veritas”. Con el paso de los siglos las cosas no parecen haber cambiado mucho.

Por supuesto algunos gobiernos han tratado de prohibir su consumo, ya en la antigua China; en Estados Unidos con la ley seca, o controlarlo mediante el monopolio y racionamiento de su venta en los países nórdicos, desde los años 20 a los años 50 de pasado siglo, pero todos los intentos han fracasado.

La droga más popular del mundo ha sido una inspiración para seres deprimidos, gente jovial políticos y poetas, entre otros, pero en cada ocasión aparece la dualidad entre el racional Apolo, el más amado de todos los dioses,  el adulto, siempre en perfecto orden de revista y Dionisio, Baco para los romanos, el eterno adolescente que a veces es capaz de ofrecer soluciones imaginativas a problemas que su némesis es incapaz de solventar.

Suponemos que el profesor Slingerland   se ha inspirado en Dionisio para escribir al menos una parte de su obra al que le dedica una verdadera carta de amor, pero la realidad es que Dionisio puede ser el amante perfecto pero la pareja estable tiene que ser Apolonia.

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